Internacional
Ha llegado el momento de ucranianizar Europa
Hace un mes hice en pausa mi trabajo como escritor y voluntario y me alist� en el ej�rcito de Ucrania. Cuando part� hacia el servicio, algunos conocidos se despidieron de m� como si ya estuviera muerto. Sin embargo, mi razonamiento era exactamente el contrario: si quieres sobrevivir, defender a tu familia, tu hogar y tu pa�s, debes estar plenamente entrenado y preparado para protegerte. No hay mejor escuela para ello en nuestro continente que las Fuerzas Armadas de Ucrania.
As� que cuando me puse el uniforme militar, sent� como si me estuviera poniendo una armadura protectora, aumentando mis posibilidades de supervivencia en comparaci�n con los civiles que me rodeaban. Esa constataci�n me llen� de confianza y optimismo.
Al leer esto, quiz� hayas tocado tu sien con incredulidad. Pero no estoy solo. Si Dios tuviera sentido del humor, estallar�a en carcajadas al pensar que, entre todas las naciones europeas actuales, los ucranianos son los m�s optimistas. Seg�n una encuesta paneuropea realizada a finales del a�o pasado por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, el 41% de los ucranianos expresa optimismo sobre el futuro del mundo. En contraste, solo el 7% de los italianos comparte esa visi�n, junto con el 8% de los franceses y el 12% de los daneses.
Ser�a l�gico suponer que los ucranianos son ingenuos o insensatos, ya que no hay muchas razones para el optimismo en el mundo actual. Sin embargo, la explicaci�n real es mucho m�s dram�tica: en el cuarto a�o de guerra a gran escala, la gente est� tan agotada que siente que las cosas simplemente no pueden empeorar m�s. Y si no pueden empeorar, entonces deben venir d�as mejores. Al final, el optimismo, la fe y la esperanza pueden ser las �ltimas fuentes de resiliencia sobre las que ning�n alma oscura puede imponer aranceles.
Entre nosotros hay optimistas matem�ticos, que creen que las cosas mejorar�n simplemente porque una larga racha de mala suerte debe eventualmente dar paso a una buena. Hay optimistas anal�ticos que respaldan su esperanza con razonamientos s�lidos: Rusia se est� debilitando y est� entrando en declive econ�mico, y nuestros socios finalmente han despertado y est�n dispuestos a invertir en defensa.
Y tambi�n hay optimistas fatalistas, que esperan un cisne negro en forma de alg�n cataclismo global, la muerte repentina de un dictador u otro milagro improbable, como la resurrecci�n de las Naciones Unidas. Recuerdo c�mo, hace varios a�os, pas� un mes viviendo en Eslovenia, un para�so a orillas del mar Adri�tico. Todos los que conoc� se quejaban amargamente de su pa�s y ped�an disculpas por todo. S�lo m�s tarde supe que, en el folclore balc�nico, los eslovenos son considerados la naci�n m�s pesimista y perpetuamente insatisfecha.
Fue entonces cuando se me ocurri� una broma –una broma que, con el tiempo, ha perdido gran parte de su humor–. Propuse lanzar cursos de patriotismo de un mes en Ucrania para otras naciones: si pasaran unas semanas viviendo como nosotros, y sus quejas sobre su propio pa�s desaparecer�an r�pidamente. Regresar�an a Eslovenia (o a cualquier lugar del que vinieran) convertidos en fervientes patriotas de su propia naci�n.
Hoy lo que antes sonaba casi como una broma se ha visto confirmado por la investigaci�n sociol�gica: si los europeos necesitan m�s fe en s� mismos y en el ma�ana, deber�an mirar hacia Ucrania. Nuestro pa�s no es solo una herida abierta, sino tambi�n una fuente de fortaleza. Una prueba de que incluso en un mundo moderno c�nico y turbulento, no es necesario abandonar los propios principios para sobrevivir.
As�, el 24 de febrero de 2026 marca no s�lo el cuarto aniversario del lanzamiento del enorme crimen de guerra de Rusia, sino tambi�n una prueba elocuente de que la ley neandertal de la fuerza bruta no ha logrado imponerse. Al comenzar el quinto a�o de agresi�n a gran escala, el oso rabioso a�n no ha cumplido sus objetivos iniciales –la ocupaci�n total del Donb�s–, ni mucho menos la desaparici�n completa de Ucrania.
