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La historia de Marius Gustavson, 'El Castrador': una obsesión por mutilar cuerpos ajenos y una web en la que retransmitía online operaciones amateur

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El 9 de mayo de 2024, Marius Gustavson, un noruego de 46 a�os, fue condenado a cadena perpetua por mutilar al menos a 30 personas ofreci�ndoles dinero y transmitiendo en directo las operaciones. Sus v�ctimas, y los documentos judiciales lo describieron como un “loco”, un “manipulador” y un “carnicero” .

Antes de operar a varias personas, les extirp� un pez�n, un pene y una pierna. Todos los procedimientos se realizaron en apartamentos y habitaciones de hotel de Londres, se filmaron y se compartieron en su sitio web, con lo que gan� al menos 300.000 libras.

La investigaci�n del escritor y presentador de televisi�n brit�nico-estadounidense Marcel Theroux, que junto a testigos y v�ctimas de Gustavson ha repasado su historia y analizado el fen�meno de los eunucos en la nueva docuserie The Castrator, que se emite a partir de hoy, viernes 30 de enero en Sky Crime y Now, ha reconstruido los hechos.

�Qui�nes son los eunucos?

Para entender la historia de Marius Gustavson debemos partir de un fen�meno que afecta a decenas de miles de personas en todo el mundo: el de los eunucos, hombres castrados por diversos motivos, incluidos los religiosos y sociales.

La primera evidencia de esta pr�ctica se remonta a las cortes de los imperios otomano y bizantino, donde serv�an como guardias de harenes, sirvientes o altos funcionarios, considerados m�s confiables (e incapaces de engendrar herederos). En la antigua Roma exist�a una clase social llamada castrati, mientras que en la China imperial tambi�n se utilizaba como castigo para los hijos de los rebeldes.

Tambi�n podemos encontrarlos en series de televisi�n y pel�culas: en Juego de Tronos, por ejemplo, el jefe del aparato de espionaje del Reino es un eunuco, un astuto consejero y manipulador pol�tico.

Esta pr�ctica se considera actualmente una violaci�n de los derechos humanos; sin embargo, a�n se practica en algunas partes del mundo, como la India, donde existe la comunidad hijra, pero tambi�n en zonas vecinas como Pakist�n y Nepal. Fue la foto de un eunuco indio lo que convenci� a Marius Gustavson a convertirse en uno de ellos.

En el documental, Marcel Theroux entrevista a un hombre transg�nero que est� a punto de someterse a una histerectom�a (extirpaci�n del �tero), explicando c�mo la falta de leyes espec�ficas para la reasignaci�n de g�nero puede llevar a que las personas que desean someterse a estas cirug�as sean persuadidas por personas como Gustavson, que les prometen las modificaciones corporales que desean (y quiz�s, en su caso, incluso con una recompensa econ�mica).

Su infancia en Oslo y una organizaci�n ben�fica LGBTQ+

Marius Gustavson naci� en una zona suburbana al sur de Oslo. Hijo �nico, sus vecinos lo recuerdan como un ni�o solitario, sin amigos, bastante sensible, pero sin duda una buena persona. No hubo violencia en su infancia, solo un secreto que llevar�a consigo hasta la adolescencia: su homosexualidad. Fue durante este per�odo, gracias a una foto encontrada en un libro que mostraba a un indio castrado, que descubri� la existencia de los eunucos y se le despert� el deseo de convertirse en uno.

En su �ltimo a�o de secundaria, se convirti� en presidente de las tradicionales fiestas ‘Russ’ , organizadas para estudiantes de secundaria antes de los ex�menes finales. Ten�a reputaci�n de persona respetable y presid�a una organizaci�n ben�fica LGBTQ+. Pero a partir de 1999, su curr�culum empez� a mancharse.

