Internacional
Erri de Luca: "No protestaría si supiera que mañana es mi último día de vida"
“En realidad, t� no te das cuenta de que te has hecho viejo, es algo que te tienen que decir los dem�s. La primera vez que me di cuenta que me hab�a convertido en viejo es cuando una se�ora me cedi� su asiento en un autob�s. Siempre era yo quien me levantaba y de pronto… Est� claro que no lo acept�. Dije que bajaba a la siguiente parada. No era verdad, pero s� baj� a la siguiente y despu�s cog� el siguiente autob�s”, cuenta entre risas el escritor italiano Erri De Luca (N�poles, 1950). “Y la consagraci�n definitiva lleg� hace unos meses. Por primera vez soy m�s viejo que el Papa, si eso no es ser viejo…”.
Escritor extra�o en el mundo literario, De Luca es al mismo tiempo s�lido y rudo como lo material, y l�rico y evocador como lo espiritual, una mezcla de peon de obra y traductor b�blico, cosa que hace del hebreo original. Lector y escritor desde su adolescencia, no llegar�a hasta la literatura hasta pasados los 40. Por el contrario, decidi� ocupar su vida como obrero de la FIAT, alba�il y conductor de camiones, entro otros oficios. Alejado de la pol�tica desde su juventud (milit� en el grupo de extrema izquierda Lotta Continua), reconvirti� su activismo en conciencia social y literaria, plasm�ndolos en novelas como Montedidio (2002), Los peces no cierran los ojos (2012), La natura expuesta (2018) o Imposible (2020).
En 1997, cuando la OTAN bombarde� Yugoslavia, se uni� a las misiones de ayuda humanitaria, algo que ha repetido varias veces en los �ltimos a�os en Ucrania, y en 2013 tuvo un sonado encontronazo judicial, del que fue absuelto, por animar a los vecinos del Valle de Susa a sabotear la l�nea ferroviaria de alta velocidad que iba a unir Tur�n con Lyon. Adem�s, hace a�os que gestiona una fundaci�n de ayuda a los refugiados, porque, afirma: “No puedo aceptar que el Mediterr�neo, el Mare Nostrum, se haya convertido en un cementerio”.
La edad experimental
Erri de Luca
Traducci�n de Carlos Gumpert. Seix Barral. 152 p�ginas. 18,90 � Ebook: 9,99 �
Puedes comprarlo aqu�.
Parte de esa conciencia social, desencantada y optimista a la vez, se trasluce en su nuevo libro, La edad experimental (Seix Barral), un compendio de reflexiones en forma epistolar que cruza con su amiga In�s de la Fressange, ic�nica modelo, arist�crata y dise�adora francesa, en las que reivindica la vejez como una �poca feliz de aventura, descubrimiento y experimentaci�n. “Este libro es las continuaci�n de un documental hom�nimo sobre esta extra�a situaci�n f�sica que es la vejez, una edad nueva para el cuerpo”, insiste. “La pel�cula narra mi ascensi�n de un pilar de unos 200 metros de altura sin cuerdas ni protecci�n. La escalada [su otra gran pasi�n] es una met�fora para explicar que la vejez no reduce las posibilidades vitales, que no es el fin de nada, sino un nuevo comienzo”.
De hecho, confiesa, “no me parece que est� renunciando a nada, al contrario, me parece que estoy haciendo las cosas todav�a con m�s intensidad. Por ejemplo, me entreno f�sicamente m�s que antes, leo m�s, y juego m�s conmigo mismo, por ejemplo a las cartas, porque tambi�n hay que entrenar el cerebro”, relata De Luca, que dice que en este sentido se parece a la infancia. “Los ni�os juegan con seriedad, poniendo todo el �nimo del cuerpo y la mente en lo que hacen, y esto vale tambi�n para los viejos. Otras generaciones, como la de mis padres, se abandonaban muy j�venes a la decadencia, a partir de los 60 parec�a como si ya s�lo quedara la muerte. Por el contrario, para m� esta es quiz� la mejor edad, es cuando m�s de acuerdo estoy con mi cuerpo, cuando mejor conozco sus l�mites”, resume.
