Internacional
Alejandro de la Sota, 30 años después: el pequeño culto al arquitecto español que se difunde por todo el mundo
Los hijos (siete) iban al colegio y dejaban a Sota en pijama, perezoso y divertido, haciendo tertulia telef�nica con alg�n amigo. Si se quedaban en casa, los ni�os ve�an a su padre rondando por el piso de Bret�n de los Herreros, tocando el piano. Nada verdaderamente extravagante: Mozart y Beethoven. Bach con m�s dificultades. Alguna vez Bart�k, Schubert, Chopin. Antes de ser arquitecto, a Sota le tent� la carrera de m�sico pero de ni�o ten�a buena mano para el dibujo y para las matem�ticas y lo del piano qued� para la pr�xima vida. Un d�a, el hombre se empe�� en que toda la familia escuchara Stimmung de Stockhausen y, pese a que era un padre dulce y bromista, exigi� que todo el mundo se tomara en serio aquel galimat�as de voces y sonidos.
Bueno: el caso es que Sota s�lo bajaba al estudio (en el mismo edificio, en el semis�tano) despu�s de comer. Dibujaba un rato y despu�s hablaba con el delineante para explicarle su tarea del d�a. Trabajaban m�s bien por la tarde-noche y no por la ma�ana, pero, ojo, porque Sota no era un bohemio en el sentido t�pico. No sal�a por ah� de juerga ni se met�a en l�os ni vest�a con fulares ni dec�a galicismos raros. Era m�s Bartleby que dandi, para entendernos.
Sota cerr� dos veces su estudio: la primera vez, en los a�os 50, por algo que llamaremos falta de est�mulos intelectuales. Luego reencontr� el apetito y volvi� a empezar. La segunda vez que cerr� fue al borde de la edad de la jubilaci�n. No le sal�an las cuentas. En realidad, nunca le fue muy bien a su estudio. Sota no tuvo acceso a los grandes clientes ni a los encargos en el Paseo de La Castellana. El hombre se emple� entonces como arquitecto de Correos, gracias a una oposici�n que hab�a sacado mil a�os antes, y… en fin, intent� despertarse m�s temprano. En Correos, sus tareas consist�an en remodelar oficinas de pueblo y los arquitectos locales, que se hab�an educado en su veneraci�n, no se lo pod�an creer cuando lo ve�an por ah�. Sota lo llevaba bien, con buen humor.
Al final, a trav�s de Correos le sali� un proyecto que no era tan poca cosa, la sede de Le�n. Cuando empez� con el encargo, le dijo a uno de sus hijos, ya adulto, que no sab�a c�mo abordar aquello. El hijo le contest� algo as� como �Pap�, llevas 40 a�os en esto, tira de oficio� y Sota entendi� que le dec�a �cumple y no le des m�s vueltas�. Se lo tom� mal y Correos de Le�n se convirti� una obra maestra del hombre al que todo el mundo daba por jubilado. Claro que Sota se habr�a tomado a broma esa expresi�n tan tonta de �obra maestra�.
M�s datos: Sota dio clase 17 a�os en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Polit�cnica de Madrid. Quiso sacar la C�tedra de Composici�n pero no lo logr�. Se enfad�, dej� la docencia de un portazo y s�lo le falt� decir �que os den�, a pesar de que el sueldo de profesor era importante para su amplia familia. Al mismo tiempo, Sota fue un hombre sociable y cordial. Los amigos entraban y sal�an de casa con naturalidad y los buenos alumnos eran bien recibidos, aunque quiz� haga falta aclarar que esos visitantes no eran artistas ni pol�ticos ni clientes, eran hermanos, cu�ados, gente de siempre… Hay tres o cuatro fotos de Sota con su mujer, Sara Rius, en las que no pueden parecer m�s felices en la vida. Y hay otra foto en la que sale con seis de sus hijos, todos montados en un 600. Imposible verla y no re�r con la escena. �Es este el genio ensimismado de la arquitectura espa�ola del siglo XX?
De la Sota, en el Gimnasio Maravillas.
