Internacional
La fiscal española que descubrió que su propio tío fue un genocida argentino: "Asusta pensar que tuvo que ver con el sufrimiento de tantas personas"
Para ser fiscal se necesita un tipo de piel. Gruesa. Hay quien la llama piel de elefante. Esta lecci�n la ha interiorizado a fuerza la fiscal Alexandra Garc�a Tabernero (Barcelona, 1991). El consejo lo recibi� en relaci�n a su oficio. M�s tarde la vida le ense�� que no est� de m�s tener esa piel siempre a mano. Por lo que pueda pasar, por lo que se pueda averiguar sin pretenderlo.
Se encontraba en su Barcelona natal cuando, en plena cena familiar, se le revela que comparte parentesco con Reinaldo Tabernero, militar argentino durante la dictadura de Jorge Rafael Videla. Un coronel que fue, adem�s, investigado por cr�menes de lesa humanidad. Primero, como es de esperar, llega la negaci�n. �Una negaci�n f�rrea�, dice. �Lo primero fue pensar que no pod�a ser que yo, siendo fiscal, tenga un t�o, aunque lejano, en prisi�n por genocidio, por cr�menes de lesa�. A�os m�s tarde, Garc�a Tabernero dedica al t�o que nunca lleg� a conocer una carta en forma de libro. Carta al coronel (Debate) nace a partir de la conversaci�n que la autora desea haber podido tener con �l y de la investigaci�n a la que se aboc� a partir de archivos, un viaje a Argentina y conversaciones con algunas de las v�ctimas que sobrevivieron a los horrores que propici� la dictadura militar de los a�os 70 y 80.
- Dice que, si su t�o siguiera vivo, se sentar�a cara a cara con �l y le har�a las preguntas necesarias.
- Sin pensarlo. Me habr�a sentado delante de �l y le habr�a dicho: ‘Yo soy fiscal, acabo de saber de nuestro parentesco, me gustar�a que me contaras c�mo viviste t� aquello’. No a modo de pasarle cuenta, sino para satisfacer mi propio asombro, mi propia negaci�n, para comprender todos los sentimientos que me surgen y que, como es l�gico me cuesta entender y aceptar. Reinaldo Tabernero muere preso en 2007, antes de que su juicio pudiera determinar su culpabilidad o inocencia. Pas� dos a�os en prisi�n, sin ser propiamente condenado.
�Soy jurista. Lo primero que te ense�an en la facultad de Derecho es que todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario en un proceso p�blico con todas las garant�as�, dice a modo de mandamiento. El proceso de investigaci�n e involucraci�n emocional de Garc�a Tabernero la llev� por un camino enzarzado de dudas.
�No aclararte es una bomba emocional�, confiesa la fiscal. Y sigue: �Es una tesitura complicada, porque no hay t�rmino medio. Cuando ves que no hay grises por ning�n lado, se hace dif�cil. No puedes buscar la tranquilidad en una tregua intermedia. O fue un cabeza de turco, o fue una persona muy, muy mala. Asusta pensar que tuvo algo que ver con el sufrimiento de todas esas personas que fueron torturadas�. La autora encuentra algo de confort y catarsis en poner sus dos yoes en polos opuestos de esta ecuaci�n.
Est� la Alexandra Garc�a Tabernero jurista. Profesional. La persona que valora indicios y termina formulando una acusaci�n. La que se ve obligada a escudarse con piel gruesa y pragmatismo. Luego est� Alex. Su yo m�s �ntimo. Desapegado de su oficio. Alex, que escribe esta carta a pecho descubierto. �Quise deslindarlo porque lo que me interesaba era explorar las sensaciones como familiar, como persona que descubre lo que yo descubr�, que investiga y recaba testimonios para su propio beneficio. En mi caso, para intentar buscar la aceptaci�n�, cuenta.
La fiscal Alexandra Garc�a Tabernero.
“Cuando hay lazos familiares de por medio, inevitablemente tiendes a excusar a dicha persona. Lo l�gico es aferrarse a la duda razonable”
- �Es posible ser objetiva a la hora de formar una opini�n sobre un potencial criminal cuando hay lazos familiares de por medio?
- Mi opini�n sobre �l no fue en ning�n momento un lienzo en blanco. Desde el primer minuto supe que �ramos familia. Inevitablemente eso provoca que uno tienda a excusar a dicha persona. Yo me sigo dedicando a lo que me dedico, he estado en La Haya persiguiendo a militares acusados de cr�menes de lesa humanidad, pero cuando se trata de tu propia familia, de tu sangre… de entrada te aferras a la duda razonable, a la posible versi�n excusatoria.
- �Con qu� tipo de dudas se top�?
- Hab�a momentos, cuando todav�a no ten�a tanta informaci�n, en los que me preguntaba: �Y si estuvo en el lugar equivocado, en el cargo equivocado, en el momento equivocado? �Y si �l no estuvo c�modo con lo que se estaba haciendo?
La cifra emblem�tica que se usa por organizaciones de derechos humanos para estimar el n�mero de desaparecidos entre 1976 y 1983 en Argentina es de 30.000. El propio Videla cifr� entre 7.000 y 8.000 el n�mero de ciudadanos asesinados durante su dictadura. Estos n�meros no tienen en cuenta las v�ctimas de tortura y abusos.