Esta visi�n optimista de la vejez contrasta de forma evidente con la percepci�n social de una edad vista generalmente como crepuscular y triste. Una realidad que enfurece al escritor. “Igual que ocurre con la pobreza, la vejez se esconde, nadie quiere relacionarse con ella. Considerar la vejez como una carga, temerla y esconderla, es una de las mayores miserias de nuestro tiempo“, denuncia. Algo que achaca a los cambios sociales de las �ltimas d�cadas. “En las familias de la �poca en que yo crec� los viejos mor�an en casa, era lo natural, y tambi�n conviv�an varias generaciones. Todo eso ha cambiado, y creo que no ha sido para mejor”.
“Los j�venes de hoy act�an como si la historia empezara con ellos. Ya no hay curiosidad por el pasado”
En este sentido, el escritor se pone ir�nico para advertir una curiosa paradoja, que esa ruptura entre juventud y vejez tiene consecuancias sociopol�ticas. “Es muy llamativo c�mo los j�venes no quieren saber nada de la vejes ni para protestar, simplemente se mantienen al margen. Cuando yo era joven, mi generaci�n fue muy cr�tica con los adultos, les rega��bamos y les acus�bamos, les reproch�bamos cosas y ahora eso no ocurre“, critica. Tambi�n es cierto, reconoce, que esa generaci�n de lo que hoy llamamos boomers, “�ramos muchos, adem�s de ser la primera generaci�n masivamente alfabetizada y culturizada, as� que logramos una especie de masa cr�tica que gener� muchos cambios sociales”, reconoce.
No obstante, hablando de este choque generacional, lo que m�s lamenta el escritor es el desinter�s de los j�venes por el pasado. “Nosotros, mal que bien, escuch�bamos a nuestros mayores, as� que conoc�amos su historia y sab�amos qu� reprocharles, en qu� pedirles cuentas. Esta generaci�n de ahora no quiere saber nada de la historia anterior, no tiene curiosidad por el pasado. Es como si la historia empezara con ellos y eso limita la capacidad de protesta, de rebeli�n, de revoluci�n”.
Erri de Luca, hace unos meses en una calle de Roma, donde reside.
Y es que, como acostumbra a repetir el escritor, ya no existen en el mundo aquellos cambios dr�stico, profundos y a menudo violento en las estructuras pol�ticas, sociales o econ�micas de una sociedad. “La palabra revoluci�n, de alguna manera, caduc� con el siglo XX, que fue una �poca que desmembr� potencias imperiales e hizo nacer pueblos y pa�ses por todo el mundo. Uno de los h�roes de mi adolescencia fue espa�ol, el miliciano Buenaventura Durruti. Ahora las figuras de los j�venes son futbolistas o cantantes”, lamenta.
Por eso, opina De Luca, ya no hay movimientos que identifiquen a la gente globalmente, como hace unas d�cadas. “Lo estamos viendo con la revuelta del pueblo iran�, que fue espectacular y masiva, una de las cosas m�s potentes, desde el punto de vista popular, que est� sucediendo en el mundo“, recalca. “Y, sin embargo, no hay ning�n sentimiento de solidaridad. Nadie sale a la calle por el pueblo iran�. Hemos decidido que ya no se hacen las revoluciones. Un revolucionario, a d�a de hoy, es visto s�lo como un terrorista“.
“Hemos decidido que ya no se hacen revoluciones. Lo que est� ocurriendo en Ir�n es incre�ble, y nadie se solidariza”
Pero, como decimos, tras el desencanto del escritor, de una lucidez m�s popular que intelectual, como le gusta aseverar, tambi�n hay optimismo. “No creo, como se dice, que vivamos una era oscura, a pesar de la vuelta del conservadurismo y la extrema derecha. La Historia no avanza en l�nea recta, a veces retrocede, como un perro que vuelve a su v�mito. As� que estamos en esas, una regurgitaci�n de la Historia”, sentencia sonriente ante tan gr�fica met�fora. “Tambi�n es como una flecha, as� que me gusta pensar que estamos en una fase donde la cuerda se est� tensando para volver a dispararse con fuerza hacia el futuro”.