Alejandro de la Sota Mart�nez (Pontevedra, 1913-Madrid, 1996), Sota para su mundo, muri� hace 30 a�os y la Fundaci�n que lleva su nombre avisa de que su vieja fama para iniciados, el orgulloso y peque�o culto sotiano, se ha convertido en algo mucho m�s amplio: que todos los a�os se ponen en marcha libros y tesis doctorales sobre su obra, que cada vez hay m�s visitas guiadas al Gimnasio Maravillas y a su estudio/archivo, que hay ensayos y estudios que se publican en Italia y Francia y que los dos grandes historiadores de la arquitectura del siglo XX le han dedicado p�ginas y p�ginas en sus �ltimos libros. KennethFrampton, que dijo de Sota que era un �maestro de las esencias�, le ha guardado un cap�tulo entero al Maravillas en The Other Modern Movement: Architecture, 1920-1970, el libro con el que ha resumido su largu�sima carrera como historiador. El gimnasio aparece a la altura de la Casa Kaufmann de Richard Neutra, para entendernos. Tambi�n William Curtis ha ampliado su gran libro, Modern architecture since 1900, para darle un lugar central a Alejandro de la Sota en su relato del siglo XX. Curtis, adem�s, le dio el relevo sotiano a la nueva generaci�n en la figura de William Mann, ganador del Premio Stirling 2025. Juntos compartieron una conferencia dedicada a Alejandro de la Sota celebrada en la sede del RIBA en Londres. Hay m�s: en Miami, el franc�s Jean-Fran�ois Lejeune escribi� Alejandro de la Sota’s modern villages: vernacular abstraction and surrealist modernity y, en Argentina, Ramiro Isaurralde ha publicado estudios sobre la Facultad de Matem�ticas de la Universidad de Sevilla y sobre los hilos que unen a De La Sota con la m�sica de John Cage. La de Cage, y no la de Stockhausen. En el fondo, tiene m�s sentido.
�Alguien se acuerda de que hace s�lo nueve a�os, el heredero de la Casa Guzm�n en la urbanizaci�n de Santo Domingo, al norte de Madrid, la tir� sin avisar a nadie y la sustituy� por una especie de hotelito parisino como los del siglo XIX? En esa �poca, en la Fundaci�n Alejandro de la Sota ped�an socorro por la desprotecci�n de la obra del maestro y alertaban de que las ruinas de la F�brica Clesa en Madrid pod�an ser las siguientes en desaparecer.
�Yo present� mi tesis doctoral sobre el Gimnasio del Maravillas en 2010, no hace tanto. S�lo hab�a dos tesis anteriores sobre Sota�, cuenta V�ctor Olmos, autor del libro M-A-R-A-V-I-L-L-A-S (Ediciones Asim�tricas. 2024). �Yo pas� un a�o de la carrera en Madrid y Emilio Tu��n me dio clase. Nos llev� al Maravillas. Y despu�s pas� por Tarragona y vi el Gobierno Civil y se me plante� una pregunta obsesiva. �qu� es lo que une dos proyectos as�?�, a�ade la italiana Claudia Pirina, profesora en Udine y autora de Alejandro de la Sota. Frammenti di citt� (2018). �Yo hab�a conocido a Sota a trav�s de un profesor de Sevilla, Gonzalo D�az-Recasens�, termina Luis Tejedor, profesor en la Universidad de M�laga y autor de Continuidades en la arquitectura de Alejandro de la Sota (Recolectores Urbanos, 2024). �Luego, en 1990, contact� con �l. Me recibi� en su casa y me dedic� la tarde entera. S� que ten�a fama de ir�nico pero conmigo fue cari�os�simo�. Hay casi un patr�n: los profesores llevaron a los alumnos al inter�s por De la Sota, los alumnos ampl�an ahora esa fascinaci�n, los grandes cr�ticos la difunden por el mundo, y los investigadores de una nueva generaci�n colocan en el mapa de Europa a aquel hombre al que describimos en pijama, mel�mano y un poco ir�nico y melanc�lico.
Hay casi un patr�n: los profesores llevaron a los alumnos al inter�s por De la Sota, los alumnos ampl�an la fascinaci�n y los grandes cr�ticos la difunden por el mundo
Tambi�n el anciano Alejandro de la Sota de los a�os 90 que describe Luis Tejedor era un personaje huidizo que evitaba los homenajes y la vida social del oficio: las conferencias, las presentaciones, las exposiciones, los homenajes. �Dec�an de �l que era un arquitecto de arquitectos, pero Sota evitaba a los arquitectos todo lo que pod�a�. Muri� trabajando pero, en el fondo, fue una figura solitaria por elecci�n o por rareza, recluido en un �exilio domiciliario�, seg�n su hijo Alejandro de la Sota Rius.
�Qu� m�s cosas debemos saber de �l? �Su educaci�n no fue la de la arquitectura moderna sino la de la arquitectura oficial del franquismo, la de las im�genes cl�sicas e imperiales�, cuenta Tejedor. �El descubrimiento de la arquitectura moderna lleg� porque intuy� que hab�a algo anacr�nico en el oficio que hab�a aprendido y porque tuvo curiosidad intelectual. Viaj�, ley�, busc�… Lo interesante es que fue muy tenaz y que no se qued� en las formas, sino que se pregunt� por lo esencial�.
�Era profundamente humano. Trabajaba desde su capacidad inmensa de ponerse en la piel de los otros: de los ni�os que jugaban al baloncesto, de los curas que daban clase, de los se�ores que hac�an las obras. �Sabe con quien lo relaciono fuera de la arquitectura? Con Jos� Luis L�pez Aranguren�, dice V�ctor Olmos. Como el fil�sofo, De la Sota ven�a de una moral cristiana, m�s o menos conservadora, que cuestion� y llev� hasta el l�mite de sus esencias pero sin romper con ella.
La Casa Arves�.
