Internacional
El historiador de emociones que descubre cómo nuestros antepasados no sentían ni sufrían igual que nosotros: "Me dedico a revelar verdades incómodas"
Rob Boddice, ingl�s de 48 a�os, es un referente de la Historia de las emociones y los sentidos, una rama que ha crecido de forma consistente a lo largo de este siglo. Esta disciplina tan peculiar no se basa en el an�lisis de los hechos trascendentales del pasado, sino en sus cualidades tan inefables como de dif�cil detecci�n. �Cu�les? Desde el olor a carb�n que flota en el aire de una ciudad inglesa en el despegue de la Revoluci�n Industrial hasta la resistencia al dolor de un soldado de los Tercios de Flandes o la informaci�n que aportan las caras fotografiadas de las viudas de los soldados de la Primera Guerra Mundial.
Hace m�s de medio siglo, el psic�logo estadounidense Paul Ekman identific� seis emociones b�sicas (alegr�a, tristeza, miedo, ira, asco y sorpresa) que consider� universales y que dotaba de un origen biol�gico. El impacto de su tesis todav�a sigue vigente en la sociedad, como bien demostr� Pixar en la exitosa saga de pel�culas animadas titulada Del rev�s (InsideOut), en las que cada personaje protagonista representa una de las emociones catalogadas por Ekman.
A Boddice, que es fundador del referencial Centro de Excelencia en Historia de las Experiencias del Consejo de Investigaci�n de Finlandia (HEX), no le gusta esa representaci�n de Pixar. La considera una burda simplificaci�n de lo que somos. Este acad�mico formado en Berl�n y Harvard explica desde Tampere, a 170 kil�metros de Helsinki, que hay impactos emocionales que cambian a lo largo de las generaciones. La melancol�a de Jorge Manrique cuando escribi� en el siglo XV las Coplas por la muerte de su padre no tuvo, seg�n sus argumento, que ser igual a la que sentimos nosotros al experimentar la orfandad. Tampoco una herida duele de la misma manera, ni siquiera un desamor.
- �Para un historiador de las emociones qu� distingue al ser humano?
- El ser humano es un ser biocultural. Podemos saber ciertas cosas sobre �l a partir de la biolog�a y de las pruebas sobre la evoluci�n de su cerebro. Pero aqu� llegamos a una especie de callej�n sin salida, porque ese cerebro ha evolucionado para desarrollarse seg�n el entorno cultural en el que se encuentra. Modela el mundo tal y como lo experimenta, y eso lo hace cultural e hist�ricamente espec�fico. Y tambi�n emocionalmente espec�fico. Como tal, el ser humano es inconstante, mutable y diverso.
- �C�mo se investiga su legado de sentidos?
- Mi trabajo, como el de cualquier otro historiador, es sumergirme en los archivos. No soy un cazador de emociones, sino que estudio los sentimientos que surgen en un material hist�rico espec�fico. Reconstruyo un contexto alrededor de esos sentimientos espec�ficos para poder entenderlos por lo que fueron sin traducirlos a algo que nos resulte reconocible o familiar.
- Entiendo que se refiere con eso a que hay que evitar que las emociones se contaminen con la interpretaci�n que hacemos de ellas en el presente.
- Me temo que la gente est� demasiado apegada a las emociones de una forma demasiado sensiblera. Hoy impera una especie de psicolog�a popular que interpreta todo en funci�n de c�mo son nuestras vidas, desde lo que vemos en televisi�n o en el cine hasta los emojis que recibimos por WhatsApp. Se tiende a creer que esas emociones localizadas siempre han estado con nosotros desde el principio y que salen al exterior en alg�n momento. Creer eso es menospreciar la esencia del ser humano. Las emociones no son iguales para todos. Se han popularizado teor�as f�ciles que defienden que �stas son inherentes, autom�ticas y limitadas en n�mero. Lo que para m� es una visi�n sesgada y claramente pol�tica con la que discrepo. Mi trabajo es presentar verdades inc�modas.
- Defiende que nuestros antepasados no sent�an lo mismo que nosotros.
