Internacional
Bitcoin entra en terreno minado: ¿criptoinvierno o estampida del pequeño inversor?
Bitcoin, la criptomoneda más relevante del mundo, ha borrado en cuestión de cuatro meses todas las ganancias que había acumulado desde la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses de noviembre de 2024. El líder republicano, erigido a sí mismo como el mayor defensor del mundo cripto, no ha podido evitar una sangría de ventas que roza ya el 50% desde los máximos que tocara Bitcoin a principios del pasado mes de octubre, sobre los 126.000 dólares, y que, según parece ha estado protagonizado por los pequeños inversores que se han ahogado en una marejada de salidas de dinero que, hasta el momento, no ha encontrado su fin.
La subida de Bitcoin a los cielos y su posterior caída a los infiernos se ha producido en un lapso de tiempo de quince meses y ahora los analistas hablan de los temidos 60.000 dólares como un nivel de extrema volatilidad debido a una fortísima acumulación de opciones que se ejecutarán si Bitcoin perfora este nivel, y podría desatar una nueva cascada de ventas. No obstante, quienes conocen el universo cripto restan importancia a las caídas de los últimos meses y entienden la corrección como parte del ciclo de vida de Bitcoin, entre altos y bajos muy pronunciados. Lo llamativo es que con esta tendencia natural a ir derrapando por las curvas la comparativa directa entre quienes defienden su papel de activo refugio sea con el oro, que en los últimos tiempos ha inclinado claramente la balanza a su favor, y eso que su precio corrige un 9% desde los máximos del pasado 29 de enero, por encima de los 5.300 dólares la onza, nunca antes visto.
El metal ha dado un golpe sobre la mesa y se ha impuesto. La subida a máximos unida a la debacle que protagoniza la criptomoneda hace que el dinero bajo gestión de los ETFs de oro se haya disparado hasta rozar los 350.000 millones de dólares, frente a los 80.000 millones de los fondos de Bitcoin, cuando en diciembre de 2024, hace poco más de un año, el diferencial era mínimo: unos 4.000 millones de dólares. Desde eToro, Javier Molina, recuerda que el oro “tiene una base de compradores estructuralmente conservadora (bancos centrales, fondos soberanos, gestores patrimoniales…) y apenas está expuesto a dinámicas de apalancamiento sistémico. En un contexto de tensiones geopolíticas, incertidumbre monetaria y desconfianza institucional, el oro absorbe capital que busca estabilidad y preservación”. Esta es la lección clave que ha deslizado el mundo cripto los últimos meses y es entender cómo afecta a su cotización el elevado grado de apalancamiento (o endeudamiento) de quienes operan en cripto y que multiplica las ventas cuando grandes inversores se ven obligados a cobrarse lo que dejaron prestado ante la caída del precio del Bitcoin.
“El mercado de derivados” sobre esta criptomoneda es diez veces superior al real, denominado spot, que cotiza a través de ETFs y que lo que hace es “amplificar sus movimientos”, concluye el experto.
Al optimismo no ayuda la opinión de grandes gurús de la inversión como Michael Burry, conocido por hacerse milmillonario al apostar contra el mercado inmobiliario estadounidense antes de que estallara la crisis de las subprime. En su opinión, según recoge Bloomberg, el desplome del Bitcoin podría derivar en una suerte de “espiral de la muerte” si sigue adentrándose en un mercado bajista. Ahí es donde entra en juega el concepto de criptoinvierno, entendido como tal un periodo de corrección drástica que suele producirse unos 18 meses después de cada halving. Aquí hay quien defiende que ese periodo comenzó ya el pasado mes de enero y quien cree que la situación ya es diferente gracias al desembarco del inversor institucional desde 2024. Más allá de Bitcoin, que representa cerca del 55% de toda la capitalización de las criptomonedas a nivel mundial, otras divisas digitales como Ethereum, Solana, XRP, USDC o la moneda de Binance sufren desplomes en los últimos 30 días que van del 30% al 40% en muchos casos.
Y se están produciendo acciones sintomáticas. Una de ellas es que los ETFs que arrancaron en EEUU hace dos eneros están incurriendo en pérdidas. Lo que les costó comprar bitcoin entonces es más que lo que vale ahora en mercado. Nunca antes, en su corta historia de poco más de dos años, estos fondos habían sufrido semejante salida de dinero de sus inversores. En abril de 2025 los grandes ETFs de Bitcoin, aquellos que tienen detrás a firmas como BlackRock, Fidelity, Invesco o Vanguard, llegaron a acumular de manera conjunta un patrimonio de 169.000 millones de dólares, aunque solo la dueña de iShares mueve el 70% del mercado.
Los analistas de Citi reconocen que la llegada de un “criptoinvierno no es su escenario central”, pero sí reconocen que puede estar influyendo en el sentimiento inversor para vender. Otro factor que estaría pesando en la salida de dinero de los ETFs de criptomonedas es que se está retrasando la aprobación en el Senado de EEUU de la Clarity Act para la regulación de las criptomonedas y que va en la línea adoptada por la Administración republicana de hacer del país el epicentro de estas divisas digitales. Y un tercer elemento: los tipos de interés estadounidenses. Mientras que permanezcan elevados el gusto por los activos de riesgo -véase Bitcoin- se reduce por la sencilla razón de que bonos y deuda de empresas de primera calidad ofrecen rentabilidades aún atractivas.



