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Internacional

La guerra que ganó David Uclés

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Dado que La pen�nsula de las casas vac�as se ha vendido (�y le�do!) como churros, no podemos acusar a su autor, David Ucl�s, de ser un fraude literario o un hipster que pretende ser validado por sus pintas y su actitud, no por su obra, que igual ni tiene. Eso pasa a veces y con frecuencia cuela: un jersey de cuello vuelto y unas gafas de pasta y ya eres escritor. El h�bito no hace al monje, pero qui�n detecta al cardenal falso en una ceremonia vaticana. Ucl�s sabe que su aspecto es parte de su marca y su marca parte de su �xito. La otra parte son sus libros, claro, pero en el siglo XXI son pocos los escritores que pueden permitirse no tener cara. O jersey. O gafas. O redes sociales.

El atuendo es comunicaci�n: nos vestimos para expresar quieres somos, quienes queremos ser y quieres queremos que los dem�s crean que somos. Eso tambi�n se aplica a un atuendo m�s escurridizo: el medi�tico. Somos los medios en los que escribimos, los estrenos a los que vamos y los eventos a los que no. David Ucl�s cancel� p�blicamente su asistencia a unas jornadas de debate tituladas La guerra que todos perdimos. En sus redes sociales (repito: siglo XXI) expres� su desacuerdo con el evento y su negativa a compartir foro con personas que, seamos claros, no perdieron ninguna guerra y ahora podr�an estar haciendo como que s�, fingiendo que sus linajes, sus patrimonios o sus carreras no se beneficiaron del franquismo. Expertos reales en esta muy bien llamada “pacocracia”, si acudir�an a Sevilla, ciudad que acoger�a las jornadas. David Ucl�s no.

La reacci�n de Ucl�s es, desde luego, una demostraci�n de poder: �l es m�s popular ahora que muchos de los participantes en las jornadas. De hecho, su ausencia les dio mucha m�s relevancia a �stas, a cambio de exhibir las debilidades, contradicciones y desprop�sitos de la convocatoria. En ese �ltimo apartado incluimos la explicaci�n del desafortunado t�tulo: seg�n Arturo P�rez Reverte, uno de sus impulsores, La guerra que todos perdimos deber�a haber ido entre signos de interrogaci�n, pero un error tipogr�fico hizo que no fuese as�. Mi perro se ha comido los deberes, vamos. Como P�rez Reverte es del siglo XX (y a mucha honra, imagino), no solt� estas excusas en unas stories de Instagram. �l es m�s de pegar bandos apergaminados por las calles de Madrid.

El creador de Alatriste es tambi�n un personaje del circo literario. Lo de los signos de interrogaci�n, eso s�, descuadra con su atuendo. Una excusa tan penosa le pega m�s a Luc�a Etxebarria, en permanente huida hacia adelante, o a alguna autora de chick lit superventas, opinadora patosa pero infalible en las grandes superficies. Que tus libros se vendan en hipermercados es sin�nimo de �xito. Tambi�n de participaci�n en la cultura pop. Miro la secci�n de libros de mi h�per de referencia y compruebo que una alt�sima proporci�n de los autores que ofrece son famosos. Famosos incluso para gente que no lee libros. Son famosos por sus opiniones, sus filias, sus fobias y, en algunos casos, por sus estilismos. David Ucl�s es ya uno de esos autores. �l es, como aquella desternillante cuenta de Twitter, “un famoso”. Tiene libros, pero tambi�n tiene opiniones.

El escritor David Ucl�s acaba de ganar el premio Nadal

El escritor David Ucl�s acaba de ganar el premio NadalEL MUNDO

Ya despierta adhesiones y odios entre personas que no saben qu� ha escrito. La l�a diciendo cosas que nada tienen que ver con su literatura y no se quita la boina casi nunca, y eso que tiene un pelazo que, si lo dejase crecer, podr�a rivalizar con el de Oliver Laxe. Hace treinta a�os, Arturo P�rez Reverte probablemente opinar�a que ese no-peinado es de guarros, de rojos y de indeseables. Pero ahora, con los cachorros de la ultraderecha aficionad�simos al pelaje ultradenso, David Ucl�s es capilarmente inatacable. Tampoco va P�rez Reverte a entrar en una guerra en redes contra el chico que no quiso ir a su ciclo de conferencias: el se�or Arturo usa sus redes sociales para otras cosas. Mal que le pese, �l tambi�n es “un famoso”, estatus que David Ucl�s ha aprendido a manejar a toda velocidad.

No yendo a La guerra que todos perdimos, el chaval de la boina destruy� el acto desde dentro, se convirti� en su protagonista y puso un ladrillo m�s en el castillo de su celebridad. Finalmente, La guerra que todos perdimos y sus impulsores, P�rez Reverte el primero, perdieron su guerra. Ucl�s 1, P�rez Reverte 0. Miro la lista de convocados (que, en su inmensa mayor�a, s� confirmaron asistencia) y detecto unos cuantos que, aunque no lo reconocer�n jam�s, lo que quieren es ser el centro de atenci�n durante un ratito. Su trocito de “daviduclesismo”. Por cada experto en la Guerra Civil y el Franquismo hay un par de expertos a los que tambi�n se les han ca�do los signos de interrogacion: �expertos en qu�?. Unos famosos, vamos.


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