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Lindsey Vonn se cae en el descenso olímpico de Cortina

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Estall� la tragedia rota en llanto incontenible y gritos desgarradores. Llanto de dolor f�sico, exterior, y de dolor sentimental, interior. Gritos de rabia contra el azar y de acusaci�n contra el destino. Estall� la tragedia como estalla una bomba, como estalla una pena inconsolable que se desborda. Nada m�s tomar la salida, probablemente a causa de sus ganas, Lindsey Vonn, se enganch� con un brazo en la puerta. Se desequilibr� y sali� volando, y cay� rodando, botando, rebotando con todo el cuerpo, con toda el alma, sin control, como una mu�eca de trapo, desarbolada, descoyuntada. Fue atendida largamente en la pista, convertida en una trampa, y evacuada en helic�ptero, devenido en ambulancia. Era el fin. No s�lo de esa competici�n, sino de toda una carrera reemprendida triunfalmente el pasado a�o, rebasados los 40 a�os y que ahora, con 41, hab�a regresado a la senda del triunfo. Rota por fuera y por dentro, Lindsey Vonn, la reina estadounidense del mundo, hab�a dicho adi�s para siempre a su vida deportiva. Para los supersticiosos, llevaba el dorsal 13.

Se hizo el silencio entre los millares de aficionados presentes, sobrecogidos. Y en millones de espectadores por televisi�n. Muchos se cubr�an el rostro con las manos. Tambi�n Breezy Johnson, compatriota de Lindsey, mejor tiempo hasta ese momento y vencedora a la postre por delante de la alemana Emma Aicher y la italiana Sofia Goggia.

En el deporte existen los milagros (o esos episodios inexplicables que denominamos as� para describirlos, ya que no para entenderlos). Lindsey Vonn personalizaba uno de ellos en su permanencia en la cima del esqu� a los 41 a�os, con la rodilla derecha reconstruida con titanio y los meniscos y los cart�lagos tundidos y degenerados. Pero esta vez no se produjo. Por desgracia, tuvieron raz�n quienes tildaban de locura la decisi�n de Lindsey.

El helic�ptero evac�a a Lindsay Vonn tras caerse en la prueba de descenso.

El helic�ptero evac�a a Lindsay Vonn tras caerse en la prueba de descenso.Jacquelyn MartinAP

El esqu� entero, los Juegos al completo estaban pendientes de la estadounidense con una oleada de admiraci�n y simpat�a que trataba de protegerla a la vez que la animaba. Incluso Italia hubiera aceptado con una cierta amable resignaci�n la derrota de sus esquiadoras, tambi�n formidables especialistas en descenso.

No pod�a existir mayor expectaci�n ni un inter�s m�s generalizado. Lindsey Vonn se hab�a convertido en la figura m�s atrayente de los Juegos. Era un nombre y un t�tulo. Su propietaria mostraba una rebeld�a frente a la adversidad que la designaba como una hero�na moderna.

Cuando pocos d�as antes del comienzo de la competici�n se romp�a el ligamento cruzado de la rodilla izquierda en el descenso de Crans Montana, a�adi� al nombre y al t�tulo un aura fatalista de burlona y definitiva tragedia. A su edad y en sus condiciones, ah� se acababa la historia. Lara Gut-Behrami, la campeona ol�mpica de supergigante, hab�a sufrido, en noviembre, durante un entrenamiento, la misma lesi�n en la misma rodilla y se hab�a despedido de la temporada. Y eso que era m�s joven (34 a�os) y estaba menos machacada. El presente se deten�a de golpe para Lindsey y el futuro quedaba exento de cualquier tipo de inc�gnita. Ya no exist�a. Un ep�logo innecesariamente cruel que cortaba de un modo excesivo, pero de indiscutible grandeza dram�tica, una carrera gloriosa, prolongada hasta lo inimaginable. Y, en cierto modo, magnific�ndola por su dimensi�n literaria.

Instante en el que Vonn gira en el aire antes de caer sobre lapista.

Instante en el que Vonn gira en el aire antes de caer sobre lapista.RTVE

�El fin?… Nada de eso. Pocas horas despu�s del accidente, del cataclismo, Lindsey desplegaba su seductora sonrisa y sosten�a que “el sue�o ol�mpico no se ha acabado para m�”. Aunque ahora sabemos que el sue�o devino en pesadilla, el esqu� acogi� con incredulidad y alarma, pero tambi�n con esperanza, esa afirmaci�n que amenazaba con empeorar el estado de la esquiadora hasta, quien sabe, dejarla coja para siempre o algo por el estilo. No se pod�a esquiar, y menos un descenso ol�mpico, con un ligamento roto que dejaba esa rodilla sin estabilidad y en trance de repercutir en la otra con una fractura del hueso en el que se fija la pr�tesis. Lindsey pod�a quedar coja de por vida y con severas limitaciones en su normal desempe�o cotidiano. Ellos y todos los dem�s conten�amos el aliento cuando Lindsey tom� la salida.

Y ellos y todos los dem�s deseamos ahora que Lindsey sea m�s fuerte que todos nosotros y pueda hacer una vida corriente de persona normal despu�s de habernos regalado la inigualable existencia profesional de una mujer extraordinaria.


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