Internacional
Decenas de miles de personas vuelven al llenar las calles de Mineápolis clamando contra el ICE y Trump
Decenas de miles de personas han salido una vez m�s a las calles este viernes en Minnesota, a 15 grados bajo cero, para protestar. Contra Donald Trump. Contra la presencia del ICE y otras agencias migratorias, que han incumplido m�s de 100 resoluciones judiciales en lo que va de a�o. Por la muerte de sus vecinos, acribillados y acusados de ser “terroristas dom�sticos”. Por la detenci�n de miles de inmigrantes sin antecedentes penales y los m�todos salvajes usados, incluyendo la separaci�n de familias o el env�o a campos de internamiento a miles de kil�metros, sin la posibilidad siquiera de contactar con un abogado. Por el arresto de cientos de manifestantes, activistas e incluso periodistas. Por la ret�rica del Gobierno, que los llama “agitadores”, “profesionales pagados” y “boicoteadores organizados”.
Un fr�o paralizante con un viento g�lido no ha paralizado a una ciudad cansada, herida y sobre todo furiosa. Desde una hora antes de la convocatoria se fue llenando el Government Plaza con todo tipo de pancartas contra el presidente del pa�s, las agencias migratorias y en defensa de “nuestros vecinos inmigrantes”. Tras una ronda muy breve de intervenciones, abucheando no s�lo al Gobierno sino a las autoridades estatales por sentarse a negociar con los enviados de Trump, la marcha arranc� siguiendo los pasos de la semana pasada, entre gritos de “Fuera el Ice, que le jodan al iCE”, “Justicia para Alex Pritt” y consignas en recuerdo de George Floyd.
Una cosa es indiscutible viendo las movilizaciones de esta semana, esparcidas por todo el pa�s en un conato discreto y no unificado de “huelga general”: los ciudadanos en Minnesota est�n realmente organizados y llevan tantos d�as en alerta que han perfeccionado y pulido sus m�todos y redes de comunicaci�n. La gente est� respondiendo de forma masiva, pero no al modo espa�ol, europeo, que lo f�a todo, el �xito o el fracaso, a sacar a cientos de miles de personas en plazas y el centro de las ciudades en un d�a concreto, aunque aqu� les hubiera encantado batir r�cords hoy, en una convocatoria de paro que no ten�a respaldo total de sindicatos o las principales organizaciones c�vicas.
Hab�a mucha gente, una serpiente de m�s de 35 minutos de paseo de inicio a fin, pero no era lo m�s importante, o al menos no lo �nico, seg�n las organizaciones. “No es aparecer una vez, es formar un v�nculo y estar siempre”, explican. “Es el modo americano, el de Minnesota”. Una red ampl�sima, profunda y duradera, pero descentralizada. Un goteo incesante de peque�as asociaciones estudiantiles, civiles, de ONG, parroquias y barrios en pie que trabajan a peque�a escala, generalmente sin mucha publicidad. Grupos de cinco, 10, 20 o 30 personas congregados cada d�a, a todas horas, frente a los edificios federales donde llevan a los inmigrantes.
En los juzgados y las comisarias, en los hoteles donde duermen los agentes. Rapid�simos para reaccionar cuando llegan noticias de operativos cerca de colegios, hospitales o centros comerciales. Bares y restaurantes que ofrecen comidas a los vecinos asfixiados. Profesores que llevan y traen a los alumnos a sus casas y recogen comida para darles desayunos. Veterinarios que cuidan de las mascotas. Redes sociales muy vivas recaudando cada d�a decenas de miles de d�lares para pagar alimentos, alquileres, m�dicos.
“Aqu� los ciudadanos est�n inusualmente comprometidos con su comunidad. Votan y participan como voluntarios, m�s que los residentes de casi cualquier otro estado, lo que refleja las ra�ces escandinavas, caracterizadas por la participaci�n ciudadana y el colectivismo. Apoyan un s�lido ecosistema de medios de comunicaci�n locales para fomentar la comunidad y fiscalizar al gobierno. Se preocupan por sus vecinos y est�n dispuestos a ayudar”, escrib�a ayer en el principal peri�dico de la ciudad, el Star Tribune. “Es una experiencia profundamente conmovedora ver c�mo una comunidad que ha estado tan dividida se une. Es la experiencia colectiva m�s poderosa de la que jam�s haya formado parte”, ha celebrado el exalcalde de Minneapolis, R.T. Rybak.
Y todo eso es lo que se ha visto este viernes por tercera semana consecutiva. Ha arrancado con cerca de mil personas rabiosas frente al Whipple, el edificio federal junto al aeropuerto donde est�n detenidos los llamados “16 de Minnesota”, un acto que acab� dispersado por la fuerza con gases lacrim�genos. Despu�s hab�a convocatorias para parar los colegios, las empresas, los supermercados, un “apag�n econ�mico”, que no cuajaron. Y sobre todo, las marchas.
