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Internacional

Kimi Onoda, la mestiza al frente de la política antinmigración japonesa en la era Takaichi

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El d�a que en Espa�a se abri� el debate sobre la regularizaci�n masiva de cientos de miles de inmigrantes, la noticia apenas ocup� unos minutos en algunos informativos japoneses, pero dej� una estela en las conversaciones cotidianas dentro de la Red de Solidaridad con los Migrantes de Jap�n, una ONG de Tokio. “Nosotros estamos frente a una encrucijada demogr�fica sin precedentes: somos el pa�s desarrollado m�s envejecido del mundo y la fuerza laboral se contrae“, se�ala Akito Tanaka, coordinadora de programas sociales de la citada organizaci�n.

“Negarnos a aceptar un flujo adecuado de migrantes no s�lo es ignorar la realidad econ�mica, sino tambi�n renunciar a nuestro futuro colectivo. Las pol�ticas que est�n limitando cada vez m�s la entrada de trabajadores extranjeros est�n agravando precisamente este problema”, contin�a.

En Jap�n, la idea de legalizar de golpe a una gran poblaci�n de trabajadores extranjeros suena, para la gran mayor�a, inconcebible. El Gobierno de la conservadora Sanae Takaichi ha puesto la campa�a antimigratoria en el centro de la pol�tica nacional. Una de sus primeras decisiones al asumir el cargo el pasado octubre fue crear una oficina destinada a promover lo que defini� como una “sociedad de coexistencia ordenada con extranjeros”.

Al frente de esta oficina, Takaichi coloc� a una mujer que est� emergiendo como otra figura de la derecha japonesa: Kimi Onoda, de 42 a�os, hija de madre japonesa y padre irland�s-estadounidense. Una pol�tica at�pica, por origen y trayectoria, que se ha convertido en un pivote de la nueva l�nea dura sobre migraci�n en un pa�s hist�ricamente aislacionista.

Onoda naci� en Chicago y se crio en Okayama, al oeste de Jap�n. Los medios locales han contado que sufri� acoso escolar por su apariencia mestiza, que es amante del manga y los videojuegos, y que trabaj� como modelo antes de dar el salto a la pol�tica de la mano del gobernante Partido Liberal Democr�tico (PLD), donde ascendi� de concejala municipal en 2011 a senadora en 2016.

La llegada de Takaichi le abri� una nueva puerta en su carrera: fue nombrada ministra de Estado para la Seguridad Econ�mica y, sobre todo, ministra encargada de una “Sociedad de Convivencia Ordenada y Armoniosa con Extranjeros”, el cargo reci�n creado.

La narrativa oficial de Onoda es clara: Jap�n debe proteger su orden social y aplicar con rigor las leyes migratorias. Ella y su equipo est�n empujando para endurecer requisitos de permisos de residencia, mejorar sistemas de control de visados y evaluar con detalle la adquisici�n de propiedades por parte de extranjeros.

Este ha sido un campo de batalla central durante las elecciones del pasado domingo que gan� por goleada Takaichi, quien ha declarado que el objetivo de la oficina que dirige Onoda es reforzar la vigilancia de la inmigraci�n irregular y preparar pol�ticas m�s restrictivas.

“Cuando el Gobierno prioriza el control y la exclusi�n por encima de la integraci�n, est� cerrando la puerta a quienes podr�an contribuir significativamente al tejido social y econ�mico de Jap�n”, critica Naomi Suzuki, activista de derechos humanos. “Las ret�ricas xen�fobas y las medidas restrictivas no s�lo da�an la reputaci�n internacional de Jap�n, sino que tambi�n alimentan un clima de miedo”, opina Daisuke Hara, otra activista que coordina una red de grupos cristianos que ayudan a migrantes en Tokio.

