Internacional
'Yellow Letters' del turco-alemán Ilker Çatak, Oso de Oro a mejor película de la Berlinale
En general, las galas de premios suelen ser aburridas. La del s�bado por la noche que daba por concluida la edici�n n�mero 76 de la Berlinale no fue una excepci�n. Fue aburrida. Sin embargo, fue relevante. S�, sorpresa, se puede ser aburrido y, a�n as�, significativo. Sobre el escenario se represent� de nuevo el argumento m�s visible que ha perseguido todo el certamen desde su inauguraci�n. Tres opciones a debate: a) Los cineastas no deben hablar de pol�tica, que para eso hacen pel�culas que hablan por s� mismas; b) Al contrario, los directores son personas p�blicas con un altavoz que, aunque solo sea por decencia, bien est� que lo usen y que lo usen para el bien; Y c) la �ltima, �acaso no es compatible lo uno con lo otro? El director turco-alem�n Ilker �atak, responsable de Yellow Letters, premiada con el Oso de Oro, est� claramente a favor de la opci�n a), como el propio presidente del jurado Wim Wenders. Recu�rdese, la tormenta que arrastramos desde el primer d�a en la Berlinale se desencaden� en la rueda de prensa de presentaci�n cuando el director alem�n de El cielo sobre Berl�n se expres� a favor de “dejar la pol�tica al margen”. El s�bado en la gala, un paso m�s adelante, reclam� “uni�n de cineastas, periodistas y activistas en un mundo fuera de control”. Es decir, insisti�, aunque corrigi� el tiro, y avis� contra los que pretenden malbaratar sus palabras de antes, que son la reacci�n, los malos. Y �atak, a su modo, le dio la raz�n: “El enemigo no puede ser uno de los nuestros, sino los otros”, dijo al recoger el trofeo.
La ceremonia, con sus largas pausas, sus discursos rimbombantes y su lista interminable de premios (aburrida, por tanto) se hizo cargo del debate. El palmar�s tambi�n. Yellow letters es una pel�cula eminentemente pol�tica que habla, en general, de los mecanismos de las dictaduras para silenciar las cr�ticas y, muy concretamente, radiograf�a con dureza y claridad la que ahora mismo ostenta el poder en Turqu�a. El t�tulo se refiere a las cartas amarillas que env�a el gobierno a los profesores que considera inc�modos con el r�gimen. Es, obviamente, una notificaci�n de despido. Desde ah�, desde la inmanencia de un drama pol�tico, la propuesta de �atak avanza hasta convertirse en una atinada y grave reflexi�n sobre el poder del arte, sobre el dilema que asiste a todo artista entre resistir o venderse al poder y sobre el poder simplemente. Se dir�a que la cinta se hizo para ilustrar el debate que ha ocupado la Berlinale y, desde este punto de vista, pocos premios m�s ajustados a raz�n. �Justos? Desde un punto estrictamente estricto, no. En la competici�n hab�a al menos dos trabajos mucho m�s notables. Pero, se quiera o no, aqu� manda la pol�tica.
El segundo premio en consideraci�n sigui� exactamente la misma pauta y, as�, el Gran Premio del Jurado fue para Salvation, del tambi�n turco Emin Alper. Subi� al estrado y all� habl� de la soledad m�s grave de todas ellas, que no es sino la soledad de los que sufren. Y cit� a Palestina, a Ir�n y, uno a uno, a los presos pol�ticos m�s destacados de, en efecto, Turqu�a: el l�der kurdo Selahattin Demirta, el empresario Osman Kavala o el alcalde de Estambul Ekrem Imamolu. Alper es del grupo b) y del c) tambi�n. Salvation es una f�bula, y met�fora, sobre el modo c�mo el miedo se filtra en las sociedades hasta lograr el objetivo de deshumanizar al otro; de repente, descubierto como enemigo. No es una pel�cula sutil, pero s� efectiva.
Hubo que esperar al Premio Especial del Jurado para ver, por fin, a la mejor pel�cula del festival. Esta s�. Queen at Sea, de Lace Hammer, lo tiene todo para ganar �ste y otros mil premios como �ste, pero, vaya por dios, no es todo lo pol�tica en su sentido m�s pedestre que deber�a. Es pol�tica, como todas las producciones art�sticas de consideraci�n, pero en su sentido m�s profundo y alejado de proclamas. Para ella fueron adem�s los premios (en plural) a los actores secundarios en la piel y los modos amables de Anna Calder-Marshall y Tom Courtenay, que escoltan a Juliette Binoche en el soberbio y perfecto reparto. La pel�cula sigue a una pareja de ancianos sorprendidos por la hija de la segunda e hijastra del primero mientras mientras practican el sexo. Todo ser�a normal si no fuera porque ella padece demencia. Entonces surgen las preguntas, las alarmas y los gestos inc�modos. Hablamos, claro est�, de los l�mites del consentimiento. Hablamos de la vejez desasistida. Hablamos de la responsabilidad de los descendientes. Hablamos de nuestro presente y de nuestro futuro cercano (para algunos m�s cerca que para otros). Digamos que, desde este aut�ntico muro de dudas, el director Lance Hammer levanta un monumento de granito que, de repente, se nos viene encima. No es una pel�cula para admirar porque, sencillamente, nos aplasta. Nos aplasta espiritual y, en efecto, pol�ticamente.