El grueso de los negocios de capital, de las ciudades gemelas y del Estado, asfixiados financieramente, ha abierto, pero no como siempre, como si nada hubiera pasado. Algo ha cambiado y es perfectamente palpable. No s�lo por la repercusi�n, el ejemplo y la difusi�n dada por numerosas estrellas de cine o televisi�n, o por los conciertos solidarios de grandes figuras de la m�sica, como Bruce Springsteen o su amigo Tom Morello. Sino por el esp�ritu. The Boss apareci� por sorpresa, tras muchos rumores, en un concierto ben�fico con su �ltima canci�n, compuesta el d�a de la muerte a balazos del manifestante Alex Pretti. Y la cant�, como cant� interpret� una versi�n del tema ac�stico The Ghost of Tom Joad con Tom Morello y su banda , o para unirse al “Power to the People” de John Lennon, con el resto de los artistas en lo que Morello llam� “el mejor concierto de brunch” en la historia de First Avenue.
Minnesota lleva dos d�cadas sin ver a un republicano ganar una elecci�n a nivel estatal, pero en medio de la divisi�n se ha convencido y est� convenciendo de que es posible frenar tambi�n a Trump en general. Plantar cara al enorme poder del Gobierno y sus agencias. No han logrado interrumpir del todo su asedio, pero s� que cesen al responsable sobre el terreno, Gregory Bovino, y que su sustituto haya abierto la puerta a reducir el n�mero de agentes y cambiar sus prioridades y m�todos.
El precio a pagar ha sido muy alto, como se ha visto, pero “no hay alternativa”, dicen. “Van a por todo. A por nuestra libertad. Quieren robar las elecciones y acabar con todos nuestros derechos. Esto no tiene fin, no es que les moleste la primera enmienda, sino que incluso est�n apuntando a la segunda”, dice con indignaci�n Alexander, un veterano de 62 a�os en referencia a la libertad de expresi�n, pero tambi�n la de llevar armas, consagradas en la Constituci�n. “Lo dir� muy claramente: las elecciones tienen consecuencias. La gente quiere ley y orden. Y tenemos una mayor�a silenciosa a la que le gusta lo que hacemos”, asegur� hoy Trump, quitando importancia a las convocatorias.
Minnesota ha planteado lo ocurrido en las �ltimas semanas no como una cuesti�n migratoria, sino algo mucho m�s profundo y peligroso. Un laboratorio y campo de pr�cticas. El gobernador, Tim Walz, avis� esta semana de que la violencia en su estado pueda provocar una ruptura nacional. “�Estamos ante un Fort Sumter?”, se pregunt� en una entrevista trazando un hilo directo con la c�lebre isla de Carolina del Sur donde las fuerzas confederadas dispararon los primeros tiros de la Guerra Civil en 1861. “Una fuerza armada est� atacando, est� matando a mis electores, a mis ciudadanos”, a�adi�. “Est� en juego la Rep�blica, no queremos reyes”, gritaban los manifestantes en el downton en la marcha principal del d�a.
El lugar escogido por la Administraci�n para apretar no es casual. Minnesota es un Estado dem�crata, dirigido por quien fue rival directo de Trump en las elecciones de 2024 (fue el aspirante a vicepresidente de Kamala Harris). Con ciudades peque�as (no m�s de 400.000 personas) y pocos polic�as (600 en Mine�polis). Han desplegado m�s de 3.000 agentes e ignorado las leyes y a los tribunales locales. Han disparado a ciudadanos estadounidenses ante las c�maras, intentando que cientos de millones de personas no crean lo que vieron desde todos los �ngulos posibles. “No vamos a investigar el caso, hay miles de incidentes con las fuerzas del orden en el que alguien recibe un disparo”, ha anunciado el Departamento de Justicia hace unas horas, mientas reclaman eso s� los registros de votantes del Estado, con el ojo puesto en las elecciones de noviembre y los falsos rumores sobre fraudes. Ahora incluso est�n intentando procesar a la prensa, los testigos.
En la madrugada del jueves al viernes, los federales detuvieron a dos veteranos periodistas, un ex presentador de la CNN y una independiente ganadora de tres Emmys regionales por su cobertura de la actualidad en Minnesota, que el d�a 18, cubriendo las protestas contra las redadas migratorias entraron con unos manifestantes en la Cities Church de Mine�polis, una parroquia en la que se estaba oficiando una misa. Los reporteros grabaron la incursi�n, pac�fica y numerosa, as� como entrevistas a los feligreses y los pastores, uno de los cuales, David Easterwood, es tambi�n un agente importante del ICE, el Servicio de Control de Aduanas e Inmigraci�n.
La fiscal general, Pan Bondi, y su equipo sostienen que los periodistas, negros igual que los activistas a los que cubr�an, no ten�an derecho a estar en la propiedad privada de la iglesia, y que interrumpir un servicio religioso vulnera el derecho constitucional de los feligreses (en su mayor�a blancos) a practicar su religi�n. Se los acusa con un delito tipificado en la Secci�n 241, una ley de la era de la Reconstrucci�n, tras la Guerra Civil, promulgada precisamente para salvaguardar el derecho al voto y la participaci�n en la vida p�blica de los afroamericanos, en medio de la violencia del Ku Klux Klan.
Igualmente, la declaraci�n jurada de un agente, presentada en apoyo del caso del Gobierno, afirma que los manifestantes intentaron violar el “libre ejercicio de la religi�n en un lugar de culto religioso protegido por la Ley FACE”, una ley federal de 1994 que se fij� en los a�os de Bill Clinton como presidente para proteger a las personas que intentaban abortar entre presiones y amenazas.



