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Europa no puede seguir jugando al fútbol en un terreno inclinado

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Como todos sabemos, el libre comercio es algo bueno. Los consumidores pueden elegir entre bienes y servicios de todo el mundo, la competencia garantiza innovación y precios más bajos y el Estado está satisfecho con los impuestos y la economía crece. Sin embargo, este equilibrio solo funciona si todos los jugadores del partido están bajo las mismas reglas.

Al imponer aranceles unilaterales, proporcionar subvenciones o facilitar el dumping -que se produce cuando empresas extranjeras introducen productos a precios artificialmente bajos en el mercado europeo- la competencia deja de ser justa y el mercado se convierte en un partido disputado en un campo claramente inclinado.

Y esto es exactamente lo que está ocurriendo con una de las industrias más estratégicas para Europa: la automoción. Los proveedores europeos afrontan una presión competitiva inédita. Según cálculos de la consultora Roland Berger, el continente europeo podría perder más del 20% del valor añadido del sector en tan solo cinco años, lo que desembocaría en la pérdida de hasta medio millón de empleos a largo plazo. Si tenemos en cuenta que los proveedores representan tres cuartas partes del valor generado en la industria del automóvil, y que pocas actividades económicas invierten tanto en investigación y desarrollo, la conclusión es evidente: debemos actuar y restablecer unas condiciones de competencia equitativas.

No obstante, el desequilibrio actual en la escena geopolítica no es la única causa de estas dificultades. Los menores costes de energía y de mano de obra en los países de origen de proveedores fuera de Europa suponen ya de por sí una desventaja competitiva notable para las empresas europeas. Además, cada vez más países están protegiendo sus puestos de trabajo y su capacidad innovadora mediante requisitos de producción local, a través de porcentajes mínimos de contenido local fijados por ley.

Por tanto, para recuperar un terreno de juego justo y nivelado, en Europa también debemos hacer prevalecer nuestro mercado. En el sector de automoción, ya no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras los proveedores europeos sufren un trato desigual en muchas regiones del mundo, mientras que nosotros hacemos demasiado poco para impulsar nuestra propia capacidad industrial y tecnológica. Europa necesita ahora sus propias reglas locales.

Al igual que ocurre desde hace años en otras partes del mundo, en Europa deberíamos establecer por ley un porcentaje mínimo de valor añadido local en las compras públicas, especialmente en el caso de los vehículos eléctricos. Y lo mismo debería aplicarse a las ayudas económicas destinadas a los clientes particulares (subvenciones al coche eléctrico) y a las flotas corporativas. También serían útiles ventajas fiscales o tipos de interés reducidos para los fabricantes que cumplan con estos requisitos de contenido local.

El criterio más evidente para estas medidas sería, por supuesto, que un porcentaje suficientemente alto de los componentes de un vehículo proceda de la UE. Sin embargo, este enfoque debe ir más allá de la batería o del vehículo en su conjunto: lo esencial es incluir los componentes y tecnologías estratégicas que definirán las arquitecturas de los vehículos del futuro.

Esto incluye los sistemas de propulsión para vehículos eléctricos y áreas clave de la electrónica del automóvil. En estos componentes debe prestarse especial atención al contenido local para impulsar de forma equilibrada el conocimiento y las capacidades europeas.

Una cosa está clara: si tuviera que elegir entre el libre comercio y un intercambio de bienes cada vez más regulado por intereses regionales, elegiría sin dudarlo el libre comercio. Las intervenciones que distorsionan el mercado solo son útiles —en el mejor de los casos— durante un tiempo limitado y para un grupo limitado de actores. La libre circulación de bienes, en cambio, ha impulsado la competencia y la prosperidad en prácticamente todo el mundo. Y, sin embargo, en la actividad empresarial hay algo casi más importante que la libertad: la equidad y la justicia. Recuperarlas o no depende ahora de nosotros. Si no lo hacemos, los europeos seguiremos jugando al fútbol cuesta arriba… y con un campo cada vez más inclinado.

Stefan Hartung es presidente del consejo de administración de Robert Bosch GmbH


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