Sus soluciones ante este clima de detertioro y declive, por lo tanto, son m�s sencillas y racionales que dr�sticas. “Lo que siento es que ciertos ideales que apelan al alma humana, como la justicia, la igualdad o la fraternidad, se han apagado, est�n en la reserva. Por eso no creo que necesitemos una nueva ideolog�a, sino reavivar esta idea de pertenencia a una comunidad de iguales”, asegura De Luca. “Por ejemplo, en Italia, muchos no van ni a votar, hay un d�ficit de participaci�n electoral que no es sino un d�ficit de sentimiento de pertenencia. Y eso lo que hace es dividirnos y hacernos presa f�cil de los poderes de todo tipo que s�lo buscan el beneficio propio”.
Como se ve, ni siquiera en la vejez es De Luca capaz de enterrar al activista, al viejo revolucionario que siempre la acompa�ar�. En este sentido, el escritor considera que el mejor consejo que puede dar a cualquiera, joven o viejo, es la capacidad de deslindar, en estos tiempos de utilitarismo capitalista, el placer de la productividad. Que sepamos, dice, no renunciar a lo que nos hace felices aunque no obtengamos beneficios concretos. “A cualqueir edad es bueno aprender, especialmente cosas que no sirven para nada. Todo lo que es in�til es magn�fico”, sentencia.
“Por ejemplo, hace poco empec� a aprender el ruso. �Para qu� me sirve el ruso? Pues para nada. Me gusta leer algunos textos, porque disfurto leyendo a los escritores en su idioma original. Pero es algo in�til y eso es lo bonito”, insiste. “Aunque es cierto, que yo me he especializado siempre en cosas que no sirven para absolutamente nada. Por ejemplo, subir a una monta�a. �Para qu� sirve? Para nada. No hay ning�n objetivo concreto. Pero es tan fant�stico hacer una cosa in�til… Hay un dicho en Italia que dice que debemos unir lo agradable con lo �til. Pues no, yo digo que lo separemos. �til por un lado, agradable por otro”.
“Aprender algo que no sirve para nada es lo m�s bonito. Todo lo que es in�til es magn�fico”
Casi de forma inevitable, el �ltimo gran tema que late de fondo en La edad experimental es, como no, la muerte, esa compa�era silenciosa, que el escritor afronta con entereza. “Aunque no excluyo su existencia de la vida de otros, yo no creo en Dios, no tengo intimidad con una entidad superior, as� que simplemente pienso en un final. Digamos que cada d�a que pasa tiene derecho de ser el �ltimo para m�, y yo no protestar�a si me muriera al final del d�a. No tendr�a nada que recriminar, pues he tenido una buena vida”, reflexiona. “No me arrepiento de nada y nada me queda por hacer. Quiz�s s�, me hubiera gustado jugar mejor al tenis, pero bueno…”, bromea.
No obstante, cargado de vitalismo, a�ade: “Yo siempre trato cada d�a como si fuera el pen�ltimo. No el �ltimo, sino el pen�ltimo. Con lo cual intento no malgastar ni un momento de este pen�ltimo d�a. Despu�s, cuando llegue el �ltimo yo no lo sabr�, as� qu� no hay m�s que decir“. Quiz�, pensar en su legado, en c�mo ser� recordado. “No, tampoco pienso mucho en eso. De hecho, casi dir�a que me gustar�a que se olvidaran de m�, no quiero que me recuerden”, afirma jocoso. “A ver, no tengo ni hijos, no tengo ninguna necesidad de trascender. Es decir, a quien escriba mi epitafio le dir�a que ponga: hemos estado juntos un tiempo, fue estupendo, pero ya se termin�, as� que adi�s“, concluye.