- Mi investigaci�n abarca diferentes periodos hist�ricos de muchos lugares del mundo. En ella he encontrado sentimientos y percepciones de todo tipo, parecidos a los nuestros, pero tambi�n muy distintos. Lo que se investiga del pasado, si se toma al pie de la letra, no tiene sentido muchas veces si se ve con ojos actuales.
- En relaci�n a eso, tengo una pregunta: �son tan distintas las emociones que sent�a un soldado de la Antigua Roma que mataba y violaba que las de, por ejemplo, un soldado ruso que haga lo mismo en la Ucrania de 2026? Hablamos de unas acciones que son iguales, pero que las protagonizan sujetos con educaci�n y valores muy diferentes.
- Todo lo que dice, respecto al marco de conocimiento existencial de esos soldados, influye en lo que hacen. �A qui�n sirven? �Matan y violan por poder? �O por miedo a ser castigados? Piense en el romano, su idea de ciudadan�a era muy distinta a la del ruso actual. Todas las condiciones nos moldean. No es c�mo se sienta alguien, es c�mo expresa sus sentimientos. Mire, anoche ech� un vistazo a un libro que estaba leyendo mi hijo sobre la Conquista espa�ola del imperio azteca que me impresion� mucho.
- �En qu� sentido?
- Por la violencia que mostraba para un lector infantil. Todo era sangre y cr�menes. En la matanza de indios de los espa�oles hab�a un recordatorio impl�cito de que ellos supuestamente actuaban en nombre de Dios. Pens� sobre ello y tuve claro que, aunque sus actuaciones se desviaran de los valores cristianos en muchos casos, estoy seguro de que ni por un momento dejaron de tener la convicci�n de que actuaban bajo el paraguas de Dios. Por eso es imprescindible el contexto. Si para evaluar esa situaci�n se elimina el sentido religioso de la Europa del siglo XVI, se est� perdido. No se entiende nada.
- Es imposible digerir la violencia de esa �poca con los criterios actuales.
- Claro. �C�mo soportaban estas personas esas carnicer�as? Tenemos referencias de las guerras modernas, desde la Primera Guerra Mundial hasta la Guerra del Golfo, con distintos estudios relacionados con el estr�s postraum�tico de los combatientes. Pero no tenemos esa informaci�n respecto a los conquistadores espa�oles. Seguramente el contexto de Dios les proporcionaba una especie de estabilidad emocional, de una motivaci�n que hoy resulta imposible de entender.
- �Respecto a quienes hay que medir la violencia en un sentido hist�rico? Si no hay que hacerlo con los criterios actuales, entiendo que hay que compararla con la de los contempor�neos. Y en el siglo XVI los espa�oles no eran m�s violentos que los ingleses, los franceses o los otomanos.
- De eso no hay duda. Eso fue lo que le expliqu� a mi hijo. Los europeos de entonces ya estaban acostumbrados a encontrarse con otras culturas y decidir cu�l era el nivel de humanidad de �stas. Se preguntaban incluso en sus exploraciones si esa gente que encontraban ten�a alma. Los espa�oles que se enfrentaron a los aztecas ten�an una percepci�n distinta de ellos, no los ve�an como iguales. Algo que les suced�a tambi�n a los aztecas. Por eso el resultado del encuentro no fue una negociaci�n ret�rica, sino acero, p�lvora y viruela.
- Esto nos lleva al pol�mico tema de las disculpas por los hechos del pasado. En concreto y ya que habla de M�xico de la presi�n que ejerci� su gobierno para que el rey Felipe VI pidiera perd�n por la Conquista.
- Sucede lo mismo con la esclavitud en Estados Unidos. O con la eugenesia, que era una idea globalizada a principios del siglo XX. No se puede ver con los ojos actuales, pero s� con los de entonces. Encontrar testimonios que en esa misma �poca denunciaban estos actos como algo inmoral e inhumano. Cuando sucede la Conquista espa�ola tambi�n hubo gente que la critic�. El prop�sito de exigir hoy una disculpa al Rey no tiene una intenci�n hist�rica, sino pol�tica. Pongamos que Felipe VI lo hiciera. �Hablar�a en nombre del pueblo espa�ol? �Deber�a este asumir la culpa? Este tema es recurrente en el postcolonialismo. Lo vemos todo el tiempo en Reino Unido respecto a su �poca imperial. El intento de internacionalizar las emociones nada tiene que ver con la Historia.
