Deportes
El deporte mundial se prepara para autorizar el controvertido regreso de Rusia
El momento clave llegó antes de Navidad. El Comité Olímpico Ruso (COR) manifestó que daba libertad a los deportistas de la región del Donbas (el deporte es inexsistente ya ahí), situada en la frontera con Ucrania, epicentro del conflicto bélico y motivo que originó el incumplimiento de la Carta Olímpica, para que compitieran con el país que escogieran.
Por lo tanto, a la espera de la opinión de la comisión jurídica del Comité Olímpico Internacional (COI), Rusia dejaría de infringir la normativa por la que fue sancionada antes de los Juegos Olímpicos de París (por aquel entonces adherió estos territorios a su jurisdicción alterando el mapa de Ucrania). La guerra sigue –aunque se hayan sucedido las reuniones por el alto el fuego–, pero el COI solo juzga el incumplimiento de los comités nacionales.
Las conversaciones entre el Ministro de Deportes ruso, Mikhail Degtyarev, y los responsables de las relaciones internacionales del COI se han ido sucediendo pese a este veto, por lo que la voluntad de Rusia para normalizar su participación (con bandera, himno y nombre) se irá desencadenando en este 2026 en las distintas federaciones internacionales. La FIFA, presidida por Gianni Infantino, quien suplanta a Thomas Bach, ex presidente del COI, como líder de la política deportiva (sus flirteos con Putin o Trump), puede dar en breve el paso.
“Esta prohibición no ha logrado nada, solo ha generado más frustración y odio”, dijo en Sky Sports. La FIFA “nunca debería prohibir a ningún país jugar a fútbol por las acciones de sus líderes políticos… Alguien tiene que mantener las relaciones”. World Aquatics, en enero, ya autorizó la vuelta de la selección de waterpolo aunque aun sin bandera ni himno.
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El COI acabará tomando la decisión después de los cambios profundos que se han sucedido con la nueva presidenta, Kirsty Coventry, quien ha manifestado en reiteradas ocasiones su carácter “apolítico”. Con anterioridad, Bach, la comisión jurídica y el departamento de relaciones internacionales del COI habían acordado sancionar a Rusia por ese incumplimiento, lo que dio luz verde al veto del resto de federaciones. Ahora, el COI probablemente sea uno de los últimos actores en pronunciarse teniendo en cuenta que aún quedan dos años y medio para Los Ángeles, en 2028.
El primer episodio de normalización se vivirá a partir de la próxima semana en los Juegos Paralímpicos de Milán-Cortina. El presidente del Comité Paralímpico Internacional (IPC), Andrew Parsons, constató que participarán seis deportistas rusos y dos bielorrusos bajo la bandera, el himno y el nombre de su país. La decisión la tomó la asamblea en septiembre: votó primero en contra de una suspensión total para Rusia por 111-55, con 11 abstenciones, y luego votó en contra de una suspensión parcial por 91-77, con ocho abstenciones. “Son hechos duros”, dijo el presidente. La responsabilidad es de la asamblea. El IPC no es el COI, aunque ambos tengan colaboraciones obvias, son entidades independientes.
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Las reacciones ya han llegado. “La comunidad de paralímpicos ucranianos y el Comité Paralímpico Nacional de Ucrania están indignados por la cínica decisión del IPC de otorgar plazas bipartitas a Rusia y Bielorrusia”, declaran. El país está por la labor de boicotear la inauguración de los Juegos: no acudirán o no utilizarán su bandera.
Parsons advierte de la politización que va a venir de las decisiones de los países y los deportistas. Y pone ejemplos: “Tenemos comités paralímpicos nacionales que están informando a los medios, y puedo citar uno, el de Chequia. Hace un par de días mencionaron que boicotearían la ceremonia. En diciembre, ya nos habían informado de que no querían asistir porque estaban centrados en el rendimiento deportivo de los atletas. Así que ese tipo de actitud es preocupante”, dijo. Y siguió: “También nos informaron de personas que dijeron a los medios que no participarían para boicotear, pero rechazó la invitación alegando que estarían de vacaciones privadas”.



