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Ahora sí, arranca la Superliga, por Marc Menchén
La brevedad de los comunicados de esta semana dice mucho más que cualquier rueda de prensa. Nadie quiere hablar de vencedores y vencidos, pero el fútbol europeo ha enterrado el hacha de guerra cinco años después de aquel terremoto de abril de 2021. La reforma de la UEFA Champions League y la entrada formal de los clubs en su gestión comercial resuelven, en la práctica, los dos problemas de base que dieron origen a la amenaza de una Superliga: la voluntad de más partidos atractivos con la presencia de los grandes clubs -el nuevo sistema los blinda- y una mayor influencia en la explotación del negocio.
El Real Madrid podrá sostener ante los suyos que su persistencia forzó cambios estructurales. UEFA y la European Football Club (EFC) —la antigua ECA— pueden felicitarse porque la opinión pública entenderá mayoritariamente que han resistido la ofensiva judicial y han sabido aplacar la mayor crisis institucional de las últimas décadas. Cinco años ha llevado, pero el modelo ha mutado.

Bernd Reichart, CEO de la Superlliga, entre Florentino Pérez i Joan Laporta. | MARISCAL / EFE / EFE
Dicho esto, conviene recordar algo que a veces se olvida: la Superliga alternativa murió hace ya mucho tiempo. Concretamente, el día en que los clubs de la Premier League se bajaron del proyecto por la presión de sus aficionados, no por la de la UEFA. Sin el mercado británico, sin su músculo audiovisual y comercial, las cuentas simplemente no salían. El resto era relato.
También lo era la idea de financiar una competición rival con fútbol en abierto. No hay inversión publicitaria capaz de sustituir los casi 3.800 millones de euros anuales que generan conjuntamente Champions, Europa y Conference League en el ecosistema de pago. Fue un argumento populista para intentar ganarse a la grada. El negocio real siempre estuvo en otro sitio.
La jugada de Al-Khelaïfi
Y ahí es donde aparece el verdadero vencedor silencioso. Aunque vaya de modesto, a Nasser Al-Khelaïfi hay que reconocerle la jugada. Preside la EFC, ejerce de portavoz de los gigantes europeos y se sienta en todas las mesas donde se decide el futuro del negocio. Supo abrazar a Joan Laporta en Roma y dejar caer que “Florentino ha ganado”, mientras recordaba una verdad incómoda: lo único que se ha perdido en este pulso ha sido tiempo, dinero, seguridad jurídica y energía en la confrontación.
Ahora sí, arranca la Superliga. No como ruptura, sino como evolución interna del modelo. Más partidos entre gigantes, más peso de los clubs en lo comercial y un reparto que, sin cambiar de manos, sí cambia de equilibrio. El fútbol europeo no necesitaba una revolución, sino una negociación. Y con el señorío de protegerse unos a otros, porque Barça y Madrid no podrían vivir sin la Champions, pero tampoco la Orejona sin ellos.
¿Cómo vemos deporte en TV?
El fan audiovisual español ya no es solo de sofá y mando a distancia. La televisión conectada alcanza el 29,6% de cuota y el consumo por plataformas como DAZN o Movistar Plus+ se ha disparado en cinco años. Pero más digital no significa más deporte: el 72,8% de la población siguió alguna competición en 2024-2025, 6,7 puntos menos que hace una década. La caída se concentra en los jóvenes. Aunque el 81,3% de los menores de 20 años vio deporte en algún momento del año, es el segmento que más pierde frente a series, videojuegos o creadores de contenido. En cambio, los mayores de 65 años crecen hasta el 73%.
La televisión sigue siendo el medio principal (67,5%), pero retrocede, mientras Internet ya representa el 20,5% del consumo, impulsado por suscripciones digitales. El fútbol continúa dominando con holgura y el gran reto persiste: reducir la brecha de casi 19 puntos entre hombres y mujeres. Ahí está el verdadero margen de crecimiento del negocio audiovisual.



