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La balada del más fiero y gay de los metaleros atruena y enamora la Berlinale: "La música ofrece un refugio de la ansiedad del mundo"

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“Soy el gay de la banda”. Con estas palabras, el vocalista Rob Halford se present� para, acto seguido, agradecer la entrada de Judas Priest, su grupo y hasta su misma vida, en el Varhalla reservado a los guerreros inmortales del rock, es decir, el Hall of Fame. Y ah�, en primera fila, Bruce Springsteen se romp�a las manos a aplaudir entre carcajadas. Queda demostrado una vez m�s que la mejor manera de bloquear un desprecio, insulto, chiste o agravio es comprar la patente. Y este es solo un ejemplo, el �ltimo de todos ellos puesto que aparece al final, con el que el documental reci�n presentado en la Berlinale The Ballad of Judas Priest deja claro que nadie se r�e tanto y de forma tan consciente del heavy metal como los propios metaleros. Y Springsteen. De hecho, cada una de las gloriosas chanzas de la ya m�tica cinta de Rob Reiner This is Spinal Tap (desde el volumen al 11 a la facilidad de los bater�as para ahogarse en el v�mito propio y ajeno) son citadas, recordadas y celebradas en la pel�cula dirigida a cuatro manos por Sam Dunn y uno de los mayores fans de Judas Priest; a saber: el m�sico, activista y cofundador de Rage Against the Machine Tom Morello. “Qu� gozada poder hacer un documental de mi banda favorita, la que me hizo ser lo que soy, y, a la vez, luchar contra el fascismo”, dijo este �ltimo en la presentaci�n por aquello de despejar dudas.

Pero, obviamente, no se trata ni de una comedia ni de una metacomedia ni de una contracomedia. Quiz� sea todo eso por a�adidura, pero no es esa ni la fortaleza ni el prop�sito de The Ballad of Judas Priest. La cinta es ante todo balance y acto de justicia. Es profundamente personal y, por ello y como dice Morello, esencialmente pol�tica. No es tanto homenaje, que tambi�n, como ejercicio de humanidad, que adem�s lo de es de humildad, a cuenta de uno de los grupos m�s influyentes, m�ticos y fundamentales -y por ello parodiados- de la historia del rock. La pel�cula repasa su vida con todas y cada una de sus crisis: desde los tormentos, adicciones y paseos al borde del abismo de Halford a su posterior y ya c�lebre salida del armario, sin olvidar hechos m�s luctuosos como el Parkinson de su guitarrista Glenn Tipton o el juicio surreal (tambi�n �l pol�tico) en el que se acus� a la banda de inductores a trav�s del lenguaje subliminal de sus letras del suicidio en 1989 de dos j�venes en Sparks, Nevada. The Ballad of Judas Priest es resumen, toma de conciencia y glorioso disparate. Todo a la vez.

No en balde, uno de sus directores, Dunn, lleva una vida entera entregado a la reivindicaci�n de lo durante mucho tiempo despreciado. Su pel�cula Metal: A Headbanger’s Journey (2005) fue pionera en ense�ar a los no iniciados que detr�s del decorado de chupas, tachuelas y loas a Satan�s hab�a y hay no solo una comunidad de gente entregada a la causa (da lo mismo cual) sino el coraz�n mismo de una revuelta siempre pendiente. No se olvide, Judas Priest naci� martirizado por el humo y la explotaci�n Black Country. No se olvide, el tema Breaking the Law fue un himno contra el thatcherismo. El cineasta lleva ya m�s de 20 a�os dedicado a un iluminado y exhaustivo recorrido por bandas como Rush, Iron Maiden, Alice Cooper y ahora Judas Priest. “En nuestra primera pel�cula, clavamos la bandera en el suelo y dijimos que Black Sabbath cre� el sonido del heavy metal. Pero Judas Priest fue la primera banda que realmente cre� la idea de una identidad y una comunidad heavy metal. Lo convirtieron en una cuesti�n de ser parte de una tribu, tanto en el escenario como fuera de �l. Y eso fue algo nuevo”, comenta a modo de presentaci�n.

