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Internacional

El mejor momento para ser joven

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Vivimos tiempos de cambio, y eso no es una amenaza: es una oportunidad. El futuro no pertenece a quienes esperan a tenerlo claro, sino a quienes se atreven a dar el primer paso. El talento cuenta, pero lo que marca la diferencia es la actitud. El futuro no est� escrito, se construye y empieza hoy.

Esto es lo que me respondi� la inteligencia artificial cuando le ped� un discurso motivador para los j�venes. Permitidme que a partir de ahora lo haga a mi manera. Quiz�s haya que empezar por el principio. �Qu� narices significa ser joven hoy? Y es que se dicen tantas cosas de nosotros…

Titular: Los j�venes son los mayores lectores de Espa�a. Con pocos meses de diferencia se revel� que tambi�n somos la generaci�n con menos comprensi�n lectora. Debe ser que leemos mucho, pero no nos enteramos de nada. El 70% de nosotros tiene miedo al compromiso, pero somos la generaci�n del anillo, esa que est� volviendo a poner de moda las bodas. Casi no fumamos y tampoco bebemos porque, por si no lo sab�ais, somos los j�venes m�s sanos de la historia del pa�s. Eso s�, tambi�n somos el grupo social con mayores tasas de ansiedad, estr�s y depresi�n. Somos de esa generaci�n que no quiere contratos fijos, pero parece ser que cualquiera de nosotros matar�a por amarrarse de por vida a la silla de un funcionario.

Leyendo tantas y tantas noticias sobre los j�venes es imposible no pensar en aquel lema del despotismo ilustrado: Todo para el pueblo, pero sin el pueblo.

Todo sobre los j�venes, pero sin los j�venes.

La juventud no es un filtro de Instagram, ni un molde donde encajarnos a todos. �Qu� significa ser joven hoy en Espa�a?

Pues hay j�venes que son Jorge, mi hermano peque�o. Salta del turno de tarde, al de noche y al de ma�ana deslom�ndose en una f�brica de ladrillos. �l decidi� no estudiar. Quiz�s porque pens� que ese no era el sitio que le hab�a reservado la sociedad. Vuelve a casa molido cada d�a, pero con amor para sostenernos a todos en las horas que restan hasta el siguiente despertador.

Otras son Eva, mi prima. Ella es una de las personas m�s apasionadas por su profesi�n que yo haya conocido. Y eso no es poco, teniendo en cuenta que es dentista. Termin� la carrera y se march� a vivir a �msterdam porque result� que en Espa�a, en vez de ganar dinero con su trabajo, iba a perderlo. Y ahora es independiente y ha hecho amigos y corre medias maratones. Hay d�as en los que echa de menos su casa.

Algunas son Ana, de Getafe, mi mejor amiga de la universidad. Escuch� demasiadas veces a profesores decir que alguien como ella nunca presentar�a un telediario. Y por alguien como ella se refer�an a negra. Hace ya a�os que lidera la comunicaci�n de una asociaci�n desde la que habla a quienes est�n donde una vez estuvo, reivindicando el valor de las mujeres afrodescendientes.

Y tambi�n las hay que son yo misma. Currando aqu� y all� desde los 16 a�os, porque mi casa la sosten�a el sueldo de un solo hombre, aunque con las espaldas m�s anchas de Espa�a. Nadie me regal� nada, no tuve contactos, ni enchufes. Solo la confianza que da haber crecido con unos padres que siempre tuvieron claro que yo en la vida iba a poder ser lo que me diera la gana. Antes de terminar de estudiar firm� un contrato y hoy vivo del mejor oficio del mundo.

Todo eso tambi�n es ser joven.

Hemos tenido que escuchar demasiado que somos la generaci�n de cristal. Que nos hace falta mili. Nos lo dicen con la autoridad de quien se ha criado en Esparta. �Acaso es poca mili sobrevivir en ciudades como Madrid o Barcelona donde para independizarse hay que dedicar m�s del 80% del salario al alquiler?

