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Kanzi, el bonobo que demuestra que los grandes simios también tienen imaginación

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A veces, la ciencia no avanza con m�quinas gigantes ni con sondas espaciales, sino con una escena casi dom�stica: una mesa, un par de tazas transparentes y un simio que parece seguir la pista de un zumo que no existe. Ese es el punto de partida de un trabajo firmado por investigadores de la Universidad Johns Hopkins, en EEUU, que plantea una idea inc�moda para nuestro orgullo de especie: la capacidad de manejar objetos de mentira, como en las cocinitas -la base del juego simb�lico y de una parte importante de la imaginaci�n- parece que no es exclusivamente humana.

El estudio, publicado en la revista Science, se centr� en Kanzi, un bonobo criado en un entorno humano y acostumbrado a interactuar con investigadores mediante se�ales y respuestas a indicaciones verbales. La elecci�n del animal no fue casual pues en cognici�n comparada hay una frontera clara: distinguir si un comportamiento parecido al nuestro refleja el mismo tipo de representaci�n mental o puede explicarse por aprendizaje asociativo, rutinas entrenadas o pistas inadvertidas del propio experimentador.

Por eso los autores dise�aron tres pruebas controladas con un objetivo muy concreto: comprobar si este bonobo -que falleci� el a�o pasado a los 45 a�os- segu�a la continuidad de un objeto imaginario cuando este se desplaza, se ‘vierte’ o se ‘vac�a’ (siempre dentro de la ficci�n del juego).

Las tareas recuerdan a una merienda infantil con jarras, cuencos y vasos vac�os. En la primera condici�n, el experimentador simula verter zumo en dos vasos transparentes y despu�s finge vaciar uno (con un gesto expl�cito de dejarlo sin nada). La pregunta es directa: “�D�nde est� el zumo?”. Si el animal respondiera al azar o siguiera solo el movimiento m�s llamativo, deber�a fallar cuando se cambian posiciones o se repite el procedimiento. Sin embargo, lo que subraya el trabajo es que, de manera consistente, se�al� el vaso correcto: el que, dentro del mundo inventado del experimento, todav�a conten�a l�quido.

Aqu� entra en juego un matiz interesante. Juan Carlos G�mez, psic�logo e investigador en el Departamento de Psicolog�a y Neurociencia de la Universidad de St. Andrews, Escocia, considera que se trate de “un excelente experimento”, con una tarea “sencilla pero muy original” para explorar de forma experimental un tema poco atendido en grandes simios, tal y como ha explicado al Science Media Centre (SMC). Pero tambi�n recuerda el “pero” t�pico: incluso con controles, siempre queda margen para otras explicaciones. En su lectura, Kanzi podr�a haber aprendido una regla pr�ctica del tipo “se�ala el vaso que, por descarte, es el �nico en el que podr�a haber algo”, m�s que comprender la pretensi�n del humano. Aun as�, a�ade, el inter�s del estudio es que abre un paradigma para replicarlo con m�s individuos y especies, afinando controles.

Otro retrado de Kanzi

Otro retrado de KanziApe Initiative

La segunda prueba intenta reforzar la interpretaci�n de la similitud humana. Los cient�ficos introducen un vaso con zumo aut�ntico junto a otro con zumo imaginario. Cuando se le pregunta qu� quiere, Kanzi apunta casi siempre al l�quido real. Es decir: distingue entre lo que es f�sicamente utilizable y lo que solo funciona dentro del marco del juego. Esto importa porque, en humanos, gran parte del fingimiento se apoya en mantener dos planos a la vez: “esto es un recipiente vac�o” y, a la vez, “en el juego aqu� hay l�quido”.

Uvas imaginarias

La tercera condici�n repite la l�gica, pero con uvas imaginarias: el experimentador finge tomar una de un recipiente vac�o, la coloca de forma imaginaria en uno de dos tarros y luego vac�a uno de los recipientes. De nuevo, la pregunta es “�d�nde est� la uva?” y, de nuevo, el bonobo tiende a localizar el tarro que la ‘guarda’ en la narrativa del experimento, por encima de lo esperable por azar.

Desde fuera, Antonio J. Osuna Mascar�, especialista en cognici�n animal en el Messerli Research Institute de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, destaca al SMC que el estudio aporta “una de las evidencias experimentales m�s claras hasta la fecha de representaciones secundarias” en otra especie: no solo responde a est�mulos presentes, sino que sostiene una segunda realidad inventada y la actualiza conforme cambian las acciones del humano. Osuna tambi�n tira de cifras: rendir por debajo del 70% en tareas as� no tiene por qu� ser flojo; es compatible con distracciones, variabilidad atencional y el ruido que se cuela en situaciones sociales.

La clave, remata, es que la imaginaci�n comparada es dif�cil de estudiar sin pruebas a medida. Aqu� se trabaja con un sujeto excepcional, entrenado para comunicarse con humanos, y con un escenario muy alejado de los problemas naturales de un gran simio. Si se quiere saber si estas habilidades son generales, har� falta inventar tareas menos antropoc�ntricas y m�s adaptadas a cada especie.


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