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Internacional

Trump marca el tono de cara a las elecciones de noviembre atacando a los demócratas y a los inmigrantes en su Discurso sobre el Estado de la Unión

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Quedan nueve meses para las elecciones legislativas que marcar�n el rumbo de EEUU en los pr�ximos a�os y no habr� ning�n d�a de tregua hasta entonces. Las encuestas dicen que la popularidad de Donald Trump est� en m�nimos y que los republicanos van a ser severamente castigados en las urnas, con p�rdidas de incluso m�s de 30 esca�os, lo que dar� las riendas del Congreso a la oposici�n.

Trump, poco habituado a las derrotas, muestra en estos momentos su cara m�s vulnerable, acumulando derrotas en el Capitolio, en los tribunales, en las calles. Y por eso quiso hacer de su Discurso sobre el Estado de la Uni�n, pronunciado el martes por la noche, el punto de inflexi�n. El inicio oficioso de la campa�a con la que aspira a cambiar la narrativa derrotista y fijar un nuevo tono.

Fue un discurso largo, el m�s largo de la historia. Un espect�culo total en busca de la viralidad, con m�s invitados y apariciones sorpresa que nunca antes. Con m�s entregas de medallas y galardones que en todos los anteriores juntos. Un discurso triunfalista, al m�s puro estilo Trump, cargado de provocaciones, populismo, de mentiras y medias verdades. Una intervenci�n cargada de ataques a la oposici�n, a la inmigraci�n, a las pol�ticas de igualdad y diversidad y a los cr�ticos de la administraci�n. Un Discurso con poca solemnidad y sin ning�n intento de reconciliar a un pa�s y una naci�n rotas. Al rev�s.

Una d�cada de experiencia pol�tica al m�ximo nivel, y una vida ante las c�maras, hacen que Trump sepa que las mentiras y las medias verdades importan poco, sobre todo si caen de forma torrencial. Que la clave es acaparar la atenci�n y el protagonismo, y a�n m�s en la era del scroll infinito. Que tienen que hablar de ti, aunque sea bien. Y que la furia, la ira y la indignaci�n generan m�s tr�fico que las llamadas a la uni�n, el entendimiento, la colaboraci�n. Por eso dise�� su intervenci�n como un calco de la del a�o anterior, con todo tipo de sorpresas al modo de un programa televisivo, entregas de premios, momentos emotivos, viudas y v�ctimas de todo tipo de violencias.

Su discurso empez� y termin� apelando a la historia de EEUU e invocando un futuro brillante, el que el pueblo elegido, el estadounidense, merece. “Nuestra naci�n est� de vuelta. M�s grande, mejor, m�s rica y m�s fuerte que nunca”, arranc� elogiando a la “la naci�n m�s incre�ble y excepcional que jam�s haya existido sobre la faz de la tierra”. “Cuando el mundo necesita coraje, audacia, visi�n e inspiraci�n, sigue recurriendo a Estados Unidos, y cuando Dios necesita una naci�n que obre sus milagros (…) La era dorada de Estados Unidos ya est� aqu�. La revoluci�n que comenz� en 1776 no ha terminado. Contin�a, porque la llama de la Libertad y la Independencia a�n arde en el coraz�n de cada patriota estadounidense, y nuestro futuro ser� m�s grande, mejor, m�s brillante, m�s audaz y m�s glorioso que nunca”, prometi� al final.

Centr� el presidente la primera mitad de la intervenci�n, casi con el optimismo que caracterizaba a Ronald Reagan, en los que considera sus �xitos econ�micos, celebrando los datos de la Bolsa o las promesas de inversi�n de grandes empresas, una v�a arriesgada, ya que puede alienar o enfurecer a quienes peor lo est�n pasando y escuchen celebrar una econom�a que no los representa. Que insistiera en que los debate, o el propio t�rmino de “asequibilidad”, son una “mentira podrida” de la oposici�n y no se molestara en hacer propuestas concretas o promesas, no ayud�. Que atacara a los jueces del Supremo presentes por su sentencia sobre los aranceles, tampoco.

Seg�n las reacciones en tiempo real de un panel de espectadores reunido por Navigator Research, cercana a los dem�cratas, el apoyo al presidente se redujo precisamente cuando afirm� que los estadounidenses est�n “ganando”, que los precios estaban bajando y cuando mencion� los aranceles.