�Sota ten�a un inter�s obsesivo por el significado de la palabra habitar. Siempre se preguntaba c�mo vivimos, qu� significa decir que estamos bien en un sitio�, a�ade Luis Tejedor. �Le interesaba la t�cnica, pero no como una exhibici�n de m�sculo, sino como un esfuerzo por ahorrar esfuerzos, que era una frase de Ortega que hizo suya. Y hab�a algo m�s, hab�a un sentido del humor secreto… Siempre estaba subvirtiendo cosas, tomando materiales industriales y trat�ndolos como nobles, buscando materiales de derribo que retorc�a. Es una especie de humor muy gallego. �l mismo dec�a que se re�a mucho al proyectar. Quien sabe mirar, encuentra algo cercano y amable, nada solemne, en sus obras�.
Alejandro de la Sota Rius, uno de los siete hijos de Sota que lo ve�an rondar por casa, y Teresa Couceiro, directora de la Fundaci�n Alejandro de la Sota, explican que en su sede �recibimos cientos de visitas de personas ajenas a la profesi�n que quieren saber, quieren conocer y comprender el sentido y el valor de la arquitectura en sus vidas. Cuando conocen el por qu�, el c�mo, el compromiso y el disfrute de cada proyecto salen felices y m�s sensibles a su entorno. Lo mismo pasa con los estudiantes internacionales que vienen a Madrid todos los a�os a conocer su obra. Volver la mirada a los maestros que supieron construir un lenguaje sin grandilocuencia, centrado en el ‘buen vivir’ que abarca tambi�n la parte sensible de la vida, es para ellos un descubrimiento�.
�Poder visitar el archivo de personal de De la Sota en el lugar de De la Sota, en su estudio, es una experiencia muy extra�a para los que investigamos en la historia de la arquitectura�, explica desde Italia Claudia Pirina. �Hay figuras equivalentes en su pa�s con las que comparar a Sota? Giuseppe Terragni, dice Pirina, sin dudar. No es poco s�mil.
�C�mo interpretar el renovado inter�s por De la Sota? �Da la sensaci�n de que la arquitectura como el mundo, se encuentra, una vez m�s en encrucijadas de muy dif�cil resoluci�n. Alejandro de la Sota ten�a una fraser que sol�a decir: ‘Existe t�cnica y existe humanismo, quien trata de unirlos hoy es un heroe’. Ahora, tenemos la irrupci�n de la IA como mero instrumento para abaratar costes, el escaso peso de la arquitectura en los concursos, el poco valor dado en las escuelas a ense�ar la pertenencia a una tradici�n con unos arquitectos referenciales… Todo eso hacen muy dif�cil el trabajo del arquitecto joven. La figura de Alejandro de la Sota y de tantos otros en su generaci�n, es la demostraci�n de una forma de hacer arquitectura que pone en valor al arquitecto como elemento clave de la obra de arquitectura, capaz de dar sentido al hecho constructivo, un lugar donde habitar y donde vivir con plenitud. �.
�La arquitectura no es un hecho aislado a la cultura�, contin�an desde la Fundaci�n De la Sota. �Forma parte sustancial y en di�logo de ella. Y hoy, en nuestro archivo, recibimos cientos de visitas de personas ajenas a la profesi�n que quieren saber, quieren conocer y comprender el sentido y el valor de la arquitectura en sus vidas. Cuando conocen el por qu�, el c�mo, el compromiso y el disfrute de cada proyecto salen felices y m�s sensibles a su entorno. Lo mismo pasa con los estudiantes internacionales que vienen a Madrid todos los a�os a conocer su obra. Volver la mirada a los maestros que supieron construir un lenguaje sin grandilocuencia, centrado en el ‘buen vivir’. que abarca tambi�n la parte sensible de la vida, es para ellos un descubrimiento. […] Creemos que hoy la arquitectura de Alejandro de la Sota, como la de otros de su generaci�n, contribuye a restaurar un sentido profundo a la profesi�n. Y falta una acci�n conjunta y potente para dar a conocer a la sociedad en general y en especial a las nuevas generaciones de arquitectos a esa generaci�n de profesionales que trabajaron en el siglo XX y que siguen siendo referencia�.
Algo m�s: la foto principal que ilustra esta p�gina est� tomada de la colecci�n familiar. Hubo un intercambio de mensajes de texto sobre ese retrato conlos hijos de Sota:
-�Nos ced�is la foto para que la publiquemos? Salen tan guapos vuestros padres…
–�Si la pones por guapos s�lo no la cedemos! El mensaje de esa foto es que salen felices e ilusionados! A mi madre no le gustaba aparecer pero… La felicidad de esa foto es la que transmite una pareja joven con ilusi�n por su propia vida y por una profesi�n que si no se hace con esa ilusi�n e inocencia dif�cilmente saldr� fresca y acertada. Yo a�adir�a que esa ilusi�n y frescura la mantuvieron toda su vida hasta el final.





