Internacional
Gisèle Pelicot revela el momento en que descubre el atroz crimen de su marido: "El policía lanzó un número: 53 hombres habrían venido a nuestra casa para violarme"
“Mi cerebro dej� de funcionar en la oficina del subrigadier Perret…”. Es la confesi�n de Gis�le Pericot en su libro Et la joie de vivre sobre el momento en el que le comunican la atroz noticia en la comisar�a de Carpentras: “El polic�a lanz� un n�mero: 53 hombres habr�an venido a nuestra casa para violarme”.
El diario Le Monde ha publicado en exclusiva extractos las memorias de Pelicot, que se publicar�n en Espa�a el 17 de febrero con el t�tulo Un himno a la vida (Lumen). La mujer convertida en �cono del feminismo tras la condena a 20 a�os de su marido, Dominique, y de medio centenar de hombres a los que permiti� que la violaran mientras estaba sedada, se remonta en sus memorias al momento en que empez� su particular infierno.
Estamos en el oto�o de 2020, a la salida del Covid y con el uso a�n ocasional de las mascarillas. Gis�le cree que la Polic�a quiere hablar con ella por un incidente por el que fue detenido Dominique: por grabar con su m�vil bajo las faldas de tres mujeres en un supermercado. Se lo hab�a confesado a su mujer llorando y asegurando que “hab�a perdido la cabeza”. Ella le perdon� con la condici�n de que visitara un psic�logo.
“�C�mo definir�a usted a su esposo?”, le pregunta el polic�a Perret a “Madame Gis�le”, como la llamar�a a partir de ese momento. “Es alguien amable y cari�oso, un buen tipo”, contesta ella. “Por eso seguimos juntos”.
“Estoy segura de mi felicidad, de nuestra felicidad”, a�ade Gis�le. “Pronto cumpliremos 50 a�os de matrimonio y la imagen de nuestro primer encuentro sigue muy v�vida. Su sonrisa. Su mirada t�mida. Su pelo largo y rizado. Si jersey bret�n. Supe que iba a amarme”.
El polic�a quiere saber si reciben frecuentemente a amigos en su casa y a qu� hora se va a la cama. Las preguntas se hacen cada vez m�s �ntimas hasta que Perret inquiere: “�Practican ustedes el intercambio de parejas?”.
“Yo no entend�a ya nada”, escribe Gis�le. “Me escuch� a m� misma respondi�ndole que nunca, �qu� horror! Me o� balbuceando que el intercambio de parejas no era algo que visualizara para m�. Que no soportaba la idea de que otros me tocaran. Que necesitaba sentimientos… Me pregunt� si cre�a conocer a mi marido lo suficiente como para que no pudiera ocultarme nada. Dije que s�”.
El polic�a Perret le muestra entonces una foto… Una mujer con liguero estaba tumbada de lado. Un hombre negro estaba tumbado detr�s de ella, penetr�ndola. “�Es usted la que est� en la foto?”, inquiere el agente. “No soy yo”, replica ella, que decidi� ponerse las gafas para examinar una segunda foto, esta vez con un hombre tatuado a su lado.
“No reconoc� a la gente que ve�a. Ni a esa mujer. Ten�a una mejilla tan fl�cida y la boca tan suave. Era una mu�eca de trapo… Y entonces una tercera foto. El hombre llevaba a�n puesto su uniforme de bombero. Yo ya no o�a no lo que dec�a el polic�a o mejor dicho lo o�a pero no me preocupaba. Era el como el eco lejano de una voz: �Es esta su habitaci�n? �Son estas sus l�mparas de noche?”.
Y entonces fue cuando el subrigadier Perret dej� caer un n�mero (53) y crey� que se le paraba el cerebro… “Sent� algo m�s que verg�enza en su voz, una curiosa mezcla de peligro y protecci�n. Me inform� que Dominique acababa de ser detenido por violaci�n con agravantes y administraci�n de sustancias nocivas. Creo que llor�”.
Gis�le recuerda en el mismo cap�tulo c�mo encontr� a una joven llorando por el camino, a la salida de una de las sesiones del juicio en el oto�o de 2024 en Avignon: “Ella deb�a de tener 25 a�os y susurr� que no podr� tener mi coraje. Le dije que no llorara porque ten�a que ser fuerte. Le pas� los dedos bajo los ojos para secarlos. Fue pensando en gente como ella, en su terror, por lo que pens� en hablar ante el tribunal a mitad del juicio. Hab�a preparado algunas notas, palabras que us� por primera vez en la vida: ‘Me agradecen todos los d�as mi coraje, pero quiero decirles que no es coraje, sino voluntad y determinaci�n para que pueda evolucionar esta sociedad patriarcal y machista'”.