En 2025 Alex viaja a Argentina. Un viaje, en teor�a ocioso, que acab� convirti�ndose en la columna vertebral de su investigaci�n, tambi�n de su libro: �Creo que hubo un error de c�lculo. Ese viaje iba a ser un viaje de amigas, de disfrute. Luego apareci� la voluntad de recabar informaci�n. Lo que acaba ocurriendo es que los testimonios personales de v�ctimas me atraviesan hasta unos l�mites inimaginables. Eso me traspasa la piel. La experiencia humana llega a ser m�s intensa y de mayor calado que cualquier cosa que yo hubiera podido imaginar antes de subirme al avi�n�.
- �Hubo resistencia al decidir contactar con las v�ctimas?
- Por supuesto. �C�mo puedes ir y decirle a la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo [la ONG cuyo objetivo es restituir la identidad de aquellos ni�os que fueron apropiados durante la dictadura] que soy sobrina de uno de los que termin� preso por los cr�menes de aquella �poca? A su hija la secuestraron y asesinaron. Ah� se me cortaba la respiraci�n. Tambi�n entrevist� a v�ctimas de torturas y de apropiaci�n de ni�os. No me pod�a quitar de dentro la sensaci�n o el pensamiento de que, quiz�s, mi t�o tuvo algo que ver, algo de responsabilidad en el dolor que atravesaron esas personas. Eso, inevitablemente, te congela.
El Coronel Reinaldo Tabernero
Carta al coronel no es una sola cosa. Tampoco pretende serlo. Es de esperar que, en alg�n punto de la conversaci�n, la fiscal que habita en Alex busque asomar la cabeza. Entre las l�neas escritas en primera persona de Alex a Reinaldo, de sobrina a t�o, se cuela alguna que otra reflexi�n sobre responsabilidad, sobre las fallas que inevitablemente aparecen en los sistemas judiciales y penales y, c�mo no, sobre heridas familiares. �Esta experiencia me ha hecho vivir el Derecho Penal de una forma algo distinta, con otros matices. Yo jam�s me ve�a al otro lado de los estrados. Ahora, con este caso de implicaci�n familiar tan fuerte, todo lo que hago ha adquirido much�simo m�s sentido�.
Alex habla de una asimetr�a vital casi profetizada y de una culpa que, todav�a, no tiene del todo claro si se hereda. Hablar de responsabilidad, ya es otra cosa, cree. �No es culpa, no. Pero me siento responsable. Me consta que para determinadas personas este libro genera un efecto reparador. Mi esperanza es que tambi�n lo pueda generar para personas ajenas a mi familia que vivieron esa �poca�, dice. Y sigue: �El libro no es un juicio, pero creo que puede llegar a ser una forma de justicia con el pasado y con la historia familiar�.
La autora encuentra alg�n que otro paralelismo entre el caso de Reinaldo Tabernero y lo que conoci� trabajando en el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia. Exigir alg�n tipo de disculpa, perd�n, o arrepentimiento es entrar en terreno pantanoso: �Son casos ideologizados. Se consideran h�roes y, por eso, estos militares esperaban medallas del Estado, nada m�s. No puedo decir qu� es lo que mi t�o habr�a dicho, c�mo se hubiera presentado, pero los casos m�s parecidos me sugieren que en estas situaciones, los militares se perciben como salvadores de la patria, como h�roes nacionales�.
“Cuando el fiscal que llev� el caso me cont� que nos parec�amos f�sicamente me dio un vuelco el coraz�n. Es la sangre, es el apellido”
- En el libro habla de la indiferencia social ante lo sucedido en Argentina. �Por qu� cree que tantas sociedades eligen mirar hacia otro lado cuando el horror no les toca directamente?
- Hay un punto de ignorancia deliberada. Tambi�n de miedo. En sociolog�a se habla de la socializaci�n del miedo cuando se quiere describir estas ocultaciones, esos silencios en las familias que han sobrevivido a periodos de dictaduras, de guerras… es la din�mica social que se instaura. No es sorprendente. El ser humano tiende a solventar problemas a base de enterrar bajo la alfombra.
- El n�cleo del libro es el terrorismo de Estado. Con lo que ha visto como fiscal, �qu� tiene que romperse dentro de una democracia para que ocurra algo as�?
- La tranquilidad social, la confianza en los poderes del Estado y la separaci�n entre esos poderes. En Argentina ven�an de vivir seis golpes de Estado en los �ltimos 50 a�os. Yo habl� con argentinos que me dec�an que no esperaban todo lo que vino. Creo que muchas sociedades se ven atrapadas: ya es muy tarde, ya est� institucionalizado, ya est� sistematizado. Pueden fallar varias cosas, pero la receta, creo, es una quiebra de la confianza en los poderes p�blicos y, sobre todo, la inestabilidad. Creo que nunca se est� a salvo.
- Reinaldo muri� antes de ser juzgado, algo que le sucedi� a muchos criminales similares. �Se puede hablar de justicia cuando llega tan tarde?
- Muchas v�ctimas se quedan con la sensaci�n de que hubo personas que lograron escapar a trav�s del fallecimiento. En el caso de mi t�o, en 1986, las Abuelas de Plaza de Mayo piden su procesamiento. Lo que ocurre es que, por la aprobaci�n de ciertas leyes, durante 20 a�os no puede ser procesado hasta 2005. A �l le pilla al final de su vida y muere en prisi�n, pero sin ser juzgado. Algunos burlaron la justicia.
- Cuenta que un fiscal que llev� el caso de su t�o recalc� que ustedes se parec�an f�sicamente.
- Me dio un vuelco en el coraz�n. Es la sangre, es la apariencia f�sica, es el apellido. Lo es todo.





