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Yo te creo, Vini, pero o cambias…, por Joaquín Luna
Palabra contra palabra, yo sí intuyo que el argentino Gianluca Prestianni insultó con el racista “mono” a Vinícius, después de su golazo. ¿Pruebas? No existen. ¿Indicios? Sobran. Las reacciones, ese taparse la boca con la camiseta, el momento del partido propicio para provocaciones, las reacciones post-match en las que de haberle llamado otra cosa, Prestianni hubiese salido jurando por su madre que le llamó “tonto”. Aún así, no será fácil para la UEFA imponer un castigo ejemplar sin otra cosa que indicios (ningún jugador escuchó el diálogo).
Gianluca Prestianni disputa un balón con Vinicius
Yo creo a Vinícius y, en consecuencia, me parece bien el parón, las repulsas y la pena de telediario a Prestianni, al que lo de canchero y argentino no ayuda, al contrario (espero que nadie vea en esto argentinofobia ). Juraría que fue a la yugular del contrario que venía de marcar y supuso que llamarle “mono” podría desestabilizarle. Si al menos le hubiese dicho hijoputa, maricón o “me cepillo a tu madre” estaríamos en la intimidad de que lo se dice en el campo se queda en el campo.
Los indicios avalan que hubo racismo y punto, de igual modo que la samba en el córner fue sexual
Recuerdo de niño la primera vez que escuché a un aficionado llamar “mono” a un futbolista, quizás porque eran escasos los mulatos o negros. Sucedió en un CE Europa-Real Zaragoza de Copa del Generalísimo, abril de 1967. El destinatario fue Sigi, fino estilista peruano…No me las doy de nada pero créanme que me incomodó aquel “¡mono!”.
También me incomoda esta sobreactuación de nosotros, los medios, al calificar episodios racistas como los del partido de Lisboa. Hay un exceso de verborrea y una escalada de adjetivos que bien nos podríamos ahorrar porque el racismo está mal y punto. Y creo que hubo racismo, como pienso que tiene su guasa aceptar al mismo tiempo como cosas del fútbol ciertos cruces dialécticos –los ya citados en párrafos anteriores–. Es sólo una observación.
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La historia tiene un malo y un bueno, Vinícius, de nuevo víctima del racismo en los campos. Ya es casualidad. Posee el defecto de ser el perejil de todas las salsas de la lucha contra el racismo y el tipo al que siempre le pasa lo que no le ocurre a otros futbolistas negros. Esta vez, desempeñó su lucrativa profesión con corrección hasta el gol. Lo siento: la supuesta samba junto al banderín de córner, cara al público, tuvo algo de simulación sexual fálica. ¿Qué tal si los profesionales como él empiezan a poner también algo de su parte y no de sus partes? Celebrar un gol también debería tener sus límites.
Cuando alguien amigo dice “ya sabemos como es Vini” le está llamando, en el fondo, algo parecido a tonto. Vamos a poner algo todos para evitar episodios racistas. Todos es todos.



