Internacional
Cómo ser más alto
Mi �ltima obsesi�n tiene que ver con la estatura. En una revisi�n m�dica rutinaria lleg� el momento de la b�scula y -tuve que buscar el nombre- el estadi�metro. Descalzo, espalda recta, talones juntos y mirada al frente, el aparato dio una cifra: 1,81.
– Mire bien, que creo que midi� mal.
– Esto es digital: no puede medir mal.
Y de all� sal� yo, con un cent�metro m�s que los que siempre me hab�a echado. En realidad, en mi cabeza ‘gastaba’ 1,79 y medio, pero me estiraba cinco mil�metros para redondear.
�Qu� iba a hacer yo con esa estatura extra? Desde luego, recibirla con alegr�a. Y, a partir de ah�, comparar. As�, a trav�s de extra�as webs, descubr� que era un pel�n m�s alto que Lennon y McCartney. Y que, aunque no llego al porte de Elvis, s� que supero a Bowie en sus buenos tiempos. Me dio por investigar las actrices que me miran desde arriba, como Uma Thurman y Sigourney Weaver, que desde esa averiguaci�n me gustan m�s todav�a. M�s altas a�n son Allison Janney, Geena Davis, Brooke Shields y Brigitte Nielsen, que me provocaban algo extra�o que no pod�a describir. Ahora ya s� qu� era.
En una �poca en que la talla moral se ha convertido en una variable secundaria, la estatura f�sica parece haberse convertido en un valor sustitutivo. Ninguno de los �ltimos cinco presidentes de Estados Unidos baja del 1,82, y tres de ellos (Bill Clinton, Barack Obama y Donald Trump) se sit�an en el entorno del metro noventa. Igual que el actual inquilino de la Moncloa.
Del mismo modo que aquella m�xima del teatro griego diferencia los g�neros dependiendo de c�mo los personajes miren al espectador (desde abajo en la comedia, desde arriba en la tragedia y a la altura de los ojos en el drama), nuestra percepci�n de las personas cambia en funci�n de nuestra posici�n respecto a ellas. Tengo un amigo que es una aut�ntica torre y que se puede permitir cosas que al resto nos est�n vedadas. Si otros vienen con un ‘pretty privilege’, �l tiene un ‘tall privilege’. Me gusta vacilarle as� y �l se lo toma fatal.
Tambi�n se puede analizar en sentido contrario. La gente hace co�as con el tama�o del ministro Jos� Manuel Albares y del alcalde Jos� Luis Mart�nez-Almeida, pero el asunto parece ya superado en ambos casos. Otra cosa es lo de determinados actores y cantantes -hombres, en todos los casos-, que se rebelan contra la naturaleza con alzas en los zapatos y otras estrategias. A ra�z de mi ‘estir�n’ descubr� que, adem�s de hormonarse, como hicieron con Messi, existe la posibilidad de ‘crecer’ mediante una chiflad�sima operaci�n que consiste en serrarte los f�mures e introducir un trozo nuevo de hueso. Todo sea por estar un poco m�s cerca del cielo.




