Connect with us

Internacional

¿Viven las Leica M el mejor momento de su historia?

Published

on

Actualizado

Leica y Hasselblad son las únicas compañías europeas de fotografía que sobreviven en un mundo dominado con mano de hierro por Japón (cámaras) y, cada vez más, China (objetivos). De la marca sueca hablábamos hace poco para explicar cómo el capital asiático de DJI ha permitido a los de Gotemburgo centrarse en el diseño industrial y la experiencia de usuario. Sus lentes, sin embargo, se fabrican lejos de Europa. El caso de la alemana Leica es diferente: aunque a veces tunea el material de terceros y lo vende a otro precio bajo su escudo, lo normal es que sus productos estrella se fabriquen en Wetzlar, ciudad de 53.000 habitantes que forma parte de la historia del sector.

El año pasado, la firma germana celebró su centenario. Más importante aún es la pervivencia de su montura M, dedicada hasta hace muy poco a las cámaras telemétricas, esas que enfocan a la vieja usanza, juntando dos imágenes hasta que se alinean a la perfección. Se rompió la tradición con el lanzamiento de la Leica M EV1, también reseñada en estas páginas. Aquí se intenta una aproximación al público más generalista, pues la máquina dispone de un visor electrónico que facilita el enfoque -siempre manual-, aunque queda la sensación de que habrá que esperar una o dos iteraciones más hasta contar con una propuesta redonda de verdad.

Cada cierto tiempo, Leica actualiza su modelo base. El último fue la M11, estrenada en enero de 2022. El aparato matriz sirve de tronco para plantear durante el ciclo de vida diversas ramificaciones: una versión más profesional (M11-P), otra sin pantalla trasera (M11-D) e incluso una que sólo tira fotos en blanco y negro (M11M). A todas ellas se suma la citada M EV1 para completar el quinteto de cámaras de este periodo y lanzar una pregunta cuya respuesta está en otra parte. ¿Vive la montura M el mejor momento de su historia?

Hay varias maneras de enfocar la cuestión. Si se atiende al número de compañías implicadas en la creación de objetivos para esa montura, la respuesta es afirmativa. Optar por el catálogo de Leica conlleva un enorme esfuerzo económico en países como España, donde el precio es exactamente igual al que pagan alemanes, austriacos o franceses, con salarios muy superiores. La última criatura, el 35 milímetros f1.2 Noctilux, cuesta 9.000 euros, el equivalente a tres buenas nóminas. Incluso la parte asequible del portfolio es durilla: un 28mm f2.8 Elmarit ronda los 2.500 euros. La buena noticia es que fabricantes nipones como Cosina-Voigtländer llevan mucho tiempo en esto y aportan una enorme calidad a precios mucho más asequibles, pero más esperanzadora aún es la corriente de marcas chinas que se suben al carro, desde la preciosista Light Lens Lab, especializada en réplicas de lentes míticas, hasta las más utilitarias Thypoch, TTArtisan, 7Artisans o Mitakon Zhongyi.

Si, por el contrario, el momento se mide por la inflación, hay que contestar en negativo. Los precios de Leica nunca dejan de subir -a veces año a año- y llegará un momento donde el nicho que la marca representa en España se convertirá directamente en una minúscula rendija. Esta rampa se suaviza con el mercado de segunda mano y la existencia de las M analógicas, cuya popularidad permanece intacta gracias al resurgimiento del carrete y al hecho de que una M-P o una M-A (por citar dos siglas aún en producción) suponen un ahorro considerable en comparación con las M digitales.

Pero la verdadera mancha curricular del ecosistema M es el software. Incluso después de más de una decena de actualizaciones, las cámaras de la familia M11 aún se congelan de vez en cuando, incluso si uno se confía y cree que el problema se ha resuelto para siempre y que puede afrontar tranquilo una sesión. Leica todavía diseña y fabrica los objetivos con más magia del planeta, todavía dispone de una montura que nadie más tiene, todavía cuenta con el respaldo incondicional de miles de fotógrafos y aficionados y todavía emite esos destellos legendarios que la convierten en un caso excepcional. Lo que necesita como el comer, sin excusas que valgan, es un nuevo equipo de programadores.


source

Please follow and like us:
Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook