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Internacional

El cine se queda políticamente mudo: "No debemos esperar que los artistas comenten todos los debates generales"

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En menos de dos ediciones, la Berlinale ha pasado de ser la punta de lanza de los festivales eminentemente pol�ticos y exageradamente reivindicativos a justo todo lo contrario: el ejemplo y term�metro m�s claro de c�mo el miedo -entendido como manifestaci�n extrema de la precauci�n, del ego�smo, de la falta de empat�a o, llegado el caso, del instinto de supervivencia- se ha adue�ado de una industria tradicional y eminentemente progresista o, algo m�s ofensivo, progre. Si se gira la cabeza hacia, por ejemplo, el universo de la m�sica, la comparaci�n sonroja. Y asusta, incluso.

Mientras Wim Wenders afirma, en calidad de presidente del jurado del certamen alem�n, que los cineastas tienen que mantenerse �al margen de la pol�tica�, Bad Bunny convierte su actuaci�n urbi et orbi de la Super Bowl en un manifiesto expl�cito contra el trumpismo, en general, y las pr�cticas (que incluyen dos asesinatos) de los agentes Servicio de Inmigraci�n y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en ingl�s), en particular. Mientras Paul Thomas Anderson rechaza directamente referirse a la situaci�n actual de su pa�s en la promoci�n de Una batalla tras otra (gran favorita a todo y todo un alegato contra la ultraderecha y a favor de un pa�s multi e intercultural), Bruce Springsteen no duda en componer un himno para las manifestaciones en marcha tras las muertes de Alex Pretti y Renee Good en Mine�polis. Mientras Billie Eilish es arropada por sus colegas cuando carga contra su presidente, Mark Ruffalo, la gran excepci�n entre el mutismo c�mplice de sus compa�eros, es, gala tras gala, abandonado a su suerte en el papel de el pesado. Y as�.

Digamos que la �ltima l�nea roja ha saltado por los aires y por el fr�o estos d�as en Berl�n. Hasta la fecha se asum�a que la verg�enza (o desverg�enza, seg�n) silenciosa era patrimonio de Hollywood y sus gentes, que definitivamente se han alineado con los grandes magnates de la foto en la coronaci�n presidencial (que si Elon Musk, que si Mark Zuckerberg, que si Jeff Bezos, que si Tim Cook, que si Sundar Pichai). Lo que pocos imaginaban es que el cine autodenominado independiente, que cumple su primera gran cita europea en Berl�n, tambi�n.

Primero fue, antes incluso que Wenders, la productora polaca Ewa Puszczynska. El jueves de la semana pasada, en la rueda de prensa del jurado de la que ella es miembro, tras manifestar que �el cine puede cambiar el mundo�, qued� l�vida ante la pregunta consecuente sobre el genocidio de Gaza, y coment�: �Hacernos esta pregunta es un poco injusto. Usamos la expresi�n cambiar el mundo, pero intentamos hablar con la gente, con cada espectador, y hacerles reflexionar, pero no podemos responsabilizarnos de su decisi�n de apoyar a Israel o de apoyar a Palestina�. Una vez pisoteado el jard�n, el director de Par�s, Texas y El cielo sobre Berl�n sinti� la necesidad o el deber de salir en su ayuda y pronunci� la frase delatora: �Debemos mantenernos al margen�.

La reacci�n inmediata lleg� de la escritora Arundhati Roy que, indignada por lo escuchado, anunciaba que no asistir�a, como estaba programado, a presentar como parte de la secci�n Berlinale Classic la comedia de 1989 firmada por ella y hoy de culto In Which Annie Give It Those Ones.

El jurado de Berl�n, con Ewa Puszczynska, de pie, a la derecha y su responsable, Wim Wenders, delante, a la izquierda.

El jurado de Berl�n, con Ewa Puszczynska, de pie, a la derecha y su responsable, Wim Wenders, delante, a la izquierda.CLEMENS BILAN / EFE

Lo siguiente, por aquello de acabar de arruinarlo todo, fue el comunicado emitido por el festival. Como una reacci�n en cadena, la metedura de pata (pues eso fue) de la muy poco conocida Puszczynska acab� con la gran bomba del s�bado por la noche. En verdad, se trata de una no-bomba, puesto que el largu�simo texto firmado por la directora de la Berlinale, antes que decir algo, celebra de manera prolija y entusiasta el derecho (y hasta deber, incluso, seg�n se desprende de lo le�do) a callar, a no decir nada. �Se ha pedido libertad de expresi�n en la Berlinale. La libertad de expresi�n es una realidad en la Berlinale. Pero cada vez se espera m�s que los cineastas respondan a cualquier pregunta que se les haga. Se les critica si no responden. Se les critica si responden y no nos gusta lo que dicen. Se les critica si no pueden condensar ideas complejas en un breve fragmento de audio cuando se les coloca un micr�fono delante�, arrancaba el casi manifiesto para, siete p�rrafos m�s abajo (el comunicado tiene nueve), concluir: �Los artistas tienen la libertad de ejercer su derecho a la libertad de expresi�n como deseen. No se debe esperar que comenten todos los debates generales… Tampoco se debe esperar que hablen sobre todos los temas pol�ticos que se les planteen, a menos que lo deseen�.

Pero, pese al ruido y los titulares, en verdad, todo lo descrito en los p�rrafos anteriores, antes que causa, es consecuencia. La nueva directora del certamen y firmante del comunicado, la estadounidense Tricia Tuttle, llegaba al cargo en 2025 para relevar a la dupla formada por Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek despu�s de un lustro al frente. La antes responsable del festival de Londres desembarc� con las cosas claras y un mensaje de los distintos gremios de la producci�n alemana (ellos forzaron la salida de Chatrian y Rissenbeek) bastante n�tido: menos compromiso y m�s estrellas, menos pol�tica y m�s premios Oscar. Dicho y (a falta de los Oscar) hecho.

