Internacional
Está libre, soy lo prohibido, por Leonardo Giovannini
Para ilustrar el Jornal de hoy hemos plagiado el retrato de F�lix Weil por George Grosz. En nuestra versi�n, el diarista lleva un buen rato escribiendo, concentrad�simo, sin percatarse de que unas turbadoras (de turbante) mujeres han entrado en su habitaci�n, acomod�ndose a su alrededor como si tal cosa. El diarista llega a la cumbre de su argumento, la maravillosa paradoja: �est� prohibido, soy libre! (Y conste que es un argumento un poco Carlyle, si no hubiera c�rceles no podr�amos ser libres y etc�tera). En ese instante, la turgente muchacha enfundada en tela salmonete inquiere al diarista: �Est� libre? �Soy lo prohibido! Sobresaltado, el diarista se ve convertido de la noche a la ma�ana en se�or de un harem, qu� hi farem.
Terrible dilema. �Debe aleccionar a las muchachas en el desuso del velo y abrir la jaula para que vuelen las calandrias? �O dejarse caer en brazos de Bambino, lo prohibido, y mantener el serrallo? �Por dinero no ser�, y cuando viaje siempre puede contratar alg�n eunuco, ahora que abundan, para que vigile! Naturalmente, se impone la contenci�n (�la hombr�a de bien!) y el diarista habla as�: queridas, yo comprendo que el islam es un matriarcado y que esto del velo es una imposici�n que os hac�is unas mujeres a otras para conservar los maridos; pero os est�is haciendo demasiado da�o, y lo de los maridos no tiene arreglo. Dejad aqu� los pa�uelitos y salid a predicar Mi Palabra a vuestras amigas.
Las muchachas, iluminadas, dejan caer sus velos y todas las telas y telillas que las encarcelan. Tel�n.
(Terminado el domingo veintid�s de febrero, tarde, considerando la posibilidad de que el diarista, al hablar de besos afroamericanos, estuviera refiri�ndose a aquellos dulces daneses, Negerk�sse, de controvertida traducci�n.)