Nuestra batalla no es la mili. Ni la guerra. Ni el hambre de posguerra. Aunque esas tampoco las han sido para muchos de los que dedican tanto esfuerzo a infravalorar nuestra capacidad de resistencia. Nuestra batalla es la vivienda, la conciliaci�n, el no querer o no poder renunciar a nada porque nos inyectaron unas expectativas demasiado altas.

Si quieres puedes. Just do it! Y luego result� que no era verdad, que la escalera social tiene l�mites. Un techo de ladrillo que, para algunas, sigue teniendo por delante otro de cristal.

Pero seamos sinceros. Esta no es, ni much�simo menos, la peor �poca de la historia para ser joven. Es, de hecho, la mejor.

Porque los boomer pod�an comprarse una casa y tener hijos a los veintipocos. El pack completo. Pero boomer tambi�n era mi padre, que libraba un d�a a la semana y trabajaba los otros seis trece horas en un bar. Porque hay boomer que llevan a�os cobrando buenas pensiones, pero que tambi�n pasaron otros tantos picando a diario en una mina a cientos de metros bajo tierra.

Porque nosotros tenemos algo que vale mucho m�s que todo eso que nos dicen que nunca llegaremos a tener: el poder de elegir.

Nuestra generaci�n tiene un gran desaf�o. Uno que ninguna otra generaci�n de j�venes ha tenido nunca en la historia. Y es recordarle a la sociedad que somos necesarios.

Hablaba el otro d�a con un gran abogado que me dec�a con amargura, que muchos de los senior de su despacho se hab�an dado cuenta de que eran m�s productivos si, en lugar de explicar y encargar el trabajo de carpinter�a a los junior, se lo encargaban a la inteligencia artificial. Y �l me dec�a: “Pero es que para ser un gran abogado ma�ana, hay que redactar muchos contratos hoy”. �Qu� pasar� dentro de cinco o diez a�os cuando se den cuenta de que no han preparado a la siguiente gran generaci�n de abogados? De que se han quedado sin cantera. “Habremos perdido un talento irrecuperable”, lamentaba.

“El mundo no parece invitar demasiado a la esperanza, y para nosotros los j�venes eso es algo muy da�ino”, me coment� hace unos d�as un joven brillante y triste por la deriva populista y derrotista en la que est�n cayendo sus amigos.

Pero canta Carolina Durante que ah� fuera hay cosas preciosas. Hamburguesas, el f�tbol, mi madre. Que los amigos suman m�s que los demonios… Eso es ser joven.

Me sorprendi� al leer La Pen�nsula de las casas vac�as, de David Ucl�s, que aterrizara el realismo m�gico en un lugar literario con sabor a Ja�n. Despu�s me sorprendi� mi sorpresa. �C�mo si no es con unas dosis de realismo m�gico se puede contar el mundo siendo un joven hoy?

Esa es nuestra mili. Adaptarnos a un presente incierto que cada ma�ana reinventa el orden conocido, el orden mundial. Donde cada veinte segundos se declara una guerra comercial, se lanza la en�sima revoluci�n tecnol�gica o se redise�a la cara y el cuerpo que necesitamos tener para triunfar. Todo en poco m�s de lo que dura un v�deo de TikTok.

Nuestra mili es no dejar de correr nunca para encajar en un mercado laboral que cada a�o, para darnos una primera oportunidad (y quiz�s la �nica), nos exige una renovada lista de atributos.

Por eso, un encuentro como Future Makers es importante. Porque demuestra que s�, que somos necesarios. Que a�n hay espacios para alzar la voz, para expresar lo que queremos de la sociedad. Para denunciar lo que no funciona y aportar nuestra parte: una mirada cr�tica y tambi�n una propuesta de futuro. Porque sentir, pensar y mirar desde la juventud no es ni ser� nunca una tarea que se le pueda encargar a ChatGPT.


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