Internacional
Pakistán y Afganistán intensifican sus ataques y elevan el riesgo de guerra abierta
En la madrugada del viernes, el cielo de Kabul retumb� con ataques de cazas paquistan�es. Otras dos provincias afganas tambi�n fueron bombardeadas. Islamabad sostiene que no hizo m�s que responder a un ataque previo lanzado desde territorio afgano. Se trata de otro cap�tulo b�lico de una rivalidad hist�rica. Pero los bombardeos cruzados y el intercambio de artiller�a ya no son simples escaramuzas fronterizas: es un choque cada vez m�s directo que amenaza con desbordar un conflicto larvado desde hace d�cadas.
Por la ma�ana, el ministro de Defensa de Pakist�n, Khawaja Asif, se pronunci� en la red social X con un mensaje contundente: “Nuestra paciencia se ha acabado. A partir de ahora, estamos en una guerra abierta entre vosotros y nosotros”, escribi�.
El portavoz talib�n, Zabihullah Mujahid, acus� al “cobarde ej�rcito paquistan�” de bombardear varias provincias, incluida la capital. Horas despu�s, el Ministerio de Informaci�n de Pakist�n replic� que, tras un ataque afgano previo, sus fuerzas estaban castigando posiciones del r�gimen talib�n en distritos fronterizos como Chitral, Khyber o Kurram. Ambos Gobiernos prometieron defender su integridad territorial “a cualquier precio”.
La guerra de cifras fue inmediata. Islamabad afirm� haber matado a m�s de un centenar de combatientes afganos y destruido puestos militares. Kabul, por su parte, redujo sus bajas a ocho soldados muertos y once heridos, mientras elevaba las p�rdidas paquistan�es a decenas de efectivos y aseguraba haber capturado posiciones a lo largo de la L�nea Durand, la frontera en disputa.
“En respuesta a las reiteradas rebeliones e insurrecciones del ej�rcito paquistan�, se lanzaron operaciones ofensivas a gran escala contra bases e instalaciones militares paquistan�es a lo largo de la L�nea Durand”, declar� el portavoz del gobierno afgano.
Esta frontera de 2.574 kil�metros entre ambos pa�ses fue trazada por el Imperio Brit�nico en 1893 sin tener en cuenta realidades tribales ni �tnicas de la zona. Desde entonces, ha sido fuente constante de disputas, especialmente entre las comunidades pastunes, divididas entre dos Estados. Afganist�n nunca reconoci� plenamente esa l�nea divisoria. Cada incursi�n, cada puesto avanzado y cada alambrada reabre una disputa hist�rica que ning�n Gobierno ha logrado cerrar.
Pero la actual escalada tiene un detonante concreto: la actividad del Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), el grupo insurgente paquistan� que combate a Islamabad desde 2007 y que mantiene lazos ideol�gicos y personales con los talib�n. Islamabad acusa al TTP de operar desde refugios en Afganist�n y de ejecutar, bajo �rdenes de l�deres escondidos all�, la oleada de atentados que ha sacudido Pakist�n en las �ltimas semanas. Kabul lo niega. Pero la desconfianza es estructural. Desde el regreso de los talib�n al poder en Afganist�n en 2021, los enfrentamientos espor�dicos se han multiplicado en las regiones fronterizas.
El pasado fin de semana, el ej�rcito paquistan� bombarde� presuntos campamentos del TTP y de facciones afines al Estado Isl�mico en suelo afgano. Seg�n Islamabad, murieron decenas de milicianos. Las autoridades talibanes denunciaron que los ataques alcanzaron zonas civiles, incluida una madrasa y viviendas en el este del pa�s, con al menos 18 muertos. La represalia afgana lleg� la noche del jueves: ofensivas coordinadas a lo largo de seis provincias fronterizas y difusi�n de v�deos con convoyes y disparos en la oscuridad.
En paralelo, la violencia se extendi� al paso de Torkham, uno de los principales cruces comerciales y humanos entre ambos pa�ses. Campamentos de refugiados en Nangarhar fueron alcanzados, con varios heridos, entre ellos mujeres y ni�os, seg�n Kabul. En el lado paquistan� tambi�n hubo evacuaciones.
“Tras la retirada de las fuerzas de la OTAN, se esperaba que prevaleciera la paz en Afganist�n y que los talibanes se centraran en los intereses del pueblo afgano y la estabilidad regional. Sin embargo, los talibanes convirtieron Afganist�n en una colonia de la India”, continu� en su mensaje en X el ministro de Defensa paquistan�. “Reunieron a terroristas de todo el mundo en Afganist�n y comenzaron a exportar terrorismo. Privaron a su propio pueblo de derechos humanos fundamentales. Les arrebataron a las mujeres los derechos que les otorga el islam”.
Con la mediaci�n de Qatar, Islamabad y Kabul sellaron el pasado oto�o una tregua fr�gil, m�s t�ctica que pol�tica, concebida para enfriar la frontera sin abordar el n�cleo del conflicto. El acuerdo logr� contener temporalmente los combates m�s intensos y abri� la puerta a contactos indirectos, pero nunca cristaliz� en un mecanismo s�lido de verificaci�n ni en compromisos claros sobre la actividad de los grupos armados.
Desde entonces, los intercambios de disparos y las acusaciones cruzadas se repitieron de forma intermitente a lo largo de la L�nea Durand, erosionando la confianza m�nima necesaria para sostener el alto el fuego. En los �ltimos d�as, esa contenci�n precaria ha saltado por los aires: los choques se han multiplicado en alcance y profundidad, con bombardeos, ofensivas nocturnas y una ret�rica oficial que vuelve a situar a ambos pa�ses al borde de una guerra a gran escala.



