Internacional
La OMS saca la tarjeta amarilla a España por la gestión del sarampión
Hace solo unos d�as la Organizaci�n Mundial de la Salud (OMS) anunci� que Espa�a, junto a otros cinco pa�ses de la regi�n europea, perd�a su estatus de pa�s libre de sarampi�n. Es el resultado de una evaluaci�n basada en los datos de contagios durante el a�o 2024, pero los n�meros no han mejorado a posteriori y el reciente brote en dos empresas de Alicante no augura una disminuci�n para este a�o que apenas acaba de comenzar.
�Qu� ha sucedido para que en solo unos a�os el sarampi�n, una enfermedad en v�as de eliminaci�n, haya resurgido en todo el mundo? Hablamos de uno de los virus m�s contagiosos que existen, pero tambi�n de uno cuyo reservorio solo est� en humanos y para el que existe una vacuna segura y eficaz con la que prevenir el contagio y sus posibles consecuencias. En este tiempo ninguna de estas m�ximas ha dejado de ser cierta as� que solo se puede mirar hacia un culpable: el descenso de las coberturas vacunales.
La pandemia tuvo un efecto inmediato e innegable no solo en el retraso de campa�as de vacunaci�n, sino en la instalaci�n de una cierta reticencia hacia las vacunas. Y todo ello se sum� a la desidia ante una amenaza que, con la c�moda distancia de quien ya no recuerda sus consecuencias, no parece ni tan importante ni tan urgente. Morir de �xito, dicen los expertos.
En lo que respecta a la situaci�n espec�fica de Espa�a, nuestro pa�s se consideraba libre de sarampi�n desde el a�o 2017 y ahora toca trabajar en serio para volver a ese punto. “Este cambio de estatus no es una buena noticia”, explica Antoni Trilla, epidemi�logo y catedr�tico de Medicina Preventiva de la Universidad de Barcelona, “nos han sacado una tarjeta amarilla de eliminaci�n del sarampi�n“. Para el epidemi�logo est� claro lo que subyace a ese cambio de estatus: “Tenemos un nivel de cobertura de vacunaci�n bueno, pero quiz� no �ptimo, y esto ha posibilitado que tengamos transmisi�n del sarampi�n relativamente continuada, aunque tambi�n relativamente limitada, dentro del pa�s.”
Fernando Moraga-Llop, pediatra y portavoz de la Asociaci�n Espa�ola de Vacunolog�a (AEV) nos ayuda a comprender las estad�sticas recientes de casos de sarampi�n en Espa�a: “los pocos casos que hab�a en el 2014, 2015 y 2016 eran casos que estaban ligados a la importaci�n“. En 2024 el n�mero de casos confirmados asciende vertiginosamente de 14 (en 2023, a�n bajo las secuelas de la pandemia) a 227. Entre ellos, de nuevo, muchos se relacionan con la importaci�n: 53 casos de forma directa y 98 a partir de estos.
Pero el portavoz de la AEV llama nuestra atenci�n sobre los 76 casos que, a d�a de hoy, a�n figuran etiquetados como ‘de origen desconocido o en estudio‘. Hablamos de un 32,1% de los casos, todo un piloto encendido que anuncia una posible circulaci�n end�mica del virus, tambi�n a ojos de la OMS.
En 2025, y posteriormente a la evaluaci�n de la OMS, los n�meros empeoraron. De 227 pasamos a 397 casos, 194 de origen desconocido, casi la mitad (un 48,9%) de los casos confirmados. “Esto est� indicando que el virus est� circulando y que, por lo tanto, Espa�a ha pasado de ser un pa�s libre de sarampi�n a un pa�s end�mico”, explica Moraga-Llop.
Antoni Trilla a�ade otro punto a tener en cuenta, “llama la atenci�n una frase que queda un poco oculta en las recomendaciones del comit�, que viene a decir que para saber si tenemos o no transmisi�n interna es importante saber qu� tipo de cepa o de variante circula”. El epidemi�logo considera que quiz� no se contaba con toda la informaci�n gen�tica necesaria y se opt� por considerar que hab�a transmisi�n interna en algunos casos que quiz� se podr�an haber descartado.
Lo cierto es que en el escenario actual de reemergencia los casos importados seguir�n siendo una realidad, y debemos hacerle frente. “El problema siempre es no estar vacunado“, advierte el portavoz de la AEV, “no es culpa ni de viajar al extranjero ni de ser inmigrante: si una persona viaja a Marruecos sin estar vacunada, puede volver con el sarampi�n; si una persona inmigrante no vacunada viene con el sarampi�n, puede provocar un brote o contagiar a otros”. La consecuencia es la misma y el denominador com�n tambi�n: la falta de vacuna.
El sarampi�n lleva alejado de nuestro d�a a d�a hace mucho tiempo, de hecho para los nacidos a partir de los a�os 80 es probable que ni siquiera sea un recuerdo. Por eso conviene explicar que el sarampi�n es una enfermedad muy contagiosa, junto con la tosferina es una de las m�s transmisibles, y sus consecuencias no son menores. “Uno de cada mil infectados se muere de sarampi�n“, recuerda Trilla, “y eso es lo que la vacuna tambi�n reduce, adem�s de las posibilidades de complicaci�n como neumon�as, gastroenteritis u otros problemas graves”.
