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Trump, enfurecido, arremete contra el Supremo por los aranceles: "es profundamente decepcionante y me avergüenzo de ciertos jueces por no tener el coraje de hacer lo que es correcto" son "perros falderos"
“El fallo es profundamente decepcionante y me avergüenzo de ciertos jueces por no tener el coraje de hacer lo que es correcto para nuestro país”. Con estas palabras, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reaccionó a la decisión del Tribunal Supremo, que este viernes ha declarado ilegales casi todos sus aranceles. La sentencia ha provocado un estallido de furia en el mandatario, que ha arremetido contra los seis jueces que no le apoyaron —dos de ellos nombrados por él mismo en su primer mandato—.
Trump los acusó de cobardes, de carecer de la “fortaleza, sabiduría y amor por Estados Unidos” que, según él, sí tienen Thomas, Alito y Kavanaugh. Les reprochó ser “políticamente correctos”, además de “tontos y perros falderos de los RINOS y de los demócratas radicales de izquierda”. Añadió que son antipatriotas y desleales a la Constitución, y responsabilizó al Supremo de que “países extranjeros que nos han estafado durante años estén eufóricos”. En su intervención llegó a afirmar que ganó las elecciones “por millones de votos”, insistiendo en que la corte ha sido influida por intereses ajenos y por un movimiento político reducido.
El presidente ha ordenado activar todos los mecanismos alternativos para mantener los gravámenes, empezando por un nuevo arancel global del 10% apelando a una disposición oscura para casos de desequilibrios comerciales. Aunque su equipo reconoce que son herramientas más limitadas, complejas y en algunos casos inéditas, lo que anticipa nuevas batallas judiciales. Esa medida, sin ir más lejos, sólo la podría mantener durante 150 días sin la intervención del Congreso. Y como nunca se ha usado hay enormes dudas sobre sus límites.
“Ahora se utilizarán otras alternativas para reemplazar las que el tribunal rechazó incorrectamente. Tenemos alternativas que podrían darnos más dinero. Recibiremos más dinero y seremos mucho más fuertes gracias a ello”, prometió Trump, insistiendo en que el país seguirá ingresando “cientos de miles de millones de dólares”.
El revés es profundo para la administración: afecta no solo a la política comercial, económica y fiscal, sino también al principal instrumento de presión exterior utilizado por Trump en los últimos 12 meses. Contra enemigos, rivales, pero también contra socios y aliados, los aranceles han sido su respuesta automática a cualquier gesto o declaración que considerara hostil. Ahora, la medida estrella ha quedado completamente anulada. Ni los llamados “aranceles recíprocos” ni los dirigidos a China, Canadá o México pueden mantenerse, y el dinero recaudado podría tener que ser devuelto en un proceso complejo que el Supremo deja en manos de tribunales inferiores. El propio Trump ha anticipado litigios durante los próximos cinco años y ha tachado la sentencia de “terrible”, “defectuosa” y “no redactada por personas inteligentes”.
Trump expresó su frustración con la interpretación del Supremo, que ha dejado claro que usar la ley de emergencia económica para imponer gravámenes globales viola el derecho. Esa norma da poderes amplios al presidente, pero no le autoriza a fijar aranceles sin el aval del Congreso. “Puedo cortar todo el comercio con un país, puedo destruirlo con un embargo. Puedo hacer lo que quiera, pero no puedo cobrar un dólar. No puedo cobrarles nada”, lamentó.
Pese al revés, anunció que firmará “con efecto inmediato” una orden para imponer un arancel global del 10% al amparo de la Sección 122, además de los gravámenes ya vigentes. También iniciará nuevas investigaciones bajo la Sección 301 para combatir prácticas comerciales “desleales”.
La Casa Blanca llevaba meses preparando escenarios alternativos ante un fallo adverso. Entre las opciones, además de la Sección 301, figura la ya mencionada Sección 122, nunca utilizada hasta ahora, que permite imponer un recargo de hasta el 15% durante cinco meses cuando existe un “déficit comercial injustificado”, prorrogable solo si el Congreso lo aprueba. Una herramienta que, paradójicamente, refleja el foco de obsesión del presidente: la balanza comercial. Aunque los republicanos controlan ambas cámaras, su pérdida de la Cámara de Representantes en noviembre es una posibilidad real.
Trump conoció la decisión mientras se reunía a puerta cerrada con los gobernadores en la Casa Blanca. Al recibir una nota con el veredicto, preguntó en voz baja si eso significaba que habían perdido. Informó a los asistentes con aparente calma inicial, calificó el fallo de “desgracia”, pero poco después estalló, cargó contra los “putos tribunales”, según fuentes citadas por CNN y The Wall Street Journal, y dio por terminado el acto para preparar la respuesta oficial. Su equipo convocó una rueda de prensa extraordinaria.
El Supremo, con mayoría conservadora de 6 a 3, había apoyado a la administración en prácticamente todos los grandes asuntos del último año y medio: desde la inmunidad presidencial en “asuntos oficiales” hasta decisiones regulatorias, migratorias o de competencias. Por eso Trump daba por hecho que el tribunal avalaría también el núcleo de su política arancelaria. Este mismo jueves, en un mitin en Georgia, aseguró que como presidente podía hacer “lo que quisiera” con los aranceles.



