Internacional
Viendo 'Melania', el documental. "Éramos seis en el cine. Ella quiere ser la bella de la bestia. Primera dama inmigrante ajena a las redadas salvajes de su marido"
Los domingos por la noche hasta los cines son tristes. Somos seis personas en la sala. Dos parejas de hombres con acento centroamericano, un joven de rasgos orientales y yo misma. Hemos venido a ver la pel�cula titulada Melania, que en Espa�a ha tenido escaso �xito. 615 espectadores el fin de semana de su estreno. Y eso que la echaban en 80 salas. La pareja de acento centroamericano se sali� hacia la mitad de la pel�cula que sigue los pasos de Melania en v�speras de su llegada a la Casa Blanca por segunda vez.
Melania es la creadora, guionista, protagonista y adjunta a la direcci�n de Melania. La primera dama norteamericana no se conforma con ser primera dama, rica, esbelta, guapa, reina de la Torre Trump, emperatriz de Mar-a-Lago. Adem�s ha querido ser princesa Disney, rodar su versi�n de la Bella y la Bestia, y fascinar a la c�mara como lo hicieron a la vez la elegante Jackie Kennedy y la exuberante Marilyn Monroe. Una parte muy relevante de este experimento creativo -como lo ha llamado su director- se centra en los modelazos. Herv� Pierre, su dise�ador de cabecera, y los costureros y costureras que manejan la aguja acatan sus deseos en las pruebas del vestido del baile de investidura. Pierre juega con el secreto mientras mira a su cari�tide. Es un vestido al que no se le ven las costuras. Todo est� por dentro, como tela cosida directamente sobre su cuerpo. Lo m�s parecido al legendario vestido con el que Marilyn le cant� el cumplea�os feliz al presidente Kennedy en el Madison Square Garden.
Melania quer�a su propio Hollywood -el original es refractario a la pareja presidencial- y que el mundo entero se preguntara: “�Qui�n es �se que va de la mano con Melania? Parece Trump”. Fue �l quien le concedi� el capricho. Te tratar� como a una reina y ni siquiera tengo que pagar yo el homenaje. Bezos, uno de los caballeros millonarios de la mesa redonda del algoritmo, se presta voluntario para regalarte los 40 millones de la producci�n y los 35 de la promoci�n. Bezos ha comprado a Melania, de la misma forma y por los mismos motivos que hace unos a�os compr� el Washington Post.
Por halagar al ocupante de la Casa Blanca. El Post le ven�a bien para darse pisto con los dem�cratas y amantes de la primera enmienda. Ahora le interesa m�s Melania que el diario y al tiempo de darle el capricho a los Trump ha mandado a la calle a 300 periodistas del peri�dico del Watergate. Ya en los primeros minutos del metraje de casi dos horas, la protagonista deja claras sus intenciones. “Os pregunt�is quien soy. Aqu� me ten�is”. Una mujer dicen que inescrutable, pero amable con los sirvientes, delicadamente llevada en volandas por el servicio secreto del garaje a la torre y del coche al avi�n, emp�tica y piadosa.
La pel�cula ha sido criticada sin piedad, ridiculizada y parodiada. Sin embargo, ella no la hizo para los cr�ticos ni para optar al �scar. La hizo para los norteamericanos y seg�n las cr�nicas, Melania es el mejor estreno documental de los �ltimos a�os. Ha recaudado m�s de lo previsto.
Lo que los espectadores de Texas, Arizona, Florida o Alabama ven en la pantalla es el reverso del marido de Melania. Lejos de la mala educaci�n, la ira y el comportamiento despiadado del que va con ella de la mano, la protagonista muestra sensibilidad hacia el mundo entero y se implica en tareas humanitarias. Las mujeres norteamericanas, p�blico mayoritario de Melania, a buen seguro se han emocionado con el homenaje de la primera dama a su madre y con las alabanzas hacia su hijo Barron. “Vivo con prop�sito y devoci�n, atendiendo a las complicaciones de mi vida y a las necesidades de mi familia”. La familia. Melania no ha dado un papel muy lucido a su marido, el presidente. Asisten juntos a los actos oficiales, pero no ense�a ning�n detalle de la convivencia de la pareja en el d�a a d�a.
“Al entrar en la Rotonda del Capitolio, sent� el peso de la historia entrelazado con mi trayectoria como inmigrante, por eso respeto tanto a esta naci�n“. La gran ficci�n de Melania es todo un �xito. Dram�tico. Primera dama inmigrante ajena a las salvajes redadas de su marido contra los inmigrantes.