Debido a su alta transmisibilidad la cobertura vacunal necesaria para contenerla ha de ser tambi�n muy elevada, de un 95%. El porcentaje necesario para alcanzar la inmunidad de grupo var�a con cada enfermedad, teniendo en cuenta su contagio y la efectividad de la vacuna. Afortunadamente la del sarampi�n (que en muchos pa�ses como Espa�a, forma parte de la triple v�rica) no solo es segura, tambi�n es muy eficaz, un 93% en una primera dosis y entre un 97%-100% con la segunda. Eso significa que la poblaci�n vacunada supone un aut�ntico escudo de contenci�n, pero en ausencia de la inmunizaci�n cualquier persona susceptible se convertir�, casi con toda seguridad, en un nuevo caso.
�Qu� debemos hacer para retomar el camino hacia la eliminaci�n? El epidemi�logo Antoni Trilla fija varios objetivos:
Accesibilidad a la vacuna: es algo que se ha puesto encima de la mesa en los pa�ses de nuestro entorno con peores datos, como Reino Unido, en el que adem�s funciona un sistema sanitario similar al nuestro. Es necesario acercar m�s la vacuna, hacer una buena campa�a y facilitar el camino a quien puede estar interesado en poner su calendario al d�a.
Vigilancia epidemiol�gica y diagn�stico: Trilla advierte que los m�dicos y las enfermeras han de volver a pensar en el sarampi�n como una posibilidad, ya que, aunque a priori es una enfermedad f�cil de diagnosticar, la falta de experiencia puede llevar a enga�o o retrasar una acci�n que puede ser fundamental.
De igual modo el epidemi�logo considera que, con el n�mero actual de casos, deber�amos tener capacidad para establecer correctamente los diagn�sticos desde el punto de vista virol�gico, enviando las muestras a los laboratorios de referencia para hacer las tipificaciones.
Por �ltimo y no menos importante, hemos de mejorar la cobertura vacunal. “Estamos muy bien, por ejemplo, si nos comparamos con Ruman�a”, explica Fernando Moraga-Llop, “pero no tenemos una excelencia”. El pediatra recuerda que si bien la cobertura para la primera dosis es de un 97,3%, la segunda no llega al 95% requerido (93,7%) y en cualquier caso hablamos de medias nacionales: varias comunidades aut�nomas se encuentran en porcentajes algo m�s preocupantes.
�A qu� se debe este descenso? Los dos expertos coinciden en que la poblaci�n inmigrante en l�neas generales acoge sin reticencias la puesta al d�a de sus calendarios de vacunaci�n. “Lo importante es que los ni�os, en cuanto lleguen, entren en contacto con el sistema sanitario”, explica Trilla, “y que les expliquen bien que las vacunas aqu� funcionan, que son seguras y que tienen derecho a todas las vacunaciones y existen pautas para ponerles al d�a aunque solo se hayan puesto dos de las 12 o 13 que se tendr�an que haber puesto”.
Otro ‘sospechoso habitual’ son los antivacunas, pero de nuevo los expertos coinciden en que, aunque hacen mucho ruido, no son tan numerosos ni la explicaci�n a este descenso en las coberturas en nuestro pa�s. Lo que s� que han aumentado sin embargo son las dudas o el miedo a reacciones adversas, posturas que normalmente se reflejan, seg�n explica Moraga-Llop, en demoras en las dosis o incluso en la solicitud de vacunar contra cada virus de forma independiente, algo que en Espa�a no es posible ya que el sarampi�n, por ejemplo, forma parte de la triple v�rica, que vacuna tambi�n contra la rub�ola y la parotiditis.
La clave est� quiz�, en grupos m�s reducidos y focalizados, ya sea una comunidad escolar o un grupo familiar sin un asentamiento estable. “Ser�a muy bueno conocer las coberturas por zonas, por distritos o grupos”, reclama el portavoz de la AEV, “hemos de aumentar la cobertura de vacunaci�n, pero incidir con estrategias vacunales espec�ficas a los colectivos de alto riesgo”.
Adem�s de esto hay otros dos frentes abiertos: uno es el del posible adelanto de la segunda dosis, ya que el contacto con el sistema sanitario se va perdiendo a medida que los ni�os crecen, y de ah� que las primeras dosis alcancen una mayor cobertura. Y el otro se dirige a los adultos, se estima que los nacidos antes del 78 pasaron por el sarampi�n en su infancia pero a partir de ah� comenzaron las campa�as de vacunaci�n y en algunos casos existen dudas de si se pusieron una o las dos dosis, o incluso de si es posible haber perdido algo de inmunidad. “Si hay dudas se aconseja revacunar o poner una segunda dosis“, explica Trilla, “que es lo que quiz� tambi�n puede ser un agujero en el momento en que haya una cierta propagaci�n”.
�Podremos erradicar el sarampi�n? Tenemos todos los elementos necesarios, pero falta que el esfuerzo sea conjunto. Eso s�, la recompensa merece la pena. Moraga-Llop recuerda que el Programa Ampliado de Inmunizaci�n (PAI), que celebr� su cincuenta aniversario en 2024, ha evitado m�s de 150 millones de muertes por enfermedades prevenibles por vacunas, 93 millones solo por el sarampi�n.





