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Internacional

Canciones patrióticas y robots haciendo volteretas en la gala que 1.000 millones de chinos ven para arrancar su Año Nuevo

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Cena del A�o Nuevo Chino. En casa de los Yuan, la mesa del comedor desaparece bajo 32 generosos platos para nueve comensales. Bolas de tofu fritas, codillo, ensalada de algas, sangre de cerdo cortada en cubos, arroz gelatinoso con d�tiles, diferentes tipos de noodles de patata y arroz, panceta picante, alb�ndigas gigantes, chuletas, berenjenas ba�adas en soja, pescado con salsa de ostras…

A las 19:00 en punto empiezan a volar los palillos. Estamos en Longkou, una peque�a ciudad en la costa este de China, donde la moderaci�n no cotiza en su Nochevieja; se engulle con entusiasmo, sin pausas salvo para brindar. Una hora despu�s, todav�a paladeando el fest�n, nos apretamos en el sof� para asistir al otro gran ritual de la noche: ver la Chunwan, la Gala del Festival de Primavera que emite la cadena estatal CCTV. A�o tras a�o, es el programa m�s visto del planeta, con una audiencia que supera los 1.000 millones de espectadores.

El show es una superproducci�n en directo, con actuaciones que tienen el nivel visual de la mejor retransmisi�n del espect�culo de medio tiempo de la Super Bowl. En esta edici�n, los robots humanoides acaparan mucho protagonismo. No son mero atrezo futurista: se baten en duelos con espadas que chispeaban bajo los focos, ejecutan danzas tradicionales, dan volteretas por todas direcciones y act�an en mon�logos. Hay algo hipn�tico en ver a esas m�quinas, s�mbolo del avance tecnol�gico que el pa�s exhibe con orgullo, interpretar algunas coreograf�as centenarias.

El espect�culo comienza con un baile multitudinario, impecablemente sincronizado desde varias ciudades, en el que participan humanoides que se mezclan con decenas de bailarines vestidos de rojo y dorado, los colores de la prosperidad.

El programa es un mosaico de g�neros: canciones patri�ticas interpretadas por estrellas consagradas, n�meros de danza que evocan minor�as �tnicas, acrobacias, magia, �pera tradicional y, sobre todo, los c�lebres xiangsheng, mon�logos que combinan juegos de palabras y s�tira ligera. En un pa�s donde el humor pol�tico frontal es raro en la televisi�n nacional, estos sketches funcionan como v�lvula de escape cuidadosamente calibrada. Hubo bromas sobre el precio de la vivienda, la presi�n laboral o la brecha generacional.

La importancia de la gala va m�s all� del entretenimiento. Es un escaparate de la narrativa oficial sobre la naci�n: unidad, prosperidad y armon�a. Cada edici�n subraya los grandes logros del a�o y los envuelve en una est�tica festiva. Esta vez tocaba ensalzar los avances en rob�tica, inteligencia artificial y presumir de m�sculo militar mostrando im�genes del ej�rcito.

La realizaci�n alterna planos del p�blico en el plat� con escenas de familias en distintos puntos del pa�s. Es un mapa emocional cuidadosamente construido: millones de hogares, la misma noche, la misma m�sica, el mismo ritual. Una naci�n entera sincronizada que baila hasta una versi�n del cl�sico We Are The World, interpretado por el cantante estadounidense Lionel Richie y el actor chino Jackie Chan. Incluso al final del show hubo una actuaci�n de flamenco mezclada con bailes de diferentes etnias chinas.

El canal CGTN, que es la divisi�n internacional de la CCTV, tambi�n produce su propia gala de A�o Nuevo en ingl�s y en espa�ol. Aunque retransmite algunas actuaciones de la gala principal, cuenta con presentadores y robots propios. La versi�n en ingl�s adopta, adem�s, un tono m�s ideol�gico, con entrevistas a ciudadanos chinos y extranjeros que elogian las pol�ticas del Partido Comunista, as� como con mensajes de felicitaci�n de figuras internacionales como el secretario general de la ONU, Ant�nio Guterres; la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde; y el presidente de Cuba, Miguel D�az-Canel.

A medida que se acerca la medianoche, la televisi�n se convierte en ruido de fondo mientras en casa de los Yuan se preparan cuatro enormes bandejas de dumplings (jiaozi) caseros, unos de cerdo con repollo y otros de ternera con cebollino, que se van a tomar a las 00:00, al igual que en Espa�a esperamos las uvas.

A diferencia de Espa�a, donde se toma uvas a medianoche, los chinos comen dumplings.

A diferencia de Espa�a, donde se toma uvas a medianoche, los chinos comen dumplings.LUCAS DE LA CAL

La familia ha apartado tres platos para los esp�ritus de los ancestros, otro h�bito m�s en una China que sigue abrazando supersticiones milenarias. Otra costumbre consiste en introducir algunas monedas dentro de los dumplings. A quien le toque, le espera un buen a�o. Es una loter�a dom�stica, �ntima, en la que la suerte no se mide en millones sino en peque�os augurios.

Los presentadores de la gala comienzan la cuenta atr�s hasta que el reloj marca la medianoche. En la pantalla aparece el car�cter de la palabra “fortuna” invertido, s�mbolo de que la buena suerte ha llegado. En el sal�n de la familia Yuan se hace un largo brindis. Afuera estallan petardos y fuegos artificiales, una tormenta de ruido destinada a espantar a Ni�n, un demonio que, seg�n la leyenda, teme el estruendo.

Antes de empezar con los dumplings, los mayores de la mesa reparten hongbao, sobres rojos con billetes cuidadosamente elegidos para que la cifra termine en n�mero par, un signo de auspicio. Una costumbre que se remonta a la dinast�a Han (206 a. C.-220 d. C.), donde se utilizaban para alejar a los malos esp�ritus.

El martes es el primer d�a del A�o del Caballo de Fuego. En el calendario tradicional chino, el tiempo no avanza en l�nea recta, sino en c�rculos: doce animales que se suceden, combinados con cinco elementos -metal, madera, agua, fuego y tierra- que se atraen y se oponen, como si el universo funcionara a base de equilibrios delicados.

Ese primer d�a se estrena ropa nueva y se sale a visitar a amigos y familiares, en una procesi�n de buenos deseos y t� caliente. Los invitados llegan cargados con bandejas de fruta y cajas de leche. Muchas familias, adem�s, pasan por el cementerio. All� queman incienso, limpian las l�pidas y dejan comida sobre las tumbas como ofrendas de gratitud y respeto.

En la televisi�n, durante las vacaciones, la gala de A�o Nuevo se emite en bucle a todas horas. Con el paso de los d�as, nadie le presta atenci�n, pero es un ruido familiar de fondo. Est� ah� desde la ma�ana hasta la noche, cuando los mayores cabecean en el sof� con el mando a�n en las manos. Las mismas coreograf�as, los mismos robots dando volteretas, los mismos chistes. Cuando por fin alguien apaga el televisor d�as despu�s, el silencio resulta extra�o, casi inc�modo. Como si, al desaparecer ese ruido de fondo, tambi�n se disipara la ilusi�n de sincron�a nacional que ha mantenido a un pa�s entero pegado a la pantalla.


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