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Internacional

La felicidad del izquierdista Gregorio Morán porque su hijo se casara con una nieta del protomartir Calvo Sotelo

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La muerte de Gregorio Mor�n, a los 79 a�os, ha dejado hu�rfanos a miles de lectores que le siguieron en todos los medios que recal� tras la salida de La Vanguardia. Siempre estuvo en el lado correcto. Como otros muchos, el periodista se afili� al Partido Comunista porque era sin�nimo de lucha contra la dictadura. Nacido en Oviedo, estudi� en los dominicos hasta que, en 1965, se traslad� a Madrid para formarse como director de escena. Para un joven inquieto como �l no fue dif�cil prendarse del comunismo tras asistir a los debates en el Pozo del T�o Raimundo, donde comenz� a frecuentar los c�rculos obreristas.

Se integr� entonces en el PCE y colabor� en Mundo Obrero. En 1968, como muchos otros, se march� a Par�s, donde frecuent� los c�rculos espa�oles. Fue all� donde empez� a perge�ar Miseria y grandeza del Partido Comunista de Espa�a (1939-1985), que se reeditar�a en 2017. La publicaci�n le cost� que Santiago Carrillo, �ni m�s ni menos!, le llamara traidor.

Para saber m�s

A Par�s se ir�a con Montserrat Galcer�n, una camarada comunista de Barcelona que ser�a la madre de sus tres hijos. Con ella no solo compartir�a militancia, sino tambi�n inquietudes. Licenciada en Filosof�a, ambos viv�an en un peque�o piso en Tetu�n, distrito del que ella ser�a concejal en 2015, cuando Manuela Carmena desembarc� en el Ayuntamiento de Madrid con Podemos. Antes hab�a ocupado la c�tedra de Filosof�a en Madrid. Contaba Iglesias en un reportaje que, durante su etapa en la universidad, Galcer�n ejerci� de portavoz de los docentes en varias protestas. En una entrevista relacionada con los recortes en las aulas, se quejaba de que sus tres hijos “est�n en una situaci�n muy precaria” y de que ella tambi�n se ve�a afectada.

“Empiezo a ser mayor y me afectan las jubilaciones y los descuentos y todo eso…”. En aquella �poca la oposici�n le puso el sobrenombre de concejal okupa y de rentista. Se deb�a a su apoyo a los colectivos del Patio Maravillas y a que, seg�n la declaraci�n que hizo al entrar en pol�tica, ten�a dos propiedades en Madrid y otras tres en Catalu�a.

Decepciones

Pero en 1975, cuando volvieron de Par�s, ni Mor�n ni Galcer�n ten�an demasiados recursos. De hecho, cuentan quienes le conocieron que unas amigas les dieron 750.000 pesetas de la �poca (4.500 euros descontando la inflaci�n) hasta que el periodista public� su biograf�a de Adolfo Su�rez, un �xito que marc� su despegue como periodista y escritor. Despu�s lleg� su ensayo fundamental sobre el Partido Comunista. Cuenta Gabriel Albiac que Mor�n hab�a tenido acceso a los archivos del PCE, apenas llegados del Este. “En cajas, todav�a sin desempaquetar ni clasificar, hab�an sido puestos bajo la tutela del precario centro de estudios que el partido hab�a instalado en la madrile�a calle Alameda y cuyo control ejerc�a uno de los m�s fascinantes personajes de la clandestinidad comunista: Domingo Malag�n, el humilde artesano que hab�a falsificado, durante decenios, la documentaci�n de los clandestinos sin que jam�s una de ellas fuera descubierta.

Mor�n pidi� a Malag�n permiso para lanzarse de cabeza en aquellas cajas repletas de misterios. La respuesta da el retrato exacto del personaje: ‘Gregorio, de momento nadie me ha dado �rdenes al respecto. Mientras no me lleguen, puedes hacer lo que quieras. Cuando la orden llegue, aplicar� lo que me digan’. Antes de que llegase esa orden, Mor�n exhum� de aquel marem�gnum papeles alucinantes. Que nadie los busque ahora en ese fondo, porque ya no est�n: lleg� la orden. Solo queda de aquellos papeles la resonancia en su libro. Y esa, como m�nimo, es una deuda que la historiograf�a espa�ola deber� guardar siempre con Mor�n”.

Una instant�nea de la familia que formaron Jos� Calvo Sotelo y su mujer Enriqueta Grondona antes de su asesinato.

Una instant�nea de la familia que formaron Jos� Calvo Sotelo y su mujer Enriqueta Grondona antes de su asesinato.EM

La izquierda catalana tambi�n supuso un desenga�o para el periodista, que nunca entendi� su cercan�a al nacionalismo, una contradicci�n que le parec�a insalvable. Tuvo grandes choques con representantes de esa gauche divine nacionalista como Josep Fontana o Ferran Mascarell. En los a�os noventa, Pujol le invit� a comer y le dijo que no entend�a que una persona como �l, de izquierdas, no fuese nacionalista. En la vieja guardia socialista manten�a amigos como Antonio Asunci�n o Cipri� C�scar.

Tras su ruptura con Galcer�n tuvo otras relaciones sentimentales, pero la pareja m�s importante y con la que estuvo m�s a�os -hasta separarse amistosamente hace cuatro a�os- fue una profesora. Mor�n nunca sal�a sin su sombrero y, como prueban sus art�culos, segu�a en una forma envidiable. Era habitual encontr�rselo en el Ipar Txoko y en el Igueldo, sus dos restaurantes de referencia en Barcelona.

Uno de los hijos que tuvo con Galcer�n est� casado con una bisnieta de Jos� Calvo Sotelo, el l�der de Acci�n Espa�ola asesinado por un escolta de Indalecio Prieto. El matrimonio congratul� al periodista: era un reflejo de c�mo hab�a cambiado Espa�a. “Y pensar que un Mor�n est� casado con una Calvo Sotelo“. Quiz�s por eso, al contrario que su exmujer, no se dej� seducir por los cantos de sirena de Podemos. Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero intentaron atraerlo hacia su proyecto, pero �l se dio cuenta de su impostura —ya muy probada— y decidi� romper con ellos.


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