En Jap�n, los residentes extranjeros representan apenas alrededor del 3% de la poblaci�n. Sin embargo, en los �ltimos a�os, la cuesti�n migratoria ha pasado de ser un asunto burocr�tico a ocupar el centro del debate pol�tico. En el discurso de Takaichi, la inmigraci�n no aparece como una soluci�n al envejecimiento del pa�s, sino como un fen�meno que debe mantenerse bajo supervisi�n constante para no alterar la armon�a social.

El turismo masivo tambi�n est� alimentando el rechazo hacia lo que viene de fuera. En barrios de Kioto o Asakusa, algunos vecinos se quejan de la saturaci�n, del ruido y de la transformaci�n de tiendas tradicionales en negocios orientados al visitante. A eso se suma el temor, muy presente en los medios y en redes sociales, de que inversores extranjeros est�n aprovechando la debilidad del yen para comprar propiedades a bajo precio.

Takaichi, que durante su campa�a lleg� a denunciar comportamientos irrespetuosos de turistas extranjeros en lugares sagrados, ha sabido captar ese estado de �nimo que est� encendido especialmente en Kawaguchi, ciudad dormitorio de la periferia de Tokio. Aqu� vive la mayor comunidad kurda del pa�s, unas 2.000 personas que comenzaron a llegar en los a�os 90, huyendo del conflicto en Turqu�a.

En los �ltimos tres a�os, su presencia ha sido objeto de rumores persistentes que los vinculan con la delincuencia, pese a que los expertos se�alan que no existen datos que respalden esas acusaciones. El verano pasado, un hombre japon�s golpe� a un ni�o kurdo que jugaba en un parque. Cuando el padre del menor le pidi� explicaciones, el agresor respondi� con amenazas de muerte.

Una encuesta reciente del peri�dico Asahi expone que el 66% de los votantes considera que las pol�ticas de inmigraci�n m�s duras de la primera ministra Takaichi son “prometedoras”, mientras que el 24% expres� su preocupaci�n. De manera similar, el 56% afirm� que el Gobierno deber�a empezar a restringir el n�mero de visitantes extranjeros que llegan cada a�o.

“La escala de estos supuestos problemas sigue siendo peque�a. Pero, como en otros lugares, los extranjeros se han convertido en un chivo expiatorio conveniente para los votantes frustrados por la inflaci�n y el estancamiento econ�mico“, se�alaba en cambio un an�lisis publicado en The Economist.

La semana pasada, un popular festival japon�s de los cerezos en flor en la ciudad de Fujiyoshida, a los pies del Monte Fuji, anunci� su cancelaci�n alegando “un aumento en el comportamiento tur�stico disruptivo”. Las autoridades locales justifican la medida como necesaria para proteger “la seguridad, la dignidad y la vida cotidiana de los residentes” frente a los “actos vand�licos” protagonizados por turistas. El caso de Fujiyoshida no es aislado: ciudades hist�ricas como Kioto han introducido limitaciones de acceso a templos y calles c�ntricas, as� como un c�digo de conducta para los turistas que visitan el barrio de las geishas.

En los �ltimos a�os, desde que Jap�n despert� de nuevo tras la pandemia como destino de moda entre viajeros de todo el mundo, se han multiplicado las denuncias de incidentes protagonizados por visitantes que perturban una tranquila filosof�a de vida que bebe del budismo zen y del sinto�smo. En 2025, el pa�s recibi� por primera vez a m�s de 40 millones de turistas. Cifras sin precedentes que han contribuido a generar un debate nacional sobre los efectos del turismo en la convivencia.

Un streamer espa�ol conocido como Kelton se volvi� viral el a�o pasado por un incidente en un tren mientras hac�a una transmisi�n en directo. En uno de los vagones fue confrontado por un anciano japon�s que le pidi� que dejara de grabar y respetara las normas de transporte. En el video se ve como el espa�ol responde empujando al hombre hasta en dos ocasiones, lo que gener� una ola de cr�ticas en Jap�n que volvi� a poner el foco en el comportamiento de muchos visitantes extranjeros.


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