Una condena por fraude y sus primeras operaciones

Ese a�o, fue condenado por fraude contra una asociaci�n de viviendas, por un valor aproximado de 5.000 libras, y en 2001, se enfrent� a ocho meses de prisi�n por fraude en internet. En 2012, se mud� con su esposo al Reino Unido, donde encontr� su lugar en una subcultura obsesionada con las modificaciones corporales radicales. A partir de ese momento, su comportamiento comenz� a cambiar y se divorci� en 2016.

En febrero de 2017, Gustavson convence a Damien Byrnes, de 36 a�os y posteriormente condenado a cinco a�os de c�rcel, para que le extirpe el pene con un cuchillo de cocina (encontrado cuatro a�os despu�s en un caj�n de su casa), todo ello grabado con una c�mara de v�deo. Posteriormente, en febrero de 2019, le pidi� a Jacob Crimi-Appleby, de 23 a�os y condenado a tres a�os y ocho meses, que le congelara la pierna.

“Pens� que ser�a interesante no tenerla, as� que la meti� en un cubo con hielo durante ocho horas y luego se hizo llevar al hospital para que se la amputaran”, cuenta un testigo. Finalmente, ese mismo verano, Nathan Arnold, de 48 a�os y condenado a dos a�os con suspensi�n condicional, le extirp� parcialmente el pez�n con un bistur�.

Cre� una web para retransmitir online las castraciones

Gustavson hab�a decidido convertirse en una persona que elige voluntariamente someterse a una ablaci�n genital, y as� decidi� crear un sitio web dirigido a quienes, como �l, sienten fascinaci�n por la castraci�n y las modificaciones corporales extremas. El sitio se llamaba ‘Eunuchmaker’, es decir, “creador de eunucos”, donde se le da el apodo de “null Theo”, del griego the�s, que significa Dios.

Gustavson comenz� a buscar personas dispuestas a castrarse y a ser filmadas durante la pr�ctica. A continuaci�n, sub�a los v�deos a su sitio web para las 22 841 personas de todo el mundo que pagaban una suscripci�n anual de 100 libras para disfrutar de esas im�genes. Seg�n las investigaciones, el noruego lleg� a ganar casi 300 000 libras gracias a la p�gina web, ofreciendo dinero a sus v�ctimas a cambio de las grabaciones. La “tarifa” era de 5000 a 7000 libras por la extirpaci�n de un test�culo y de 15.000 a 25.000 libras por la extirpaci�n del pene.

Las operaciones se realizan de forma “amateur y peligrosa”, en entornos no est�riles como habitaciones de hotel o apartamentos. Sin embargo, no todos acud�an a �l con el objetivo de someterse a una operaci�n, algunos solo quer�an practicar bondage o sadomasoquismo. �l se reun�a con ellos y luego los convenc�a para que se operasen.

Utilizaba pinzas para aplastar los test�culos, practicaba extirpaciones de pene, congelaci�n de extremidades y, a veces, administraba descargas el�ctricas. Utilizaba para todo ello cuchillos de cocina, bistur�s quir�rgicos e instrumentos dise�ados para ser utilizados en ganado. Estas operaciones poco profesionales llevaron a tres personas al borde de la muerte.

Las partes amputadas las conservaba en el frigor�fico de su casa de Harringay, en el norte de Londres, como si fueran trofeos, mientras que algunos genitales cortados se vend�an por Internet. Las im�genes encontradas en su tel�fono demostraron que el 22 de junio de 2018 Gustavson �cocin� test�culos para el almuerzo junto con un plato de ensalada”.

El relato de una de las v�ctimas

En el documental tambi�n se daba espacio al relato de la v�ctima que decidi� denunciarlo. El hombre, que permaneci� en el anonimato, cuenta que lo conoci� a trav�s de un sitio web de citas. Estaba pasando por un momento dif�cil, consum�a drogas y necesitaba dinero. Recuerda que durante el primer encuentro tom� unas pastillas, que Gustavson lo tortur� mientras grababa el encuentro y que, finalmente, le inyect� en el hombro un inhibidor de testosterona que le “alter� la mente”. Cuando recuper� el conocimiento, le habl� de su sitio web y le envi� la lista de precios con las ganancias que obtendr�a por los v�deos.

