Internacional
La víctima de 'Txeroki' de la que tiene que mantenerse a 50 kilómetros: "¿Va a controlar una patrulla que no se me acerqué?"
El 17 de enero de 2002, Garikoitz Aspiazu ‘Txeroki’ envi� una caja envuelta con papel marr�n a la casa de los padres de la periodista vasca Marisa Guerrero. Entregada por una empresa de mensajer�a y con un cartel de Confebask -la organizaci�n empresarial vasca- el paquete con casi 300 gramos de dinamita era una trampa mortal. S�lo la fortuna y los reflejos de Guerrero evitaron una tragedia. La ex delegada de Antena 3 en Euskadi conoce al detalle el proceso seguido por el ex jefe de ETA para salir cada d�a de prisi�n pese a estar condenado a casi 400 a�os de c�rcel: “La salida de la c�rcel de Txeroki es incomprensible, bueno no, es comprensible porque responde a los acuerdos pol�ticos de este gobierno para que salgan de la c�rcel a la calle los presos de ETA, sean quienes sean”, denuncia alto y claro una de las v�ctimas del ex dirigente de la banda.
La concesi�n a Garikoitz Aspiazu de un tercer grado encubierto ha multiplicado el dolor de sus v�ctimas. La gran mayor�a se encuentra indefensa y desinformada ante la concesi�n del 100.2 otorgado por la administraci�n vasca, que desde octubre de 2021 gestiona las tres prisiones. Pero Marisa Guerrero se mantiene alerta y no est� dispuesta a claudicar ante la estrategia pol�tica que est� vaciando las c�rceles en una calculada estrategia de traslados, permisos, 100.2 y terceros grados para el centenar de terroristas de ETA.
“El caso de Txeroki es el m�s sangrante, sin duda”, lamenta Marisa Guerrero, que ya ha comunicado formalmente tanto a la Oficina de Atenci�n de V�ctimas del Terrorismo como al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria su oposici�n a que el terrorista que le envi� un paquete bomba pueda caminar libre por el Pa�s Vasco e, incluso, acercarse a su domicilio cuando tiene una orden de alejamiento de 50 kil�metros. “Se supone que la oficina de v�ctimas comunica a la Ertzaintza salidas de estos terroristas con condenas de alejamiento pero, �va a haber una patrulla detr�s de cada etarra para garantizar que cumplen las sentencias?”, advierte indignada.
Garikoitz Aspiazu abandon� antes de las 8:00 horas de ayer la c�rcel de Martutene sin control policial ni ninguna medida de localizaci�n. A partir de ahora, todos los d�as laborables saldr� de la c�rcel, salvo que el juez de Vigilancia Penitenciaria Jos� Luis Castro lo anule. Guerrero, como el resto de las v�ctimas de Txeroki desconoce por qu� la Junta de Tratamiento de Martutene ha concedido esta semilibertad al etarra cuando ha cumplido apenas 17 a�os de los 30 de encarcelamiento.
“Las v�ctimas no tenemos ni voz ni voto en la concesi�n de estos beneficios porque la ley actual limita nuestra participaci�n al momento en el que se les concede la libertad condicional”, se�ala la periodista vasca, que denuncia el flagrante y continuo incumplimiento de la Ley de V�ctimas con etarras que ni se han arrepentido, ni han pedido perd�n a sus v�ctimas, ni han colaborado con la Justicia para esclarecer los 379 asesinatos que siguen impunes.
Txeroki habr�a firmado una “cartita”, como la define Guerrero, de desvinculaci�n del terrorismo de ETA, que redactan los abogados del autodenominado Colectivo de Presos Vascos y que junto a ex etarras como Jos� Antonio Ruiz ‘Kubati’ monitorizan la puesta en libertad de los jefes de ETA que, por su sangriento historial delictivo, son los que formalmente cumplen sus condenas en las tres prisiones vascas. “�Qui�n controla todo ese cumplimiento, no s�lo de los requisitos legales, sino una estricta observaci�n de buena conducta de la c�rcel? Nadie”, aclara Marisa Guerrero confirmando la opacidad con la que la consejera socialista Mar�a Jes�s San Jos� facilita la concesi�n de beneficios penitenciarios.
“Txeroki es un estandarte de la izquierda abertzale y su supuesto abandono de la violencia es igual a cero”, constata.