Pero tras esa fase econ�mica, Trump pas� a la ofensiva, lo que le pide su naturaleza. Una carga y enmienda total contra la oposici�n, los inmigrantes, las pol�ticas de igualdad y diversidad y sus cr�ticos. Ah� sac� Trump su colmillo, su lado m�s conocido, culpando a la “herencia recibida”, llamando “enfermos” y “locos” a los rivales pol�tico, acus�ndolo de “destruir el pa�s”.

La escena que mejor resume la noche, la estrategia, tuvo lugar aproximadamente cuando el presidente llevaba ya una hora hablando. Fueron los momentos m�s tensos, llenos de protestas, gritos, reproches por los ataques a la comunidad somal� y los extranjeros como criminales. Trump estaba c�modo provocando a la oposici�n con menciones a un posible tercer mandato y cambios en las leyes electorales, y �stos, que ten�an de invitados a v�ctimas de Epstein, buscaban desesperadamente sacar de quicio al presidente, romper su guion con gritos, interrupciones, carteles y abucheos.

“Al ver a Ilhan Omar y Rashida Tlaib, con su bajo coeficiente intelectual, gritando sin control anoche en el elegante Discurso del Estado de la Uni�n, un evento tan importante y hermoso, ten�an los ojos saltones e inyectados en sangre de locos, LUN�TICAS, trastornadas mentales y enfermas que, francamente, creo que deber�an estar internadas. Cuando la gente puede comportarse as�, y sabiendo que son pol�ticos corruptos y corruptos, tan malos para nuestro pa�s, deber�amos devolverlos de donde vinieron lo antes posible”, escribi� el presidente en sus redes sociales este mi�rcoles, repitiendo algunos de los calificativos que s�lo usa para personas negras o de minor�as o las constantes amenaza de desnaturalizaci�n. Las congresistas, se�aladas a menudo por la Casa Blanca, le acusaron durante su intervenci�n de “matar a ciudadanos estadounidenses”

Fue ah�, en el intercambio de gritos, cuando el presidente mostr� sus intenciones diciendo: “Una de las grandes ventajas del Discurso sobre el Estado de la Uni�n es que les da a los estadounidenses la oportunidad de ver claramente lo que realmente creen sus representantes. Por eso, esta noche, invito a todos los legisladores a reafirmar un principio fundamental. Si est�n de acuerdo con esta afirmaci�n, lev�ntese y muestren su apoyo: el primer deber del Gobierno estadounidense es proteger a los ciudadanos estadounidenses, no a los inmigrantes ilegales“.

La mitad de los presentes se pusieron efectivamente en pie. El Gobierno, los republicanos, algunos de los invitados. La otra mitad, no. La escena no fue r�pida. Trump aguant�, encantado, sin decir nada durante un par de minutos, con todas las miradas y c�maras sobre �l. Entre aplausos, abucheos y con gestos y muecas, extendiendo el brazo como para se�alar que no comprend�a c�mo pod�an permanecer sentados. No hace falta ser un experto para saber que en los pr�ximos meses, uno de los principales anuncios de campa�a de los republicanos ser� ese, el presidente diciendo que el deber del Gobierno es proteger primero a los americanos y la oposici�n, neg�ndose a seguirle el juego o a participar, segu�a sentada. Como si antepusiera a los ilegales. La trampa era obvia, pero no hab�a salida buena.

“En su discurso de esta noche, el presidente hizo lo que siempre hace. Minti�, busc� chivos expiatorios y quiso distraer la atenci�n, sin ofrecer soluciones reales a los desaf�os apremiantes de nuestra naci�n, muchos de los cuales �l est� agravando activamente”, respondi� en nombre de los dem�cratas la gobernadora de Virginia, Abigail Spanberger, que en noviembre gan� las elecciones y fue escogida entre otras razones por reflejar una v�a para derrotar a los republicanos en noviembre.

“El estado de nuestra Uni�n es fuerte”, asegur� Trump en su momento m�s triunfalista, diciendo que con �l al frente “no paramos de ganar”. Puede que fuerte sea su Gobierno, sus perspectivas, la Bolsa, los aranceles, la inversi�n en IA, su presencia exterior, el control del Hemisferio. Fuertes pueden ser muchas cosas, pero si algo reflej� el discurso es que la uni�n, no. El pa�s lleg� dividido y sali� igual o peor. Y sin saber por qu� sus tropas de est�n desplegando en Oriente Pr�ximo, una vez m�s.


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