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Nostalgia nuclear

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El secreto de la bomba termonuclear se revel� ante Guillermo Velarde por puro accidente. En 1966, el militar y cient�fico llevaba a�os trabajando en secreto para desarrollar el arma de plutonio cuando el r�gimen franquista le envi� a Palomares. Dos bombas estadounidenses hab�an ca�do, sin estallar, tras un accidente a�reo. Seg�n sus memorias, el poliestireno que encontr� en las rocas de la zona le dio la pista para descifrar el m�todo Teller-Ulam que permit�a convertir a Espa�a en la quinta naci�n con acceso a ese conocimiento. Sin embargo, Franco aparc� el proyecto por miedo a la reacci�n internacional y el dossier se cerr� definitivamente en los 80, a un paso de entrar en la OTAN. Espa�a nunca logr� el arma de disuasi�n definitiva que s� desarroll� Francia.

De Gaulle sab�a que el equilibrio at�mico era “un factor de paz” durante la Guerra Fr�a, pero tambi�n intu�a que la bipolaridad no durar�a para siempre: “La defensa de Francia debe ser francesa”. Su desconfianza hacia Washington fue decisiva para concebir la force de frappe, que hace hoy de Francia la �nica naci�n nuclear en la UE. Las alianzas cambian pero los intereses nacionales y la lucha por la supervivencia permanecen.

La posibilidad de una Destrucci�n Mutua Asegurada, que pod�an desencadenar los arsenales sovi�tico y estadounidense, llev� a rehuir el choque directo durante d�cadas. Pero aquel mundo ya no existe. Cuando la protecci�n de Europa est� en duda, cuando el dominio ya no es solo cuesti�n de dos, el inter�s de los pa�ses por la bomba se reactiva y las reglas parecen m�s fr�giles. Washington y Mosc� est�n limitados por el acuerdo New START, que acaba de caducar. Mientras, seg�n estimaciones, China ha doblado su repertorio en el �ltimo lustro, hasta las 600 ojivas, y EEUU teme que pueda llegar pronto al millar. Tres grandes potencias at�micas se dibujan en el mapa. Tras ellas hay una corta lista de actores secundarios, como Corea del Norte, Francia, Reino Unido, India, Pakist�n e Israel, con Ir�n aspirando a entrar pronto en ese club.

El mayor n�mero de actores incrementa el riesgo de error. Se afina la precisi�n de los proyectiles y tambi�n la eficacia de los sistemas de defensa e interceptaci�n. Eso explica parcialmente la obcecaci�n de Trump con Groenlandia, como punto cr�tico ante un ataque masivo desde Rusia. All� quiere asentar una parte de su Golden Dome, el sistema de sistemas que blindar� su zona de influencia.

�Y qu� piensa Europa? Un sustituto local al paraguas at�mico americano es hoy una ilusi�n, pero algo se mueve. En julio, Londres y Par�s acordaron coordinar sus herramientas de disuasi�n nuclear, mirando de reojo a un Trump en retirada y a un Putin a la ofensiva. Varsovia y Berl�n han sugerido p�blicamente una protecci�n regional basada en el arsenal galo. Todo est� en pa�ales, pero el tab� se ha roto.

En septiembre, el presidente S�nchez enunci� una obviedad: “Espa�a, como saben, no tiene bombas nucleares; tampoco tiene portaaviones ni grandes reservas de petr�leo”. Lamentaba entonces su incapacidad para frenar a Israel en Gaza, pero al expresarla de ese modo reconoci� que solo con esas herramientas —la fuerza militar y la disuasi�n at�mica— se puede entrar en la divisi�n de los elegidos: la de quienes infunden temor en un mundo m�s fragmentado.


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