Toda la intenci�n de The Ballad of Judas Priest consiste en abrir la mirada, en ampliar la perspectiva, en hacer part�cipe tambi�n a los no creyentes de esta comuni�n de cuero y riffs imposibles con dos guitarras alineadas en paralelo. El documental arranca con el actor y l�der de Tenacious D, Jack Black, recitando, que no cantando, directamente a la c�mara la letra de la canci�n You Got Another Thing Comin’:“Una vida, la voy a vivir al m�ximo… �Estoy en la cima mientras la m�sica est� alta!”. En lo que sigue, adem�s de momentos estelares sobre el escenario, se entrelazan entrevistas del pasado con las del presente. Y de tanto en tanto, aparece un grupo de m�sicos alrededor de una mesa. Son cinco que reflexionan sobre lo que ven y lo que ellos mismos fueron cuando descubrieron a Judas Priest. No todos ellos son, en sentido estricto, de la tribu, pero todos, desde posiciones quiz� antag�nicas, comparten su liturgia. Y ah� que aparecen junto al propio Morello, Darryl McDaniels de Run-DMC, Scott Ian de Anthrax, el l�der de Smashing Pumpkins Billy Corgan y Lzzy Hale de Halestorm.

Uno de los temas estrellas de debate es el supuesto machismo de un universo sudoroso y rudo tambi�n capaz de los m�s altos agudos masculinos. “Mi primera reacci�n fue pensar que algo iba a estallar. Sent� miedo por �l y miedo por la banda. Y entonces ocurri� algo asombroso… nada”, relata Corgan sobre el momento preciso en el que Halford sali� del armario. Para el propio director, lo que ocurri� con la que se supon�a que estaba condenada a ser la noticia m�s tremenda de la historia del rock es que “revel� que la comunidad metalera es mucho m�s abierta de lo que la gente de fuera piensa”. Para el propio Halford fue de todo menos un paso f�cil y ni mucho menos obvio. Se dir�a incluso que el verdadero coraz�n de la pel�cula es la lucha contra s� mismo del l�der de la banda entre la soledad, el alcohol y las cl�nicas de desintoxicaci�n. Todo ello bien batido con un elemento tan altamente corrosivo como es la fama. Durante d�cadas, Halford se ofreci� en sacrificio a sus amigos, a sus fans, al dinero y al mundo, un mundo abrumadoramente masculino y salvajemente heteronormativo. “No voy a despertarme hetero porque me haya bebido mi homosexualidad”, lleg� a declarar no hace tanto.

La pel�cula repasa �xitos, canciones, conciertos, separaciones, recomposiciones, relevos de un bater�a tras otro y visitas al encargado de vestuario con el rigor y la devoci�n debida. Y mientras, desconcierta el recuerdo renovado del rid�culo juicio (antecedente de muchas de las guerras culturales de hoy) en el que se les acus� de colar la expresi�n inexistente “Do it” (Hazlo) en el tema Better By You, Better Than Me, mensaje que supuestamente habr�a empujado a James Vance, de 20 a�os edad, y a Ray Belknap, con 18, a descerrajarse sendos tiros en la cabeza despu�s de emborracharse y escuchar el disco Painkiller. Y mientras, sorprende la bonhom�a de Ian Hill, enternece la pelea desigual de Glenn Tipton contra la enfermedad, enamora la elegancia y cuerpo de l�tigo de K.K. Downing, y abruma el fino sentido del humor despu�s de tantas batallas del aut�ntico protagonista de todo esto, Rob Halford. Y mientras, Judas Priest. No es un documental que haga nada nuevo, pero lo que hace lo hace con cari�o, respeto y devoci�n. “Tal y como est� el mundo, la m�sica es m�s importante que nunca. Hay que dar refugio a la gente de la ansiedad que genera el mundo”, concluye Halford y le creemos.


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