Internacional
Pellegrino Matarazzo, el catalizador de la Real Sociedad: autoestima, récord invicto y "café con ron" para Oskarsson
Desde su primer entrenamiento en Zubieta, el pasado 26 de diciembre, Pellegrino Matarazzo quiso dejar claro a todos en la Real Sociedad que se dirigieran a �l por el diminutivo familiar: Rino. Hijo de inmigrantes italianos, nacido en 1977 en Wayne (Nueva Jersey, 1977), Matarazzo tiene en tan alta estima los valores inculcados en casa como los c�digos del vestuario. Por eso, su prioridad a lo largo de estas seis semanas no ha pasado por la t�ctica. El modo en que Matarazzo ha cambiado el rumbo de la Real Sociedad se ha fundamentado en la confianza.
Cinco victorias y tres empates en ocho partidos convierten a la Real en uno de los tres equipos invictos, junto con Olympique de Lyon y Milan, de las grandes ligas en 2026. Durante ese mismo periodo, s�lo el Real Madrid ha sumado m�s en el torneo de la regularidad. Un balance que ni uno de los hinchas presentes en aquella sesi�n abierta en el campo Jos� Luis Orbegozo pudo imaginar. Apenas seis semanas despu�s, aquella Real deprimida, plana y pasiva, con dos puntos de margen sobre los puestos de descenso, es hoy un torrente de energ�a, v�rtigo y decisi�n, a un paso de disputar la final de la Copa del Rey.
Nada compendia mejor la metamorfosis moldeada por Matarazzo que una canci�n de la Grada Aitor Zabaleta. �Por la ma�ana caf�, por la tarde ron, ll�vame a Sevilla, Orri Oskarsson�. As� corearon el domingo en Anoeta el gol con el que el delantero cerraba el triunfo ante el Elche (3-1). Los mismos acordes de Caf� con ron, el �xito de Bad Bunny, serv�an ahora para el island�s, un fichaje de 20 millones de euros que en 18 meses s�lo hab�a destacado por su propensi�n a las lesiones. Hoy, Oskarsson representa uno de las grandes bazas de los txuri urdin para disputar la final copera, el 18 o 19 de abril en La Cartuja.
Los tiempos de Montanier
Matarazzo se comunica en ingl�s con Orri y con Luka Sucic, otro futbolista que ha multiplicado su rendimiento respecto a su etapa con Imanol Alguacil y Sergio Francisco. Desde el primer d�a, las instrucciones en espa�ol quedaron en manos de John Maisano, su primer ayudante, conocido en la caseta por dirigirse a Mikel Oyarzabal como Michele. M�s all� del idioma, Matarazzo nunca quiso agobiar con revoluciones en la pizarra, sino que puso el foco en alimentar la autoestima de sus futbolistas. Tal y como hab�a intuido en los v�deos previos, la calidad estaba ah�. Simplemente hab�a que liberarla.
M�s de una d�cada despu�s, Matarazzo ha recuperado una de las f�rmulas que mejor funcionaron en San Sebasti�n. Se trata del f�tbol vertical, basado en las transiciones r�pidas. El estilo con el que Philippe Montanier logr� la clasificaci�n para la Champions, con Asier Illarramendi como lanzador de Carlos Vela y Antoine Griezmann. Esta Real no necesita el bal�n para mandar en el partido, porque sabe la zona en que va a robarlo y el flanco d�bil donde desarbolar al rival. El guion es claro y el equipo lo aplica sobre el verde de un modo muy efectivo.
Nadie en Anoeta pudo extra�arse con el primer once de Matarazzo ante el Atl�tico, pero aquel domingo, cerrado con una clamorosa ocasi�n de Carlos Soler ante Jan Oblak (1-1), hubo un par de detalles que sorprendieron. Desde el minuto 15, seis suplentes saltaron a calentar. Una muestra de la activaci�n y la agresividad que quer�a su t�cnico. Desde la banda, Matarazzo tambi�n se hac�a muy presente. Esa energ�a a la hora de dar instrucciones, celebrar el gol y protestar a los �rbitros, pronto tambi�n ante los micr�fonos, calaron en la grada. Tras el 2-1 frente al Barcelona, el estadio core� por primera vez su nombre.
Matarazzo, junto a Oyarzabal, el pasado s�bado en Anoeta.
