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Internacional

Pues claro que nieva en Madrid

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LA CIUDAD tiene afici�n por ser protagonista de las noticias si llueve o nieva o soplan los vientos. Los fen�menos del tiempo caen aqu� como si el cielo repartiera birretes entre los viandantes, los coches, los perros, los �rboles y las venezolanas adictas al ch�ndal. Con sus cuatro gotas de agua o el kilo y medio de copos todo el mundo se siente ungido, crece un palmo, desempolva al reyezuelo guardado en alguno de los armarios empotrados. La ciudad se toma muy a lo personal las cuitas meteorol�gicas. Cuando el otro d�a apareci� la primera nieve ya estaban ocupadas las posiciones. Funcionaba a toda m�quina el teletrabajo. Los jefes recib�an mensajes de voz que detallaban al mil�metro las retenciones. Con trescientos veinticinco mil copos, que los cont�, se decret� el estado de pijama, la emergencia del cafelito en casa, la alarma hizo emerger los bunkers olvidados de la pandemia: Netflix hasta la hora de comer. La nievecilla, que no lleg� al mediod�a, sirvi� para contarle a los dem�s lo que los dem�s ya sab�an. Nevaba, claro, y Madrid exig�a ser el centro de atenci�n. Convertir la actualidad en una sesi�n continua del parte, o sea, tapar los asuntos importantes con su pose de ciudad a medio camino entre Miami y Finlandia.

Ning�n soci�logo ha tomado un momento para descifrar la querencia por darse la vuelta sobre s� misma que tiene la ciudad cuando ocurren las cosas que ocurren en cualquier sitio. Debe ser una de las chuler�as antol�gicas que arman al madrile�o, cuya identidad es un puzle a medio terminar. Por eso quiz� cualquier situaci�n corriente es tomada como la pieza que falta. Asomados a la ventana, adquirimos una inyecci�n de moral, un empujoncillo a la inestable condici�n de madrile�os. Ahora los encargados del pron�stico consideran eventos las borrascas y las bautizan con nombre de delfines. Aqu� el concepto adquiere su significado completo. Sacamos este pu�ado de nieve ca�do en las circunvalaciones a pasear a la espera de un piropo, una se�al, algo. La comprensi�n de la excepci�n que somos en un pa�s atribulado por las excepcionalidades. Un pu�ado de diferentes a la b�squeda, en el agua congelada, de un pegamento.

Apenas una nieve moviliza ciertas agon�as como un reproche al resto. Pues claro que nieva en Madrid, la maravillosa ciudad maravillada por lo normal.


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