“Esa p�gina web normalizaba ese tipo de pr�cticas”, cuenta el hombre. “Pensaba que ten�a el control de la situaci�n, as� que, unos d�as despu�s, acced� a la castraci�n“, recuerda. Cuenta que compr� los medicamentos, que fue a su apartamento, que lo ataron y que lo vio sacar unas tenazas: “Ah� me di cuenta de que hab�a metido la pata, el dolor era incre�ble”. Sin embargo, una vez de vuelta en casa, encontr� el v�deo en la p�gina web. Su perfil obtuvo la certificaci�n de ‘eunuco verificado’, una consagraci�n que le convenci� de someterse a una extirpaci�n definitiva de los test�culos y el pene.

Para la extirpaci�n quir�rgica, Gustavson confiaba en David Carruthers, uno de los muchos colaboradores del noruego que posteriormente fue condenado a 11 a�os de prisi�n. Carruthers extirp� un test�culo al hombre con un bistur�, mientras Gustavson grababa y tomaba fotos. Solo entonces, cuenta el testigo, se dio cuenta de que solo eran “carniceros”. Pero antes de que pudiera levantarse de nuevo, Gustavson ya hab�a desaparecido. El v�deo apareci� en la p�gina web, pero �l no recibi� el dinero, as� que lo denunci�.

“No me arrepiento de la intervenci�n”, cuenta tras la condena, “pero creo que me manipularon para que lo hiciera de la forma en que �l quer�a”.

La condena a cadena perpetua: procedimientos similares a una �carnicer�a�

En marzo de 2021, la polic�a irrumpi� en la casa de Gustavson y lo detuvo. En su apartamento encontraron horas de grabaciones de v�deo realizadas a lo largo de siete a�os. Desde la c�rcel, Gustavson confes� al escritor Marcel Theroux que tiene al menos 500 v�deos de personas sometidas al procedimiento. En algunas de las im�genes y mensajes recopilados por las autoridades, tambi�n se veia a un chico al que Gustavson ha marcado la pantorrilla con las iniciales EM (creador de eunucos) con un hierro candente. Adem�s de los v�deos, las autoridades encontraron un congelador lleno de partes de cuerpos cortadas.

En un primer momento, la defensa de Gustavson se bas� en el hecho de que todas las v�ctimas hab�an dado su consentimiento. Esto plantea una compleja cuesti�n jur�dica sobre los l�mites del consentimiento. Sin embargo, una sentencia anterior establec�a que “el consentimiento no constituye una defensa contra una acusaci�n de da�os”.

En mayo de 2024 llegaba la sentencia. Seg�n el juez, los procedimientos eran similares a una masacre humana y las v�ctimas estaban motivadas “por una mezcla de gratificaci�n sexual y recompensa econ�mica”. As�, acusado de conspiraci�n para causar lesiones personales graves con intenci�n, creaci�n y distribuci�n de im�genes indecentes de un ni�o y posesi�n de material pornogr�fico extremo, Gustavson fue condenado a cadena perpetua por el Old Bailey, el tribunal penal central de Londres, a una pena m�nima de 22 a�os.

Junto a �l fueron juzgadas otras seis personas por conspirar para cometer violencia sexual en grupo con intenci�n ofensiva. Se trata de Ion Ciucur (condenado a 5 a�os y 8 meses), Janus Atkin (condenado a 12 a�os), David Carruthers (condenado a 11 a�os), Ashley Williams (condenado a 4 a�os y 6 meses) y Stefan Scharf, sin domicilio fijo, tambi�n condenado a 4 a�os y 6 meses. Adem�s de ellos, Peter Wates, antiguo miembro jubilado de la Royal Society of Chemistry, fue condenado a 12 a�os. En su casa se encontr� un tarro de mantequilla con la inscripci�n �no descongelar� que conten�a un escroto y dos varillas utilizadas para pr�tesis de pene.


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