Deportes
Bendito seas, querido curling: granito solo escocés en la gran atracción olímpica
Cuenta la leyenda que en los ‘pubs’ de Escocia los partidos de curling se viven más allá de la competición deportiva porque ellos -los escoceses- son los que representan al equipo de Reino Unido en los Juegos, en este caso los de Milán y Cortina, que son los que ocupan este año las competiciones olímpicas entre el hielo y la nieve. Y, claro está, a muchos les encantaría que en vez de lucir la bandera británica lo hicieran con la azul y blanca, y es ahí cuando empiezan las discusiones entre los defensores de una Escocia unionista o independiente.
En Suecia, en cambio, se vive la competición bajo la preocupación de la puntería de Niklas Edin considerado algo así como el Messi de las piedras de granito (o Alcaraz o Pogacar, da igual), defensor del oro masculino que con tanto brillo ganó hace cuatro años en Pekín. Ahora lidera como ‘skip’ (capitán) al cuarteto sueco que no hace otra cosa que perder y hasta liarse en broncas como la que se vivió en el duelo ante Canadá cuando se acusó a un jugador norteamericano de haber tocado dos veces la piedra, algo que está rigurosamente prohibido.
De igual modo, Italia, equipo anfitrión, celebra el curling bajo la magia de Stefania Constantini. El cuarteto femenino local tampoco está maravillando en cuanto a resultados, pero sí con una jugada maestra de la ‘skip’ del Véneto que dio la vuelta al mundo y mucho más gracias a las redes sociales, a veces tan simpáticas y otras controvertidas.
Piedras escocesas
¿Qué es el curling? Seguramente es lo que preguntarán los más profanos con un juego que consta en meter más piedras que los rivales sobre una diana instalada en una pista de hielo con una extensión de 150 pies (45,72 metros de largo) con orígenes en Escocia y que se juega lanzando unos bloques redondos de granito que sólo se fabrican en la isla de Aisla Graig, escocesa por supuesto, y que sin turistas, ni aeropuertos, deben ser tan ecológicos como caros; unos mil euros la pieza; cada partido se disputa a ocho o diez juegos, se lanzan cada vez ocho piedras y como es lógico siempre tiene ventaja el equipo que las tira en segunda posición porque dispone del último disparo; como si fuese el saque en un duelo tenístico.
En estos Juegos, el curling se disputa en el Estadio Olímpico de Cortina y si se sigue la competición bajo la atenta mirada de la televisión, se prescinde de los comentarios y sólo se está atento de las conversaciones de los jugadores y jugadoras, enseguida se percata el aficionado al otro lado de la pantalla de la pasión con la que los estadounidenses instalados en las gradas siguen el desarrollo del juego de sus representantes y eso que el presidente del país, Donald Trump, ha mostrado su ira ante los comentarios de algunos olímpicos y compatriotas por las críticas contra su política migratoria.
Pasión estadounidense e italiana
De hecho, nórdicos, británicos, resto de europeos, siguen la competición calladitos, salvo los yanquis y los italianos que los empujan como si sobre el hielo rodase un balón en vez de una piedra. Además, los ‘curlers’ estadounidense celebran las jugadas como si marcasen goles o conectasen un triple desde una inverosímil distancia en una cancha de baloncesto. El líder del equipo masculino es Danny Casper, joven (24 años) para el puesto de ‘skip’ que ocupa en su selección y que fue capaz el domingo de dar una auténtica lección al sueco Edin, al que prácticamente sacó de sus casillas.

Las jugadoras estadounidensen, de celebración. / World Curling
El ‘skip’ es el jugador que marca la estrategia, el que les dice a los tres compañeros donde lanzar la piedra (sin esconder la mano, claro está) y el único que se libra de la tarea de barrer, práctica que sirve para desviar, frenar o acelerar el granito sobre el hielo. Luego, al final, efectúa los dos últimos lanzamientos, los claves en la estrategia, pues sitúa las piedras de la forma más centrada posible y trata de ganarle la partida al capitán contrario.
Sorprende que sobre el hielo y en un pabellón donde se debe guardar unas condiciones de frío muy concretas, para la buena conservación de la pista, los jugadores de curling vayan en manga corta. Barrer una y otra vez por delante de las piedras es un ejercicio que seguro sería recomendado por cualquier médico nutricionista para que el paciente sobrado de kilos se pusiera rápidamente en forma.

Los jugadores noruegos barren el hielo durante la competición olímpica de curling. / World Curling
Los primeros lanzadores sitúan las piedras de forma estratégica para entorpecer los tiros de los rivales y son luego los encargados de barrer la pista y marcar el territorio para la actuación estelar, entre otros, del británico (de Edimburgo, Escocia) Bruce Mouat, que además de ser una estrella galáctica del curling es un icono del movimiento LGTBI. O de la también británica y escocesa Rebecca Morrison, hasta el punto de que a su equipo lo denominan como el ‘Morrison Team’.
O sea que vale para el curling la aplicación que dice que lo que sucede en el hielo, en el hielo se queda (salvo que se peleen suecos y canadienses), que en curling unas veces se gana y otras se pierde o que el “curling es así”, aunque al sueco Edin no le estén saliendo las cosas como querría, tal cual le ocurrió en ocasiones a Messi cuando era la estrella azulgrana.
Suscríbete para seguir leyendo