Para saber m�s
“Vivimos en la era de la furia pol�tica con Trump, pero en la historia de EEUU la ira p�blica era censurada, se cre�a que era cosa de esclavos negros”
- �Era tambi�n distinto un sentimiento que parece tan atemporal como la ira?
- En Occidente hablamos hoy de la era de la furia a nivel pol�tico. Donald Trump es una persona que se siente libre de mostrarse iracunda por cualquier cosa. Pero si estudias la Historia estadounidense te das cuenta de que en el pasado todo eran intentos sociales de controlar la ira, se censuraba moralmente su estallido. En una mujer, por ejemplo, era inaceptable. Piense que externalizar esta emoci�n era una manifestaci�n que se atribu�a s�lo a los esclavos negros, que eran considerados inferiores.
- �Y respecto al amor?
- Un erudito escribi� en una ocasi�n sobre el amor cortesano, que ya ha desaparecido. El amor no es un sentimiento constante ni tampoco universal. El mismo amor rom�ntico es un concepto relativamente reciente. Hasta no hace mucho, las clases altas interpretaban el amor con la pol�tica. Uno no se casaba por amor sino por conveniencia. Luego este pod�a surgir durante la convivencia. Por eso hay que estudiar c�mo se provocaba, qu� detalles lo marcaban. Se trata de un sentimiento que siempre ha sido tratado desde una perspectiva optimista, de alegr�a, cuando al menos la mitad de su existencia est� relacionada con la devastaci�n.
- Hablando de devastaci�n, usted ha estudiado mucho el dolor.
- S�, es algo que puede cambiar incluso en una misma persona. Si te haces un corte en la mano no te va a doler igual que si un corte en el mismo sitio te lo haces 10 a�os despu�s. Puedes tolerarlo con m�s tranquilidad, o al contrario, que te provoque un ataque de p�nico. Si esto pasa contigo, imag�nate con tus antepasados. Piense en los suyos hace 400 a�os, habitantes de la Espa�a del siglo XVI, un pa�s con un gran arraigo cat�lico. El dolor entonces se interpretaba en muchos casos desde el sufrimiento de Cristo o como un anticipo del pecado. Eso no lo hac�a m�s agradable que el que siente usted hoy, pero es probable que s� lo hiciera m�s soportable.
- �Quiere decir que en el dolor actual no hay un prop�sito?
- As� es. En nuestra mentalidad actual, mucho m�s secular, el dolor carece de sentido, especialmente cuando es cr�nico, lo que nos hace asociarlo m�s con la desesperanza. La inutilidad que vemos en �l nos a�sla.
“El dolor en nuestros antepasados se identifica con el sufrimiento de Cristo o la antesala del pegada, mientra que para nosotros no tiene sentido”
- �Nos han hecho el desarrollo cient�fico y la prosperidad m�s d�biles emocionalmente que los antepasados?
- Sufrimos de forma distinta. Estoy segur�simo de que cuando no hab�a analg�sicos el dolor que sufr�an era terrible, pero si se le daba un significado cultural, se hac�a mucho m�s soportable. El cerebro es el mejor analg�sico.
- Usted ha estudiado c�mo las peleas de gallos y otros espect�culos con animales en el siglo XIX eran socialmente aceptados. Y c�mo luego fueron despreciados. En Espa�a los defensores de la tauromaquia la ven como una manifestaci�n art�stica, mientras que los antitaurinos la consideran repulsiva y salvaje. �C�mo cambia una percepci�n de una tradici�n?
- Las opiniones est�n destinadas a cambiar. La pregunta es: �cambiar�n tambi�n los sentimientos asociados a estas actividades? En el Reino Unido estos sentimientos cambiaron -de la alegr�a se pas� a la repugnancia- con notable rapidez: en un par de generaciones. Pero en realidad no se trataba de la empat�a con el animal, sino por la evoluci�n de la urbanidad. Lo que ocurri� aqu� no se puede trasladar a la Espa�a contempor�nea. Si los sentimientos cambian hasta el punto de que las corridas de toros desaparezcan, las razones ser�n espec�ficas de ese momento y ese lugar.





