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Ahora, Brasil es país de nieve: Pinheiro gana el gigante, primer oro de invierno de Sudamérica
Olha que coisa mais linda,
mais cheia de graça
É ela, menina,
que vem e que passa
Tom Jobim, Garota de Ipanema
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Últimamente, el deporte noruego está de moda.
Brillan Magnus Carlsen, Håland y Sorloth, los Ingebrigtsen, Blummenfeldt, Casper Ruud, Karsten Warholm, ahora también Johannes Klaebo (ojo a este esquiador de fondo, hoy podría alcanzar su noveno oro olímpico, récord en la historia del olimpismo de invierno), y los analistas le damos vueltas al asunto, al porqué un país de 5,6 millones de habitantes produce tantas figuras.
Los sabios ofrecen respuestas. Aplauden el sistema noruego. Allí, los niños se inician en el deporte desde críos: prueban todas las disciplinas, y lo hacen desde una perspectiva puramente jugona . No hay marcas, récords ni partidos de competición para los menores de trece años. Tampoco se les entregan trofeos ni copas ni medallas. Y el acceso al deporte es universal: todos acceden a cualquier deporte sin pagar una corona noruega.
Sí, Noruega está de moda.
Aunque Lucas Pinheiro Braathen (25) no opina lo mismo.
Él es diferente.
Hay que ser un tipo diferente, acaso antisistema, para entregarle a Sudamérica el primer oro olímpico blanco de su historia: este sábado ha ganado el gigante, sorprendiendo al gran Marco Odermatt, plata.
(…)
“Siempre habrá un esquiador noruego. ¿Pero hay brasileños en la Copa del Mundo?”, se decía Pinheiro en 2024
El padre de Pinheiro es noruego. La madre, brasileña.
Los padres se separaron cuando el crío era muy crío y el pequeño vivió la infancia sumergido en ambas culturas: hablaba noruego y portugués.
Durante el ciclo escolar, esquiaba junto a su padre en Noruega. En el verano, jugaba al fútbol en los parques de São Paulo.
En el estira y afloja, ganó el padre: el niño sería esquiador. Y era bueno, uno de los mejores, así que Noruega le enroló en su programa de jóvenes estrellas. En el 2021, Pinheiro ya ganaba pruebas de la Copa del Mundo. En el 2022, fue olímpico en Pekín.
Luego rompió con los noruegos. Noruega le vetaba algunos patrocinios y le controlaba los derechos de imagen.
–Yo quería hacer las cosas a mi manera –contaba.
Pinheiro ansiaba una marca de aguas, una identidad en el sistema noruego. Pero en Oslo, la opinión pública le cuestionaba. Se le tildaba de egoísta y conflictivo.
Agobiado, se retiró al cuartel de invierno. Pronto se añoró de la competición. Y se dijo:
–Y ya que tengo la doble nacionalidad, ¿por qué no pruebo como brasileño?
La suya, contaba a Olympics.com, podía ser la oportunidad de atraer a 200 millones de personas al deporte blanco:
–Siempre habrá un nuevo esquiador noruego. Pero ¿cuánta gente ha oído hablar de alguien que haya representado a Brasil en la Copa del Mundo? Nadie, ¿no?
Durante años, Pinheiro esquiaba para Noruega; luego rompió: no le gustaba el método escandinavo
Anders Petersson, presidente de la Federación Brasileña de Nieve, le recibió con los brazos abiertos. Menudo regalo, y además en tiempo de vacas gordas: desde los Juegos de invierno de Vancouver 2010, el olimpismo se emite en abierto en Brasil. Y los televidentes brasileños lo contemplan con pasión.
–Incluso el curling fue un éxito, y eso que ni siquiera teníamos un equipo –cuenta Gabriel Gentile, de Time Brasil TV, a Skiracing.com.
En estos años, el efecto Pinheiro ha llevado a Brasil un paso más allá. En Pekín 2022 habían participado cinco brasileños. En Milano-Cortina, catorce.
(El deporte noruego está de moda; el brasileño, también).
Shiffrin y Klaebo, en el día de los grandes retos
Mikaela Shiffrin, la reina del esquí alpino, y Johannes Klaebo, icono del esquí de fondo, persiguen este domingo grandes retos. Shiffrin, ganadora de 108 pruebas de la Copa del Mundo (récord absoluto), se asoma hoy al gigante, una de sus pruebas fetiche (junto al slalom), en busca de su primer podio en Italia. Klaebo ya suma tres oros en esta edición, pero un nuevo triunfo, hoy en el relevo 4×7,5km, le elevaría hasta los nueve títulos totales, más que nadie nunca.