Aquel domingo, la gente sal�a at�nita de Anoeta, no s�lo porque Gon�alo Guedes hab�a marcado en la jugada inmediata al gol de Marcus Rashford, sino porque su Real pudo resistir, en inferioridad num�rica, ante el mejor frente de ataque de LaLiga. En las ant�podas de aquel equipo que se desplomaba f�sicamente durante los �ltimos minutos, perdiendo puntos decisivos frente a Villarreal, Girona o Levante.
Nadie puede enga�arse con Matarazzo, el primer t�cnico estadounidense en la historia de LaLiga, pero con nacionalidad e ideosincrasia italianas. De sus cuatro hermanos, todos varones, Leopoldo y Antonio tambi�n se han dedicado al f�tbol. Los tres comenzaron en la Universidad de Columbia, donde Rino se gradu� en Matem�ticas Aplicadas en 1999. Era el sue�o de sus padres, pero incluso a los 22 a�os �l manten�a viva la llama de ser futbolista. As� que cambi� el c�lculo avanzado multivariable y la geometr�a diferencial por un salto al vac�o. No cuaj� nada en Italia, as� que, sin conocer una palabra del idioma, tom� un avi�n hacia Alemania. All� nunca pasar�a de cuarta divisi�n, pero s� supo hacer contactos.
En aquel 62� curso de entrenadores de la Federaci�n Alemana (DFB) conoci� a Julian Nagelsmann, con quien comparti� habitaci�n en la ciudad deportiva de Hennef, a las afueras de Colonia. La sinton�a entre ambos fue inmediata y en enero de 2018, el actual seleccionador de la Mannschaft contrat� a su amigo como primer ayudante en el Hoffenheim. Tras casi dos temporadas juntos, Rino opt� por volar solo en el Stuttgart, a quien ascendi� a la Bundesliga. De ah�, vuelta a Hoffenheim, con billete para la Europa League. Su despido, en noviembre de 2024, cambi� tanto su perspectiva que terminar�a aceptando la oferta de DAZN como comentarista durante el Mundial de clubes.
Cosas de la buena ventura
Tras perder la carrera para dirigir a Estados Unidos en el Mundial, cuya responsabilidad acabar�a en poder de Mauricio Pochettino, todos los azares del f�tbol se han alineado para Matarazzo. En Zubieta no se olvidan de los cinco disparos a la madera del Barcelona, incapaz de batir a Alex Remiro tras la roja a Soler; ni de las paradas de Aitor Marrero durante la tanda de penaltis frente a Osasuna en octavos de Copa; ni de la asombrosa irrupci�n del bal�n parado, en manos de Jos� Rodr�guez, el especialista fichado en verano procedente del Aston Villa. Tras una angustiosa sequ�a en la estrategia, Jon Aramburu rubric� el 1-2 en Getafe tras cabecear un c�rner botado por Takefusa Kubo.
Matarazzo, durante el entrenamiento del martes en Zubieta.
Hoy, Matarazzo no podr� contar ante el Athletic con el japon�s, ni con Ander Barrenetxea, ni con el citado Sucic, pero en Donosti ven la final m�s cerca que nunca. De las 8.000 peticiones, s�lo 410 agraciados podr�n disfrutarlo en directo en San Mam�s. Se trata de la cuarta semifinal en siete a�os para la Real, tercera seguida, algo nunca visto en su historia. Los dos precedentes coperos ante el Athletic en esta instancia se saldaron con una remota eliminaci�n (1923) y un triunfo (1987) que conducir�a al t�tulo ante el Atl�tico en La Romareda.
“Tenemos que jugar con intensidad y conexi�n, todas las cosas que nos ha hecho muy fuertes, debemos seguir haci�ndolas, porque si no, no funcionaremos bien”, admiti� el martes Matarazzo. A�n queda mucho margen para un conjunto incapaz de mantener su porter�a a cero desde el 24 de septiembre ante el Mallorca. Y que sobrevive en defensa pese a las tribulaciones de Duje �aleta-Car, autor de un esperp�ntico penalti sobre Toni Mart�nez, a quien ceg� con su propia camiseta.
Esa remontada en Mendizorroza (2-3), sin embargo, fragu� tambi�n la conexi�n entre el vestuario y la afici�n. Muchos realzales se las hab�an ingeniado para conseguir una localidad fuera de la grada visitante y vibraron con las l�grimas de Marrero, baja para el que deb�a ser su d�a grande por un golpe fortuito con Guedes durante un entrenamiento. Tampoco olvidaron el detalle de Brais Mendes, que se sum� a la convocatoria apenas unas horas despu�s del nacimiento de su segundo hijo. Inequ�vocos s�ntomas ambos de la salud del vestuario.





