Internacional
El padre del niño italiano que murió tras ser trasplantado de un corazón "quemado": "Estaba en una nevera portátil"
Antonio Caliendo, de 39 a�os, es el padre de Domenico, el ni�o de dos a�os a�os que ha muerto en un hospital de N�poles tras el trasplante de un coraz�n da�ado por errores que ahora se est�n investigando. Asegura que est� “muy enfadado” tras lo ocurrido, por eso su mujer, Patrizia, prefiere mantenerle alejado de los periodistas, dice: “Para evitar que explote”.
- �C�mo est�s, Antonio?
- Esta historia empez� mal y termin� a�n peor. Estoy enfermo, ya ni siquiera puedo ir a trabajar; soy alba�il. Llevo enfermo desde el d�a en que Domenico ingres� por primera vez en Monaldi.
- �Todo comenz� en la noche del 22 al 23 de diciembre de 2023, �no?
- S�, esa misma ma�ana falleci� mi padre y pocas horas despu�s descubrimos la grave enfermedad de mi hijo. En 24 horas, se me vino el mundo abajo.
- Domenico sufr�a una forma de miocardiopat�a dilatada…
- Esperaba que tuviera una vida tranquila y sana, sin problemas, y en cambio pas� esto. Pero los padres a�n ten�amos mucha esperanza, as� que nos confiamos por completo a los m�dicos de Monaldi. Pero ojo: no todos en ese hospital son malos; tambi�n hay mucha gente buena, muchos m�dicos capaces que vinieron a apoyarnos despu�s, incluso las enfermeras siempre estuvieron ah� para Domenico, nunca lo abandonaron, ni un instante. Pero ahora no quiero ver al profesor Oppido, ni siquiera de lejos. La justicia aclarar� las cosas, por supuesto, pero prefiero no verlo.
- Guido Oppido, el cardiocirujano que realiz� el trasplante fallido el 23 de diciembre.
- S�, lo siento. Esa gente que sali� de N�poles para ir a Bolzano a buscar el coraz�n con esa nevera estaba loca.
- �Era como una nevera de picnic?
- Exactamente. Ten�a el presentimiento de que iba a terminar mal.
- �De verdad ten�a una corazonada?
- S�, la noche del 22 de diciembre, cuando volvimos a Monaldi porque le hab�an encontrado un nuevo coraz�n, nos quedamos solos un momento Domenico , yo y mi amigo Lello, que nos acompa�aba. Est�bamos cerca de la m�quina expendedora de refrescos, caf� y chocolate caliente, y de repente dije: “Lello, siento algo raro dentro de m�, �vamos, me llevo a mi hijo a casa!”. Mi amigo objet� de inmediato: “�En serio, Ant�? Ma�ana empieza una nueva vida para �l”. Y yo, en cambio, solo pensaba en los juegos que Domenico y yo jug�bamos juntos en la gran cama de casa. No pod�a pensar en nada m�s.
- Son recuerdos para siempre
- S�, Domenico era un ni�o muy brillante, muy vivaz, inteligente. Por la ma�ana, entre las 6:15 y las 6:20, me preparaba para ir a la obra. �l levantaba la cabeza de la almohada, dec�a “pap�” y me sonre�a; era su forma de saludarme, de decirme buenos d�as. Cuando volv�a por la noche, Domenico sab�a enseguida que llegaba por el sonido de mi moto, as� que corr�a al balc�n y me llamaba de nuevo desde arriba: “pap�”. Y luego iba a la puerta y esperaba a que llamara al timbre.
- �Es cierto, como dijo su mjujer, que no se atrev�an a contarle lo que hab�a ocurrido con el trasplante?
- �Totalmente! Entend� que las cosas hab�an ido mal porque despu�s de Nochevieja todos los m�dicos desaparecieron. Nadie vino a decirnos nada. Todo hab�a terminado, pero a�n no lo sab�amos. As� que, cuando todo sali� a la luz, estaba muy nervioso, y tres d�as antes de que Domenico muriera, tuve una fuerte discusi�n con los guardias de seguridad. Los mismos que luego vinieron a abrazarme el s�bado pasado, en el hospital, cuando falleci�.
- Patrizia dice que ahora se ha convertido en un �ngel
- Le compr� un trajecito para su �ltimo viaje: con corbata y boina, igual que cuando sal�a con el abuelo Antonio, mi padre. Porque era nuestro hombrecito valiente. S�, yo tambi�n creo que ahora se ha convertido en nuestro �ngel de la guarda. Siento que nos da fuerzas para seguir adelante, para cuidarnos a nosotros mismos y a sus hermanitos. Si no, ni siquiera podr�amos salir de casa.
- Junto con el abogado Francesco Petruzzi, crear� una fundaci�n dedicada a �l.
- S�, ayudar� a los ni�os que sufren. Los ni�os son inocentes, no tienen la culpa; no es justo que mueran como muri� mi hijo .
- �C�mo era Domenico?
- Se parec�a a m�, no a a su madre -sonr�e Antonio por primera vez en esta entrevista-. Era grande y fuerte; al nacer pesaba m�s de tres kilos, pero luego, con la enfermedad, se debilit� y perdi� mucho peso. Patrizia es peque�a, mientras que yo soy grande y fuerte. Pero hay que decir que ella es la gigante. Sin ella, yo ya estar�a muerto.
- �Qu� le dijo a Domenico antes de morir?
- Le dije: ‘Hijo m�o, te extra�ar�, pero soy como t�, un luchador, y tendr�s justicia.



