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Internacional

Cinco años después del baile viral que anunció el golpe militar, Birmania sigue desangrándose entre la guerra, la farsa electoral y el olvido internacional

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A las seis de la ma�ana del 1 de febrero de 2021, Khing Hnin Wai, una profesora de educaci�n f�sica, coloc� su c�mara y tr�pode en una amplia rotonda del centro de Naipyid�, la capital de Birmania. Vestida con camiseta amarilla y pantal�n negro, empez� a grabarse haciendo su rutina diaria de aer�bic, ajena a que detr�s de ella estaba a punto de consumarse el golpe militar m�s ins�litamente documentado del siglo XXI.

Mientras marcaba los pasos, un convoy de camiones militares, furgones antidisturbios y todoterrenos negros avanzaba por la avenida que ten�a justo detr�s. Los soldados se dirig�an al complejo del Parlamento para culminar una operaci�n iniciada horas antes con la detenci�n de la l�der de facto del pa�s, la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi y el resto de la c�pula pol�tica. Birmania volv�a a caer bajo el yugo militar, y lo hac�a atravesando el encuadre de una clase de gimnasia matinal.

El v�deo dio la vuelta al mundo en cuesti�n de horas. La m�sica que acompa�aba los ejercicios de Khing, Ampun Bang Jago, un pegadizo remix indonesio, se convirti� en un principio en la banda sonora involuntaria del asalto militar que quebr� una fr�gil transici�n democr�tica. Luego, se adopt� como un himno de protesta cuando miles de birmanos la utilizaron durante las manifestaciones masivas que hubo por todo el pa�s, que fueron reprimidas por los militares golpistas.

Cinco a�os despu�s del golpe de Estado en Birmania, lo que comenz� como una insurrecci�n c�vica masiva contra el nuevo r�gimen, con huelgas generales y desobediencia civil, ha evolucionado en un conflicto armado de m�ltiples capas. El Tatmadaw, las fuerzas armadas, se enfrentan hoy a una constelaci�n de enemigos que va desde milicias prodemocr�ticas hasta ej�rcitos �tnicos curtidos en d�cadas de guerra de guerrillas.

M�s de 7.000 civiles han muerto, seg�n organizaciones locales, y la ONU calcula que al menos 3,6 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares. Birmania, con 51 millones de habitantes, se ha convertido en uno de los epicentros olvidados de la crisis humanitaria en el sur de Asia.

El pa�s se desangra lejos de los focos y el paso del tiempo juega a favor de la Junta militar gobernante: el mundo normaliza el golpe, tradicionales aliados como China y Rusia respaldan diplom�ticamente a los militares, la oposici�n se desgasta en la c�rcel o el exilio y la guerra civil se convierte en un ruido de fondo para una comunidad internacional m�s distra�da en otros frentes.

La Junta ha celebrado en los �ltimos meses las primeras elecciones desde el golpe de 2021 -sin observadores internacionales cre�bles, con los principales partidos disueltos y miles de opositores encarcelados o en el exilio-, que han sido calificadas por gobiernos occidentales como una farsa electoral. Las votaciones concluyeron el 25 de enero. El Partido Uni�n, Solidaridad y Desarrollo (USDP), respaldado por los militares, logr� una victoria aplastante.

“La palabra farsa no es ni siquiera lo suficientemente fuerte para describir estas elecciones”, dijo el ex embajador de Estados Unidos, Scot Marciel. La Liga Nacional para la Democracia (NLD), el partido de Suu Kyi que obtuvo el 82% de los esca�os en las anteriores elecciones de 2020, fue disuelto por negarse a reconocer la autoridad de los militares. Lo recientes comicios fueron vendidos por el general Min Aung Hlaing, el l�der de la Junta, como el proceso para “restaurar” la democracia.

“Las elecciones no tienen sentido”

Mientras el Gobierno autoritario se esfuerza en proyectar una imagen de normalidad institucional, el mapa del pa�s se ha roto en pedazos. Desde finales de 2023, el Tatmadaw ha perdido control territorial frente a la alianza de grupos �tnicos armados y brigadas prodemocr�ticas.

En el coraz�n de Birmania, en regiones como Sagaing y Magway, tradicionales bastiones del poder militar, las Fuerzas de Defensa del Pueblo (PDF), integradas sobre todo por j�venes urbanitas que abandonaron trabajos y estudios, tratan de resistir con campa�as de sabotajes frente a los bombardeos y detenciones.

En el norte y noreste, especialmente en los estados de Shan y Kachin, la ofensiva de la llamada Alianza de las Tres Hermanas -que agrupa a combatientes �tnicos- ha tomado bases militares, puestos fronterizos y corredores comerciales clave, muchos de ellos conectados al comercio con China.

Los testimonios recogidos por diarios birmanos independientes dibujan una guerra vivida a ras de suelo. “La Junta habla de elecciones, pero aqu� ni siquiera hay hospitales. �Qu� significa votar cuando no sabes si ma�ana seguir�s viva?“, dice al peri�dico Myanmar Now una profesora de Kachin que perdi� en un bombardeo a su sobrino de 10 a�os.

“Antes protest�bamos con pancartas; ahora enterramos a nuestros amigos”, relata a The Irrawaddy un joven de 24 a�os integrado en una c�lula del PDF en Sagaing. “No luchamos porque nos guste la violencia. Luchamos porque el ej�rcito decidi� que no ten�amos derecho a una vida normal“, asegura. “Las elecciones no tienen sentido. La gente que podr�a presentarse est� en la c�rcel o en una tumba”, comenta por Facebook Htet Aung, estudiante de Derecho en Mandalay, la antigua capital cultural.

Phyo Thinzar Maung, periodista birmana exiliada en Tailandia, explica que dej� Rang�n, la ciudad m�s grande del pa�s, tras recibir amenazas directas de los servicios de Inteligencia. “El r�gimen ha organizado unas elecciones de cara a la galer�a exterior. Dentro del pa�s, nadie cree en ellas. La gente solo cree en lo que ha visto: soldados, fuego y miedo”.

Desde Rang�n, una estudiante universitaria explica por Telegram que las redadas nocturnas y los apagones selectivos forman parte del paisaje cotidiano. “No hay futuro que planificar: ni trabajo, ni estudios, ni pol�tica. Solo sobrevivir sin llamar la atenci�n“.

Cinco a�os despu�s del v�deo viral de la profesora de educaci�n f�sica haciendo aer�bic mientras los militares tomaban el Parlamento, el futuro de Birmania sigue bailando al ritmo que marcan los generales.


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