Internacional
Así es la situación actual de Gaza en su frágil alto el fuego con Israel: "En pausa, no hay mejoras"
La poblaci�n de la Franja de Gaza afronta su tercer Ramad�n bajo el estruendo de la guerra, aunque este a�o el mes sagrado coincide con una tregua tan fr�gil como necesaria. A pesar del cese parcial de las hostilidades, la realidad sobre el terreno sigue marcada por la destrucci�n masiva, el hacinamiento y un bloqueo que impide la llegada de suministros vitales. En Jan Yunis, la ciudad m�s grande del sur del enclave, familias como la de Reema intentan mantener vivas las tradiciones a pesar del dolor de las ausencias. Reema, una profesora que perdi� su hogar y a uno de sus tres hijos en un bombardeo, vive ahora en una tienda de campa�a tras ser desplazada en tres ocasiones. Para ella, el significado de estas fechas es agridulce: “Es dif�cil celebrar algo con todo lo que hemos perdido”. Junto a sus vecinos, ha improvisado mesas con tablas para romper el ayuno de forma comunitaria, una necesidad impuesta por la falta de recursos individuales.
“Antes era un festivo que movilizaba a todo el barrio, ahora lo celebramos sobre todo por los ni�os, porque hay que seguir adelante”, relata la docente. La log�stica del d�a a d�a se ha vuelto una lucha colectiva: “Antes cada vecino tra�a algo de casa pero ahora cocinamos juntos porque no tenemos hogar. Hacemos lo que podemos. Ahora hay m�s comida en el mercado, pero es muy cara”. Desde una perspectiva m�dica y humanitaria, la tregua ofrece un alivio estad�stico pero no una soluci�n real a la crisis. David Noguera, m�dico de M�dicos Sin Fronteras (MSF), advierte de que la calma es enga�osa: “Es una situaci�n que no es nada normal. Claro que se han logrado ciertos avances durante el alto el fuego, la ca�da de los �ndices de desnutrici�n lo indican. No avanzar hacia el exterminio total es bueno, pero el territorio est� como en pausa, no hay mejoras”.
Para muchos gazat�es, este periodo solo sirve para asimilar el trauma acumulado: “La tregua ha impactado mucho a la poblaci�n porque todo este tiempo han estado corriendo, huyendo. Ahora es cuando tienen un momento de pausa para pensar, para crear cierta estabilidad en sus vidas”. La geograf�a del conflicto tambi�n ha cambiado; los palestinos se encuentran ahora hacinados en el 53% del territorio, mientras Israel controla el 47% restante tras una “l�nea amarilla” donde se siguen produciendo incidentes. Michail Fotiadis, coordinador de emergencias de MSF, define la situaci�n actual de forma tajante: “Es un alto el fuego con actividades militares”. A pesar del silencio relativo de las armas, 600 palestinos han muerto en ataques israel�es desde que comenz� la tregua.
La habitabilidad en la Franja es pr�cticamente inexistente, con un 83% de los edificios destruidos. Las condiciones sanitarias son cr�ticas, con familias viviendo bajo pl�sticos y maderas que se inundan con las lluvias. Seg�n Noguera, “todos los sistemas est�n por iniciar”, refiri�ndose a la salud, educaci�n y urbanismo. Adem�s, las organizaciones humanitarias denuncian un bloqueo sistem�tico de materiales esenciales. Israel proh�be la entrada de sillas de ruedas y productos con glicerina por motivos de seguridad. “Todas las cremas que llevan glicerina est� prohibido porque (Israel) cree que se puede destilar para hacer bombas. Tampoco nos dejan entrar sillas de ruedas. Este tipo de cosas sinsentido”, denuncia Noguera.
Esta escasez ha fomentado un mercado negro donde los materiales prohibidos alcanzan precios astron�micos: “Nosotros tambi�n tenemos m�s materiales, pero seguimos con limitaciones masivas. No nos dejan entrar (a Gaza) ciertas medicinas, materiales de construcci�n y el�ctrico para hospitales. Es curioso porque han aparecido muchas de estas cosas en el sector privado, en el mercado negro, porque como siempre en las guerras hay gente que se hace rica”. La situaci�n tiende a agravarse debido a las nuevas leyes de registro impuestas por Israel, que afectan a 37 ONGs, incluida MSF.
Desde enero, el ingreso de medicamentos y personal especializado est� bloqueado. Fotiadis alerta sobre el agotamiento de los recursos: “Como otras organizaciones humanitarias, durante toda la guerra hemos tenido problemas para trabajar en Gaza, pero desde enero no podemos traer m�s medicamentos“. La presi�n sobre el personal local es insostenible: “Tampoco staff especializado. Los que se encontraban en Gaza han tenido que doblar rotaci�n. Ahora estamos utilizando lo que tenemos, pero alg�n d�a no vamos a tener m�s”. El Ramad�n transcurre as� entre la esperanza de que la comida llegue a los mercados y el temor constante de que los suministros m�dicos se agoten definitivamente. Mientras tanto, la poblaci�n sigue viviendo en una precariedad extrema donde “tiendas de campa�a” es solo un eufemismo para designar refugios de pl�stico entre escombros.



