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Internacional

Conmoción mundial por el drama de Lindsey Vonn, la estrella mediática del esquí

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Estall� la tragedia rota en llanto incontenible y gritos desgarradores. Llanto de dolor f�sico, exterior, y de dolor sentimental, interior. Gritos de rabia, de reproche contra el azar y de acusaci�n contra el destino. Estall� la tragedia como estalla una bomba, como estalla una pena inconsolable que se desborda e inunda el coraz�n y el cerebro. Sobrecogidos, los miles de espectadores presentes cayeron en un silencio absoluto, y millones m�s en sus casas contemplando por televisi�n otro de esos tristes cap�tulos que hacen del deporte una met�fora de la vida. Muchos in situ y en sus domicilios se cubr�an el rostro con las manos.

Se celebraba el descenso de los Juegos Ol�mpicos, la prueba reina del esqu� alpino, la m�s r�pida, la m�s espectacular, la m�s excitante, la m�s peligrosa. Y en ella, Lindsey Vonn, la m�s conocida, la m�s admirada, la m�s perseguida. Sal�a en el lugar n�mero 13 de las participantes. Y, s�bitamente, nada m�s arrancar, 12 segundos m�s tarde (�o eran tambi�n 13?), probablemente a causa de sus ganas de triunfo y de recortar mil�simas en cada movimiento, se enganch� con una puerta. Se desequilibr� y vol� ya con las alas quebradas. Y cay� rodando, botando, rebotando con todo el cuerpo, con toda el alma, sin control, como una mu�eca de trapo, desarbolada, descoyuntada. Fue atendida largamente en la pista, convertida en una trampa, y evacuada, colgando en una camilla, en helic�ptero, transformado en un veh�culo deportivamente mortuorio.

Era el fin para la esquiadora, una de esas estrellas medi�ticas que trascienden el deporte para alcanzar la altura de figura p�blica, de referente social. Especialmente en Estados Unidos, donde su popularidad se eleva a cotas hollywoodienses. Pero tambi�n en los pa�ses en los que el esqu� y los esquiadores desatan pasiones. E incluso en aquellos en los que uno y otros interesan menos. Dotada de un innegable atractivo f�sico, complementario del talento deportivo, dos virtudes irresistibles para el p�blico y la prensa, yac�a sobre la helada y dura nieve, en la que s�lo faltaba la sangre para completar una escena de una dureza atroz.

Pr�tesis de titanio

Era, s�, el final para ella no s�lo de los Juegos Ol�mpicos, sino de toda una carrera reemprendida a los 40 a�os para, a los 41, reengancharse a una senda victoriosa, que hab�a abandonado en 2019, obligada por todas las fracturas que hab�a padecido. �Mi cuerpo est� roto sin posibilidad de reparaci�n�, declar�. Se hab�a roto en diferentes momentos el cruzado de la rodilla derecha, la tibia, el tobillo, el brazo, el menisco… El oro de Vancouver 2010 estuvo repleto de analg�sicos. Pero, bueno, quiz�s no reparado, pero s� zurcido, remendado y sostenido por una voluntad tan fuerte como el titanio de la pr�tesis de la rodilla derecha, ese mismo cuerpo le hab�a permitido esta temporada obtener, en ocho competiciones, siete podios, entre ellos dos victorias. Precisamente en Cortina, donde ha vencido en 12 ocasiones, se ha detenido su tiempo. Lindsey ya no volver�. This is the end.

Nacida Lindsey Kildow en Saint Paul (Minnesota) el 15 de octubre de 1984, mantiene, curiosamente, el apellido de Thomas Vonn, tambi�n esquiador, con quien estuvo casada entre 2007 y 2013. Cuando se la relacion� con Tiger Woods, form� una pareja de ensue�o para quienes desean que los mitos se emparejen con los mitos, en una especie de divina decisi�n para con sus elegidos.

La conmoci�n producida por su accidente es equivalente a la admiraci�n despertada por una figura que re�ne todos los requisitos para ser considerada una moderna hero�na, una mujer de, tambi�n, unas dimensiones literarias que se han incrementado con el cinematogr�fico dramatismo de su accidente. Su historial habla de tres medallas ol�mpicas (una de ellas de oro), de 84 victorias en la Copa el Mundo (y 143 podios), s�lo por detr�s de Mikaela Shiffrin (108) e Ingemar Stenmark (86). De cuatro clasificaciones generales de la Copa del Mundo, de ocho Globos de Cristal en descenso y cinco en supergigante. De los Premios Pr�ncipe de Asturias y Laureus…

Vonn, trasladada en helic�ptero al hospital de Treviso.

Vonn, trasladada en helic�ptero al hospital de Treviso.AFP

Cuando pocos d�as antes del comienzo de los Juegos se romp�a, en su novena competici�n del curso, el ligamento cruzado de la rodilla izquierda en el descenso de Crans Montana, a�adi� al nombre y al t�tulo un aura fatalista de burlona y definitiva tragedia. A su edad y en sus condiciones, ah� se acababa la historia. El presente se deten�a de golpe para Lindsey y el futuro quedaba exento de cualquier tipo de inc�gnita. Ya no exist�a. Un ep�logo innecesariamente cruel que cortaba de un modo excesivo, pero de indiscutible grandeza teatral, una carrera gloriosa, prolongada hasta lo inimaginable. Y, en cierto modo, magnific�ndola por su dimensi�n de doliente �pica. Se entonaron los correspondientes r�quiems, porque ninguna otra pieza musical pod�a serle aplicada a su persona.

Pero no era el fin. No, al menos, el que ella aceptar�a. Pocas horas despu�s del cataclismo, Lindsey desplegaba su seductora sonrisa y sosten�a que �el sue�o ol�mpico no se ha acabado para m��. Pero s� se ha acabado. Ahora sabemos que el sue�o degener� en pesadilla y que ten�an raz�n quienes tildaron de locura el empe�o. Pero fue una locura grandiosa en su desaf�o a la Medicina y a la raz�n.

Se la atendi� en primera instancia en un hospital de Cortina y trasladada posteriormente a otro de Treviso, donde fue operada para estabilizar una fractura en la pierna izquierda. Se espera parte m�dico a mediod�a.


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