Internacional
El día que Carlos Veramendi fulminó a UM con su 'tostadora'
Carlos Veramendi repet�a constantemente que su labor se ce��a al “pico y a la pala”, rehu�a el protagonismo y fue un gregario de lujo del PP de Baleares. Pero, en realidad, fue mucho m�s de lo que en las filas ‘populares’ supieron.
A lo largo de su carrera pol�tica fue regidor en el Ayuntamiento de Palma, conseller en el Consell de Mallorca y diputado del Parlamento y un trabajador incansable, dotado de una versatilidad inusual.
Conoc�a profundamente las estructuras de la Administraci�n p�blica de las Islas y, sobre todo, fue uno de los pocos hombres buenos que durante los a�os oscuros de la corrupci�n, con Mar�a Ant�nia Munar imponiendo su r�gimen de horca y cuchillo, decidi� dar un paso al frente indignado por lo que estaba sucediendo y alarmado por la inacci�n de sus compa�eros.
Lo hizo de manera clandestina, a espaldas de la direcci�n de su partido, que en ese momento se encontraba entregado al compadreo con Uni� Mallorquina (UM) y al encubrimiento de sus grandes esc�ndalos para permanecer en el poder y que, de paso, se silenciaran tambi�n sus corruptelas propias.
Como ya han pasado muchos a�os y a trav�s de un com�n amigo que tambi�n jug� un papel decisivo nos traslad� durante los �ltimos d�as que escribi�ramos su obituario con total libertad, que conste en acta que su intervenci�n fue determinante para provocar el principio del fin del primer partido que tuvo que disolverse en Espa�a por corrupci�n. Y, con ello, la consiguiente regeneraci�n pol�tica que sucedi� a aquella �poca trepidante en lo period�stico pero que quedar� en la historia de Baleares como una era oscura que nunca m�s deber�a volver a repetirse.
Corr�a el a�o 2009 y pese a las evidencias incontrovertibles del saqueo perpetrado por UM publicadas por EL MUNDO/El D�a de Baleares dirigido por Agust�n Pery, la Justicia arrastraba los pies ante semejante desaf�o.
Ya hab�amos publicado que Bartomeu Vicens, todopoderoso conseller de Territorio, cobraba comisiones a trav�s de una tapadera de nombre Metalumba a cuyo frente hab�a puesto a su mujer, ama de casa, a la que hab�a dado de alta como taqu�grafa para cobrar las mordidas de la recalificaci�n del pol�gono de Son Oms. Hasta el 15% de soborno en suelo recalificado. Lo nunca visto.
Pese al dinero amasado, Vicens no quer�a pagar impuestos con aquella sociedad instrumental y no se le ocurri� mejor idea que pedir a su asesor fiscal que le consiguiera facturas falsas para minorar los beneficios. Y como tampoco quer�a pagar aquellos servicios de su bolsillo, mutado ya en una urraca insaciable a imagen y semejanza de su jefa, le dijo a Tom�s Mart�n que le pagar�a desde el Consell de Mallorca con un informe sobre lo que fuera.
Nos enteramos de la jugada, se la contamos a Veramendi y �l detect� de inmediato el pago y el concepto. Se llev� a su casa un DVD con todos los pagos del Consell de Munar donde estaban registrados los beneficiarios del despilfarro. Y all� estaba, en la ‘tostadora’, como denominaba Carlos al ordenador de su domicilio en el que hac�a b�squedas compulsivamente, las pruebas de compra de recibos ficticios para ahorrarse impuestos.
A Veramendi le brillaron los ojos con el descubrimiento, nos llam� emocionado, y en una cafeter�a del barrio palmesano de Santa Catalina nos entreg� la orden de pago al contable corrupto ordenada por la mano derecha de ‘Sa Princesa’. Lo hizo con la inquietud de que si sus compa�eros se enteraban, le acusar�an de alta traici�n, y sin saber que aquel golpe resultar�a letal. Cosas de aquellos tiempos.
Lo publicamos al d�a siguiente y el fiscal Juan Carrau hizo el resto. Meti� en Google el contenido del informe ‘fake’ del contable de Vicens y acredit� que lo hab�a plagiado de la manera m�s burda posible.
Tom�s Mart�n se vio acorralado. Cant� la ‘traviata’ en el Tribunal Superior de Justicia y aquello fue el principio del fin de la banda de UM. Vicens fue condenado por malversaci�n por aquella torpe corruptela que apenas ascend�a a 12.000 euros. Su encarcelamiento deriv� en su confesi�n y as� empez� a derrumbarse el castillo de naipes, hasta que se vino abajo por completo un a�o despu�s.
Nadie supo de la intervenci�n de Veramendi en aquel episodio y nadie la hubiera conocido si no nos hubiera dejado con tal solo 62 a�os y una energ�a vital con la que repet�a durante las �ltimas horas que segu�a ‘luchando’.
Veramendi era un trabajador infatigable y se desenvolv�a como nadie en las tripas de la maquinaria pol�tica. Hasta el final sigui� trabajando y nunca quiso la gloria p�blica: le bastaba con la calma del deber p�blico cumplido.
Llegado el momento de recordar su trayectoria, es de justicia que se conozca que sin el compromiso �tico de pol�ticos como �l, qui�n sabe si Mallorca seguir�a ahora mismo secuestrada por aquella organizaci�n criminal travestida de partido pol�tico que pervirti� el para�so.



