Internacional
Regularización e impuestos: lo que sabemos (y lo que no) sobre su impacto real
La intenci�n del gobierno de llevar a cabo una regularizaci�n a gran escala de inmigrantes en situaci�n irregular ha desatado el debate entorno a la pertinencia o no de una medida de estas caracter�sticas. En la parte m�s estrictamente econ�mica de este debate, se ha puesto como centro de la cuesti�n la aportaci�n fiscal de la poblaci�n que se ver�a beneficiada por la regularizaci�n, y en como esta pol�tica podr�a afectar (para bien o para mal) en el “saldo fiscal” que mantienen con respecto a las administraciones p�blicas.
Esta regularizaci�n, adem�s, llegar�a en un contexto de un crecimiento especialmente r�pido de la poblaci�n en situaci�n irregular. De acuerdo con estimaciones de Funcas a partir de datos de poblaci�n del INE, el n�mero de personas residiendo en Espa�a en situaci�n irregular casi se habr�a duplicado entre 2022 y 2025, rozando las 840.000 personas, un dato que apenas superaba los 100.000 en 2017. Adicionalmente, como es habitual en los fen�menos migratorios, las personas llegadas en los �ltimos tres a�os (irregulares o no) han tendido a concentrarse en �reas urbanas como es el caso de la Comunidad de Madrid, Catalu�a y la costa de la Comunidad Valenciana, que suman cerca de un 45% de la poblaci�n de origen extranjero que habr�a llegado a Espa�a entre 2021 y 2023.
En el marco del debate sobre el impacto de una regularizaci�n sobre las arcas p�blicas es importante tener en cuenta que, de facto, la aportaci�n actual de las personas en situaci�n irregular a las arcas p�blicas se canaliza a trav�s del IVA y otros impuestos indirectos. Precisamente, uno de los efectos esperados de pol�ticas de regularizaci�n es el permitir sacar de la econom�a sumergida al menos a una parte de la poblaci�n en situaci�n irregular para lograr que su contribuci�n se extienda a los impuestos directos, cotizaciones sociales e IRPF, que representan algo m�s de dos tercios de la recaudaci�n total del sector p�blico.
Para entender qu� efectos puede llegar a tener la regularizaci�n sobre las finanzas del sector p�blico, as� como sobre el mercado laboral de forma m�s general, Espa�a dispone de evidencia especialmente valiosa que eval�a el �ltimo gran episodio de regularizaci�n, producido en 2005. Los investigadores Ferran Elias, Joan Monras y Javier V�zquez-Grenno publicaron recientemente sus resultados al respecto a partir del uso de microdatos administrativos, aplicando t�cnicas de evaluaci�n causal para aislar el efecto de aquella regularizaci�n en diferentes �mbitos de inter�s como el presupuesto p�blico, el empleo y los salarios.
Sus resultados apuntan a un efecto positivo y claro en materia de recaudaci�n de cotizaciones sociales. Concretamente, la contribuci�n adicional alcanza los 5.500� en r�gimen general, en el que cotiza la mayor�a de los trabajadores, con una peque�a ca�da en las cotizaciones sociales por prestaciones por desempleo, dejando el efecto final cerca de los 5.000� per c�pita adicionales. Sin embargo, es posible que este efecto se viese compensado por un mayor uso de los servicios p�blicos por parte de los inmigrantes regularizados, por lo que los autores estimaron modelos adicionales para tener en cuenta ese posible efecto. En el caso del uso de educaci�n y sanidad, no encontraron efecto significativo de un mayor uso en las provincias m�s expuestas a la regularizaci�n.
Merece la pena destacar que estos resultados no implican que los inmigrantes regularizados, a lo largo de su ciclo vital, vayan a tener un impacto fiscal positivo sobre las cuentas p�blicas. Simplemente apuntan a que el efecto de la propia regularizaci�n mejora esa contribuci�n al permitir que, al menos, incrementen su contribuci�n en forma de cotizaciones sociales y, presumiblemente, IRPF. De hecho, en un pa�s como Espa�a, que presenta un fuerte desequilibrio actuarial en su sistema de pensiones, es razonable pensar que la mayor contribuci�n actual en forma de cotizaciones sociales se ver� m�s que compensada por un mayor gasto del sector p�blico en pensiones cuando estos inmigrantes terminen su vida laboral.
El an�lisis del impacto fiscal de la regularizaci�n es, sin embargo, solo uno de los muchos efectos que puede tener esta pol�tica que, en �ltima instancia, representa un cambio de precios relativos del trabajo entre diferentes grupos de ocupados. De hecho, los autores encuentran que uno de los efectos m�s fuertes de la regularizaci�n est� en la creaci�n de empleo formal, pero que en gran medida fue compensado por la destrucci�n de empleo en la econom�a sumergida. En ese sentido, los autores del trabajo identifican dos grandes movimientos que afectaron al mercado laboral como consecuencia de la regularizaci�n, el encarecimiento de los trabajadores inmigrantes (la mayor�a poco cualificados) por las cotizaciones sociales, y el fuerte incremento de la inspecci�n laboral que acompa�� a la regularizaci�n.
Aunque el empleo de los trabajadores nacidos en Espa�a no se vio significativamente afectado de acuerdo con las estimaciones de los autores, el efecto sobre los salarios fue fuerte, estad�sticamente significativo y positivo. En el caso de los trabajadores nacidos en Espa�a con un alto nivel educativo, la raz�n tras este efecto est� en un cambio de precios relativos en el mercado laboral. El encarecimiento relativo de los trabajadores inmigrantes de baja cualificaci�n por la regularizaci�n volvi� a los nativos altamente formados relativamente m�s baratos, incrementando la demanda de ese perfil de trabajadores por parte de las empresas y, en �ltima instancia, haciendo crecer sus salarios.
En el caso de los inmigrantes de baja cualificaci�n, los autores encuentran un efecto negativo de la regularizaci�n sobre sus salarios, si bien en buena parte puede explicarse simplemente por un efecto composici�n. Al tener los inmigrante irregulares salarios medios por debajo de los trabajadores inmigrantes que s� estaban en la econom�a formal, la inclusi�n de los primeros en las estad�sticas salariales gener� una ca�da del salario medio. Al final, ambos efectos convergieron en un crecimiento de la brecha salarial entre trabajadores nativos e inmigrantes como consecuencia de la regularizaci�n.
La evidencia sobre los efectos de la regularizaci�n de 2005 deja claro que la ganancia fiscal de una regularizaci�n depende crucialmente de que venga acompa�ada de un refuerzo decidido de la inspecci�n laboral. Fue en parte ese endurecimiento, m�s que la propia concesi�n de permisos, lo que forz� y mantuvo la formalizaci�n y gener� m�s recaudaci�n real. Sin embargo, una regularizaci�n es, en primer lugar, un cambio de precios y la demanda en el mercado laboral, con efectos derivados sobre la recaudaci�n. En ese sentido, los efectos que se observaron en 2005 — destrucci�n de empleo informal, encarecimiento del trabajo poco cualificado, subida salarial de los trabajadores m�s formados — operar�an hoy en un contexto muy distinto, con un salario m�nimo considerablemente m�s alto y una regulaci�n laboral diferente tras las reformas de los �ltimos a�os, lo que hace m�s dif�cil extrapolar su impacto y justifica una evaluaci�n causal en el futuro por parte de las administraciones p�blicas.