Berl�n ha cambiado. Pero no m�s que la industria del cine, que parece haber asumido sin apenas resistencia una atronadora ley del silencio

Digamos que todo se empez� a fraguar el a�o pasado. O incluso, antes. El discurso con ocasi�n del premio al documental palestino-israel�, ganador luego del Oscar, No Other Land en 2024, donde la palabra apartheid altern� con la de genocidio para describir la situaci�n tanto en Cisjordania como en Gaza, hizo que buena parte de la clase pol�tica alemana, adem�s del Gobierno de Israel, clamara por la ausencia total de referencias en la gala de clausura a los secuestrados israel�es el 7 de octubre de 2023. El a�o pasado, quiz� por aquello de expiar por anticipado no tanto un pecado como un complejo de culpa, la Berlinale cambi� de rumbo 180 grados.

A la proyecci�n �ntegra de la magna obra de Claude Lanzmann Shoah con ocasi�n de su 40 aniversario se a�adi� el estreno mundial del documental de Guillame Ribot Je n’avais que le n�ant (Solo ten�a la nada), que recapitula el largo proceso de construcci�n de la pel�cula. Adem�s, y por fin, las v�ctimas del kibutz de Nir Oz fueron protagonistas en A letter to David (Una carta a David), de Tom Shoval. Y un dato m�s para situar lo que fue la edici�n de 2025 en la que se estrenaba al mando Tricia Tuttle: el cine palestino apenas aparec�a representado por un intrascendente documental de �parkour! en una secci�n muy paralela y muy lejos tanto de los focos como de la g�lida alfombra roja.

Este a�o estamos igual y cuesta encontrar ninguna referencia al conflicto. Solo hay una pel�cula destacada, pero, y esto es de nuevo relevante, perdida en la secci�n Forum. Effondrement (colapso), de la directora israel� Anat Even, cuenta de manera muy cr�tica el meticuloso proceso de destrucci�n de Gaza. Lo hace desde el otro lado del muro, desde Israel, sin ocultar su inspiraci�n (o solo coincidencia, como se quiera) con La zona de inter�s, de Jonathan Glazer. Es el horror contemplado desde el fuera de campo, desde la imaginaci�n del espectador. Es, y con toda la precauci�n que se quiera, el Holocausto colocado al lado o en paralelo al genocidio. Sin duda, una pel�cula que habr�a merecido al menos una declaraci�n.

“Las noticias que recibimos son muy partidistas. Es muy dif�cil saber siquiera lo que est� pasando”

Sean Baker

Digamos, por resumir, que Berl�n ha cambiado. Pero no m�s que la industria del cine, que parece haber asumido sin apenas resistencia una atronadora ley del silencio. Sin movernos del festival y ya dentro del terreno de lo viralizable, no dejaron de llamar la atenci�n las declaraciones del actor Neil Patrick Harris. �l mismo no lejos del activismo por los derechos de la comunidad LGTBIQ+, declar� en la presentaci�n de la pel�cula Sunny dancer, de George Jaques, que prefer�a hacer �cosas apol�ticas�. La cinta, por cierto, se localiza en un campamento para j�venes con c�ncer y es, toda ella, un canto muy pol�tico a la sanidad p�blica. Y tampoco pas� desapercibido que dos de los pocos que se han manifestado de forma m�s o menos clara sin esquivar ni las preguntas ni su conciencia han sido Charli xcx y Tom Morello. Es decir, dos m�sicos, que no dos cineastas, en un festival de cine, que no de m�sica. Dos m�sicos que clamaron, cada uno a su manera, contra el muy pol�tico �fascismo�.

Pero, como decimos, todo indica que lo que ocurre en Berl�n no es excepci�n ni accidente ni capricho de una directora presionada por una industria temerosa (que no por sus principios morales), sino s�ntoma. Hace apenas una semana, Sean Baker, el director del patr�n oro del cine independiente actual y, adem�s, ganador de cuatro Oscar por Anora, no dejaba pasar la ocasi�n para quitarse de en medio en una entrevista a EL MUNDO concedida por La chica zurda, dirigida por Shih-Ching Tsou y de la que �l es guionista. �He elegido que mi pol�tica est� presente en mi arte, que es donde he decidido expresarme libremente. Me pregunta por lo sucedido en Mine�polis y solo puedo decir que las noticias que recibimos son muy partidistas. Es muy dif�cil saber siquiera lo que est� pasando. Es demasiado complicado�, afirmaba el cineasta que, precisamente, acaba de pasar por Berl�n para presentar un corto firmado por �l y dedicado a la ganadora del Oso de Oro honor�fico Michelle Yeoh.

De hecho, la postura de Baker, como la de Wenders, como la de Paul Thomas Anderson, como la de la propia Yeoh (que tampoco quiso decir nada)… como la de la Berlinale misma, es tanto la expresi�n del signo de los tiempos de p�nico que vivimos como, de forma m�s banal, una buena forma de predecir lo que, si nadie lo remedia, pasar� en los Oscar. En la pasada ceremonia de los Globos de Oro, solo Judd Apatow, el brasile�o Kleber Mendo�a Filho y, por supuesto, Mark Ruffalo se atrevieron. Y mientras, en el mundo de la m�sica… �Antes de dar gracias a Dios, fuera ICE�. Palabra de Bad Bunny. Palabra de los Premios Grammy.


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