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Internacional

2026 es el nuevo 2016: ¿por qué siempre pensamos que cualquier tiempo pasado fue mejor?

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Cargados de esperanza por el efecto calendario en blanco, no llevábamos ni tres días desde el inicio del año cuando vimos en tiempo real la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos y su posterior traslado a Nueva York para ser juzgado por “narcoterrorismo” vestido de Nike. La foto dio la vuelta al mundo. Un momento…. ¿esto es real?

Lo que antes eran memes cutres hechos con Photoshop hoy son deepfakes suplantando a políticos con su propia voz que pueden engañar a millones de personas en minutos. Y, para más inri, ahí está Trump de la mano de un pingüino clavando la bandera en Groenlandia. Así que no es extraño que nos cuestionemos si la realidad supera la ficción.

En un contexto de extrema incertidumbre, donde ya nada parece sorprender y cada crisis diplomática supera a la anterior, el 2026 se ha estrenado con un trend global en redes sociales como respuesta: la vuelta a 2016. ¿A qué responde este ataque de nostalgia? ¿Aporta seguridad mirar al pasado? ¿Es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor?

Un repaso a 2016

Seguro que tienes algún amigo o conocido que, como muchos personajes famosos e influencers, ha echado mano de la galería para rescatar su 2016, alabando sus bondades pese a la vestimenta y el look capilar. O incluso puede que tú mismo hayas caído en este reto con añoranza. Sin embargo, la idealización de 2016 “no responde tanto a ese año concreto como a una necesidad psicológica actual”, según explica Francisco Rivera, psicólogo y manager clínico de Unobravo.

De hecho, en 2016 Donald Trump ganó sus primeras elecciones, el Reino Unido votó salir de la Unión Europea y murieron figuras tan influyentes como David Bowie, Prince, George Michael, Leonard Cohen o Muhammad Ali. Así que, una década después, no podemos asegurar que fuera un año tan maravilloso. ¿Pensamos que ha ido todo aún a peor? “Para muchas personas, especialmente en determinados grupos generacionales como los millennials, ese periodo coincide con una etapa vital previa a una sucesión de crisis globales, percibidas como sanitarias, económicas y geopolíticas, que se han asociado a un incremento en la percepción de pérdida de control”, asevera el psicólogo para explicar el fenómeno.

Se trata de un “mecanismo de defensa inherente al ser humano”. Como cuando una madre olvida el dolor y lo complicado de un parto y vuelve a quedarse embarazada tiempo después, prosigue el experto con su tesis. “La memoria autobiográfica tiende a simplificar el pasado y a dotarlo de mayor coherencia y seguridad, mientras el presente puede vivirse como más fragmentado y exigente”.

Una estrategia de regulación emocional

De modo que compartir recuerdos de aquel momento no cumple solo una función nostálgica, sino que puede funcionar como “una estrategia de regulación emocional y de mantenimiento de la continuidad identitaria frente a un presente que se percibe como más difícil de habitar”, dice Rivera. El psicólogo Victor Amat lo apoya: “El cerebro siempre tiende a edulcorar el pasado como mecanismo de supervivencia. Siempre difuminamos el sufrimiento. Por eso, la sabiduría popular habla de que el tiempo todo lo cura”.

Doramos el recuerdo, especialmente, si éramos más jóvenes, más guapos, estábamos más delgados y en buena forma, bromea Amat. Por eso presumimos de las fotografías de hace 10 años. Teníamos más energía y, probablemente, menos responsabilidades. Pero hay de todo y seguro que más de uno reivindica ser como el vino y mejorar con los años. “Estas tendencias en redes sociales nos unen en términos cooperativos y de grupo, así que tampoco lo pensamos mucho antes de sumarnos. Como individuos somos interesantes, en términos gregarios no tanto”, dice con su punto canalla el conocido como psicólogo punk.

La necesidad de pertenencia al grupo

Necesitamos pertenecer, por eso los ‘ahora tú’ tienen tanto tirón: “Hace miles de años, si te separabas de la tribu o hacías algo diferente al grupo, podías morir. El aborregamiento de la sociedad se justifica en términos evolutivos”, profundiza Laura Villanueva, psicóloga. Además, está la presión social normativa: “En psicología, que sigamos la corriente se explica no porque creamos que es lo correcto, sino que muchas veces tenemos el objetivo de no ser rechazados. En mi opinión, los trends actúan como un código tribal moderno”.

Si no haces el baile de moda o no usas el filtro viral, sientes (inconscientemente) que te estás quedando fuera del grupo, dice Villanueva. “Esa ansiedad nos empuja a imitar sin pensarlo, aunque sea un sinsentido”.

Mostrar el lado bueno de las cosas

Ya sabemos que en Instagram la gente tiende a enseñar lo que le interesa, que suele coincidir con su mejor versión. “Este trend es la representación más gráfica de lo que viene a ser esta red social. Cuando hacemos un recap o nos sumamos a estas tendencias es adaptativo: no buscamos recordar lo malo, tratamos más bien de rescatar los instantes felices o los momentos de bienestar, porque eso nos da seguridad y tranquilidad”, asegura Villanueva.

Por no hablar de la búsqueda de likes. Esto es clave para la psicóloga, que los cataloga de caricias psicológicas. En palabras de Dan Brown: “el aplauso digital”. Cada like libera una pequeña dosis de dopamina (el neurotransmisor del placer). “Hacer algo original es arriesgado, el algoritmo puede no darle visibilidad o incluso pueden criticarte; hacer el trend garantiza, al menos, visibilidad. Es una forma de buscar aceptación rápida”, comenta Villanueva.

Un refugio seguro

En definitiva, puede que cualquier tiempo pasado no fuera necesariamente mejor, pero sí un refugio si estamos viviendo una etapa complicada o visualizamos un futuro incierto (y los actuales líderes mundiales nos lo ponen fácil). “Las investigaciones muestran que las emociones negativas asociadas a los recuerdos se desvanecen más rápido que las positivas”, puntualiza la psicóloga.

Incluso en conversaciones con amigos tiendes a contar anécdotas o recuerdos que te aporten un toque de heroicidad o de buenos momentos para mantener un ambiente agradable y transmitir esa mejor versión. Eso explica, ahora que llega febrero, el mes de los enamorados, por qué le damos otra oportunidad a los ex si segundas partes nunca fueron buenas. Así de básico: de lo malo se aprende y se tira hacia adelante, pero lo bueno se recuerda y ahora se comparte.


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