Internacional
El declive demográfico restó un 3,8% del crecimiento del 2000 al 2019 y sólo la inmigración lo ha reactivado un 0,3% tras el covid
La reducci�n del peso de la poblaci�n activa (trabajando o buscando empleo) y el envejecimiento generalizado ha provocado que en las primeras dos d�cadas del siglo XXI la demograf�a haya supuesto un freno para el crecimiento econ�mico en Espa�a, una tendencia que se ha revertido levemente tras la pandemia gracias a la inmigraci�n.
Es una de las conclusiones a las que llega el economista Jos� Ignacio Conde-Ruiz, catedr�tico de Fundamentos del An�lisis Econ�mico en la Universidad Complutense de Madrid y subdirector de Fedea, en su an�lisis Inmigraci�n, Envejecimiento y Dividendo Demogr�fico: El caso de Espa�a en perspectiva, publicado este mi�rcoles, en el que constata c�mo ha ido evolucionando el impacto de la poblaci�n en la econom�a.
“Durante el periodo 1980-1999, la evoluci�n demogr�fica contribuy� positivamente al crecimiento del PIB per c�pita, con un efecto acumulado del 9,28 %. Este aporte refleja una estructura poblacional favorable, asociada al aumento de la poblaci�n en edad de trabajar. En cambio, entre 2000 y 2019 el componente demogr�fico pas� a restar crecimiento, con una contribuci�n acumulada de -3,80 %, reflejo del r�pido envejecimiento y de la reducci�n del peso relativo de la poblaci�n laboral potencial. Por �ltimo, en el periodo m�s reciente (2020-2024), la demograf�a volvi� a aportar ligeramente, aunque con una magnitud modesta 0,34%, en un contexto marcado por la recuperaci�n post-pandemia y por la entrada neta de inmigraci�n”, recoge.
El estudio se centra en lo que se conoce como “dividendo demogr�fico”, un concepto que hace referencia a la fase de la transici�n demogr�fica en la que el peso relativo de la poblaci�n en edad de trabajar aumenta respecto de la poblaci�n dependiente, tanto infantil como anciana, lo que supone un impulso para el crecimiento econ�mico, en la medida en que la proporci�n de trabajadores potenciales se expande en relaci�n con los dependientes, facilitando mayores niveles de ahorro, inversi�n y productividad agregada as� como una mejor situaci�n fiscal.
Ese dividendo demogr�fico ha ido deterior�ndose progresivamente desde el a�o 2000 a medida que envejec�a la poblaci�n, si bien la inmigraci�n ha mitigado cerca del 60% de ese deterioro hasta el a�o 2019. ” La proporci�n de poblaci�n en edad de trabajar habr�a ca�do a un ritmo anual de -0,39% sin inmigraci�n, frente a -0,16% con inmigraci�n, una diferencia de 0,23 puntos porcentuales al a�o (aproximadamente 4,6 puntos acumulados en dos d�cadas). Sobre la tasa de empleo, el efecto neto fue pr�cticamente neutral en 2000-2019 —la inmigraci�n aument� tanto el empleo como la poblaci�n en edad laboral—, pero pas� a ser claramente positivo en 2020-2024, con una diferencia de 0,22 puntos porcentuales anuales a favor del escenario con inmigraci�n”.
Esto supone que el lastre demogr�fico queda amortiguado gracias a la ganancia neta de inmigrantes. En los a�os 2000, Espa�a se convirti� en el pa�s europeo que m�s poblaci�n extranjera recib�a, con una media anual de 600.000 llegadas, lo que fue determinante para que la poblaci�n total creciera a tasas cercanas al 2%. Desde 2008, con la crisis econ�mica, los flujos migratorios netos descendieron y llegaron a ser negativos entre 2012 y 2015, a�os del gran exilio de j�venes nativos. Desde entonces se han recuperado hasta quedar el saldo neto medio en 650.000 personas al a�o durante el periodo 2022-2024.
Este crecimiento de la poblaci�n v�a llegada de extranjeros se ha traducido, adem�s, en un rejuvenecimiento demogr�fico, ya que la edad media de los que llegan es inferior, y en una mayor participaci�n en el mercado de trabajo, elevando la tasa de empleo.
El impulso de la productividad
Si asumimos que los tres elementos que conforman el crecimiento son el dividendo demogr�fico, la tasa de empleo y la productividad, observamos que durante las d�cadas de 1980 y 1990 los principales impulsores fueron la mejora del empleo y el dividendo demogr�fico; mientras que a partir de los 2000, la aportaci�n demogr�fica se torn� negativa y el crecimiento paso a depender casi exclusivamente del empleo. Cambiaron las tornas, pero en todo el periodo no hubo una mejora sustancial de la productividad.
De cara a futuro y dado que la tasa de empleo tiene un l�mite natural -no puede crecer indefinidamente-, el experto de Fedea recuerda que “el margen para sostener el aumento de la renta per c�pita y, por tanto, del bienestar, depender� esencialmente de las ganancias de productividad“, de ah� que sea tan importante aumentar “la eficiencia productiva y la acumulaci�n de capital humano como motores fundamentales del crecimiento futuro”.
La entrada de inmigrantes prevista -seg�n los distintos ejercicios de proyecciones- no ser� suficiente para revertir el impacto del envejecimiento de la poblaci�n aut�ctona, pero s� servir� para mitigar su impacto en la econom�a de forma creciente. Junto con la mejora de la productividad, el segundo gran reto vinculado a estas din�micas es “el desaf�o de la integraci�n y la cualificaci�n”, ya que har�n falta itinerarios de inserci�n, reconocimiento de competencias y reducci�n de brechas educativas, apunta el autor.
El tercer y �ltimo reto ser� la sostenibilidad fiscal y del Estado del Bienestar, ya que “el equilibrio entre entre contribuciones y prestaciones en un contexto de mayor dependencia demogr�fica requiere marcos estables y predecibles”.
“La inmigraci�n ha sido y previsiblemente seguir� siendo un componente relevante del crecimiento por la v�a demogr�fica, pero no es una soluci�n suficiente por s� sola. Su contribuci�n depender� de la capacidad para convertir ese potencial en empleo y productividad, y de la coherencia entre pol�ticas de integraci�n, mercado de trabajo, educaci�n y tecnolog�a”, concluye.