El resto de los premios obedecieron el guion esencialmente err�tico del palmar�s. No hubo grandes errores, pero tampoco aciertos memorables. Que la direcci�n fuera para Grant Gee por Everybody Digs Bill Evans admite pocas dudas. El cineasta antes fajado en el documental recrea uno de los discos m�s emblem�ticos del jazz de la mano de una de las vidas m�s torturadas del jazz con una maestr�a ella misma jazz�stica, por libre, inspirada y bella. Y que el premios a la interpretaci�n principal recayera en Sandra H�ller por Rose, de Markus Schleinzer, en Alemania es uno de los art�culos de la Constituci�n. Si trabaja ella, se la premia. Y ya. Se ech� de menos a Moscas, de Fernando Eimcke, o a Wolfram, de Warwick Thornton, o a Josephine, de Beth de Ara�jo, pero la vida y la Berlinale siguen.
Como sigui� la gala para intentar rebatir a Wenders y hasta a la propia directora del festival Tricia Tuttle. Pong�monos en antecedentes. La Berlinale naci� este a�o con la declarada intenci�n de no tener intenci�n alguna; es decir, de evitar cualquier comentario pol�tico. Y acab� devorada por las intenciones; es decir, enfangada en el desbarajuste pol�tico de todos los d�as. Todo fueron intenciones y no todas buenas. El segundo a�o de Tricia Tuttle como directora se salda as� con un balance tan confuso como cada una de sus cartas abiertas desde que lleg� al cargo. La primera, hagamos memoria, fue redactada para apoyar a Wenders tras sus palabras de la pol�tica y los m�rgenes. La �ltima la envi� nada m�s empezar la ceremonia. All� volvi� a insistir en la diversidad en un mundo polarizado, en la relevancia de una instituci�n cultural como la que dirige… y todo para concluir entre aplausos propios y ajenos que “si la Berlinale ha sido emocionantemente intensa, eso significa que el cine ha hecho su trabajo”. Y punto, le falt� a�adir.
Pues bien, fue entregar el premio a mejor debut para Chronicles from the Siege (Cr�nicas del asedio), del director argelino-palestino Abdallah Al-Khatib, y todas las intenciones de neutralidad, tranquilidad y equidistancia saltaron por los aires. El director, cuya pel�cula es una representaci�n muy gr�fica sobre las formas de supervivencia en un lugar sin nombre demasiado parecido a Gaza, acus� al Gobierno alem�n de complicidad con el genocidio. “Me han aconsejado que no diga ciertas cosas porque soy refugiado en Alemania, pero me importa m�s el pueblo palestino”, dijo antes de soltar su particular bomba contra el silencio: “Cuando sea libre, Palestina se acordar� de los que la apoyaron y de los que estuvieron en contra o callaron”. Claramente, este hombre es de la opci�n b) y de la c) tambi�n.
Tuttle lleg�, dec�amos, para hacer que las cosas fueran diferentes. Y as� han sido, distintas, pero no, de momento, para mejor. Solo ha habido m�s ruido, mucho m�s que cuando el festival presum�a sin m�s de lo que era: un festival pol�tico. As� las cosas, “Las pel�culas hablan por s� mismas”, dice Ilker �atar. “Nos acordaremos de los que callen”, responde Abdallah Al-Khatib. a) contra b). Y as�.
PALMAR�S BERLINALE 2026
Oso de Oro.Yellow Letters, de Ilker �atak.
Gran Premio del Jurado. Salvation, de Emin Alper.
Premio del Jurado.Queen at Sea, de Lance Hammer.
Director. Grant Gee por Everybody Digs Bill Evans.
Interpretaci�n principal. Sandra H�ller por Rose, de Markus Schleinzer.
Interpretaci�n de reparto. Anna Calder-Marshall y Tom Courtenay por Queen at Sea, de Lance Hammer.
Guion. Genevi�ve Dulude-De Celles por Nina Roza, de Genevi�ve Dulude-De Celles.
Contribuci�n art�stica.Yo (Love is a Rebellious Bird), de Anna Fitch y Banker White.