En esta hora oscura para Europa –intimidada por Rusia y traicionada por Estados Unidos–, Ucrania se ha convertido en una especie de faro, un ejemplo vivo de que incluso en la tormenta m�s feroz es posible mantener el rumbo y luchar por la supervivencia. Repito esto porque realmente importa: no luchar por sobrevivir traicionando el propio camino, sino luchar por sobrevivir manteni�ndose firmemente fiel a los propios valores. Si Ucrania ha logrado hacerlo, �por qu� Europa no podr�a?
Vistas desde esta perspectiva, las palabras de Wolfgang Ischinger, presidente de la Conferencia de Seguridad de M�nich, ya no suenan tan escandalosas. En una entrevista con Tagesspiegel, afirm� que �mientras Ucrania siga luchando, el peligro para Europa permanece limitado�. Su comentario puede leerse de forma c�nica, como si Europa no tuviera un inter�s real en la paz para Ucrania. Pero resulta mucho m�s esclarecedor verlo desde la �ptica de la realpolitik: Ischinger estaba reconociendo, en efecto, que la resistencia ucraniana es ahora el fundamento de la seguridad europea. Perm�tanme repetirlo: no la OTAN, sino Ucrania se ha convertido en la piedra angular de la seguridad de la UE en 2026.
De esta manera bastante extra�a, la verdadera integraci�n europea de Ucrania ya est� teniendo lugar. Los documentos a�n no se han firmado. Pero, en la pr�ctica, estamos integrados en la Uni�n Europea a muchos niveles. Y si la UE desea sobrevivir y fortalecerse como actor geopol�tico, tiene que integrar a Ucrania. M�s en concreto, debe integrarse mutuamente con Ucrania.
Los d�as en que las relaciones entre la UE y Ucrania se parec�an a las de un maestro y un alumno han quedado atr�s. A trav�s de a�os de pruebas y de guerra, Ucrania ha adquirido una experiencia en resiliencia, ha aprendido verdaderas lecciones de supervivencia en el campo de batalla y, en su momento m�s dif�cil, ha dado un salto tecnol�gico aplicando creativamente la innovaci�n en su industria de defensa. Hoy tambi�n tenemos mucho que compartir con nuestros socios.
S�lo pod�a so�ar con una realidad as� hace 22 a�os, cuando asist� a mi primer mitin pol�tico durante la Revoluci�n Naranja de 2004. Entonces, como un ingenuo estudiante de primer a�o, cre�a que la adhesi�n de Ucrania a la UE resolver�a instant�neamente todos nuestros problemas. Para m�, el desarrollo significaba adoptar silenciosa e incuestionablemente cada norma y cada pr�ctica de Bruselas. �Qu� podr�amos aportar nosotros, los parientes pobres y atrasados, al fin y al cabo?
Han pasado dos d�cadas desde entonces: la Revoluci�n de la Dignidad, la guerra h�brida de 2014 y, posteriormente, la invasi�n a gran escala de 2022. Fueron a�os de esfuerzo persistente y de movimiento decidido hacia Europa –un camino que ve�amos como un regreso hist�rico y cultural a casa–. Esos 22 a�os abarcan toda mi vida consciente, guiada por un sue�o generacional de hacer europea a Ucrania.
Hoy estamos en el umbral de cumplir ese sue�o. Ucrania se encuentra en el centro de la vida europea; el destino de nuestro pa�s est� dando forma al futuro del continente. Se�alar�a, con cierta iron�a, que en este caso el proverbio ucraniano �si quieres hacer re�r a Dios, cu�ntale tus planes� ha resultado completamente cierto.
Pasamos tanto tiempo so�ando con la europeizaci�n de Ucrania que ahora vemos que ha llegado el momento de ucranianizar Europa: ense�ar resiliencia, fidelidad a los principios y, por improbable que pueda sonar, optimismo.
Y as�, el cuarto aniversario de la invasi�n criminal rusa es una ocasi�n apropiada para decir que estoy orgulloso de ser ucraniano.
Y a�adir: Europa es profundamente afortunada de tener a Ucrania.
Andriy Lyubka es un poeta, ensayista y traductor ucraniano



