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Hábitos en España, el país que vibra con el fútbol y corre en silencio: así es su doble vida deportiva
España sigue soñando con balones. Pero cada vez más amanece con zapatillas de correr. Esa es la paradoja que retrata el 3º Barómetro de Hábitos Deportivos en España – Edición 2025, elaborado por SPSG Consulting a partir de 1.239 encuestas en nueve áreas metropolitanas en diciembre de 2025, con un error estadístico del 2,78% y un nivel de confianza del 95,5%.
Hábitos deportivos en España.
El estudio confirma lo que ya se intuía. El país mantiene una fidelidad casi estructural al fútbol como espectáculo. En la práctica cotidiana, sin embargo, el mapa se diversifica y se descentraliza.
Los números son claros. El 80,8% de los españoles declara seguir el fútbol. Muy por encima del tenis (39,3%) y el baloncesto (37,5%), que completan el podio de deportes con mayor afición. La Fórmula 1 (16%) y el ciclismo (12,4%) cierran el top cinco. La fotografía apenas cambia respecto a años anteriores. El fútbol es el gran relato compartido, transversal a género y edad, idioma común de la grada y del prime time.
La escena cambia cuando la pregunta pasa de “qué sigues” a “qué practicas”. Ahí el relato se complica. Fútbol (22,6%) y running (22,0%) lideran la práctica deportiva en un empate técnico. Tras ellos aparecen el pádel (18,2%), la natación (17,6%), andar o senderismo (15,4%) y el ciclismo (13,9%). El balón monopoliza la conversación pública, pero comparte casi al milímetro el esfuerzo real con una disciplina silenciosa, individual y ubicua como el running.
Ahí se abre la grieta más sugerente del barómetro. El gap entre lo que se mira y lo que se hace. Fútbol, tenis, baloncesto y Fórmula 1 figuran entre los deportes mucho más seguidos que practicados. Running, pádel y natación presentan el fenómeno inverso. Millones de practicantes y una visibilidad mediática menor. El running, en particular, encarna esa comunidad descentralizada que no necesita estadio ni retransmisión. Basta una acera, un parque y media hora libre. No genera audiencias millonarias, pero sí hábitos sostenidos.
La segmentación por género y edad afina el dibujo. El fútbol mantiene su dominio entre los hombres y los más jóvenes, especialmente entre los 18 y 39 años. El running es el gran integrador. Segundo deporte más practicado tanto por hombres como por mujeres y primera opción entre los 40 y 49 años. En el caso femenino, caminar o hacer senderismo es la actividad más practicada. La natación gana peso relativo entre las mujeres frente a los hombres. Entre los mayores de 60 años, el senderismo se consolida como primera opción. El deporte también entiende de ciclos vitales.
El pádel merece capítulo propio. Tercero en el ranking de práctica y séptimo en número de federados según los datos comparados con el CSD, refleja un crecimiento sostenido y una expansión que ya no parece coyuntural. Su carácter social, la accesibilidad técnica y la proliferación de instalaciones lo han convertido en una de las señas del deporte urbano contemporáneo.
El barómetro cruza práctica, seguimiento y licencias federativas. Y aparecen desajustes reveladores. El baloncesto es segundo en federados pero noveno en práctica declarada. La natación no figura entre los diez primeros por licencias, pero es cuarta en práctica. Golf y voleibol mantienen peso federativo sin una correspondencia equivalente en seguimiento masivo. España no se mueve solo por lo que televisa, sino por lo que le encaja en la agenda diaria.
Unos datos que hablan muy claro
Desde el patrocinio, la lectura es estratégica. Según Carlos Cantó, CEO de SPSG Consulting, “en términos de patrocinio, las marcas no sólo deben analizar audiencias y seguimiento sino, en numerosos deportes, el grado de práctica de los mismos. Así, por ejemplo, en los casos de atletismo y natación, así como padel, es más relevante el número de practicantes que el número de seguidores y audiencias de estos deportes. En consecuencia, las estrategias de activación del patrocinio deben también adaptarse, y focalizarse más en el desarrollo de comunidades y en una activación anti-estacional”. El foco se desplaza de la pantalla al hábito, del impacto puntual a la construcción de comunidad.
El estudio apunta otro matiz. La distancia entre práctica y seguimiento se reduce en contextos excepcionales como Juegos Olímpicos o grandes campeonatos internacionales, especialmente cuando hay éxitos españoles. Es un seguimiento emocional y estacional, ligado a la medalla. Después, casi todos regresan a su rutina. A la piscina municipal, al carril bici o al circuito del parque.
Más allá de los porcentajes, el barómetro dibuja una transformación silenciosa. El espectáculo sigue siendo hegemónico en conversación y audiencia. La práctica, en cambio, se democratiza y se atomiza. El deporte se desplaza del estadio al barrio, del abono a esa suscripción invisible con uno mismo y con la salud.
Entre la retransmisión del domingo y la bocanada de aire frío en una mañana de invierno, España ajusta su brújula deportiva. El balón sigue rodando en la pantalla. Las zapatillas, mientras tanto, golpean el asfalto antes de que amanezca.




