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Internacional

Terremoto en el mercado de deuda japonés: una advertencia para el mundo

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Durante d�cadas, al mercado de deuda japon�s se le ha considerado una anomal�a, un ecosistema donde las leyes de la gravedad financiera parec�an no aplicarse. A pesar de registrar cifras de d�ficit y deuda que har�an vomitar a un ministro de hacienda alem�n, el archipi�lago nip�n se manten�a como un remanso de tipos de inter�s nulos y una demanda dom�stica de deuda insaciable. Sin embargo, ese “excepcionalismo” parece haber llegado a su fin y son malas noticias para el resto del mundo.

La reciente escalada de los tipos de inter�s a largo plazo en Jap�n no es un simple hipo del mercado. Es un cambio estructural que derriba una de las premisas m�s peligrosas de la econom�a moderna: la suposici�n de que el nivel de endeudamiento no importa para los pa�ses con monedas fuertes y que funcionan como moneda de reserva internacional.

En efecto, el mercado de bonos japon�s est� dando signos de un cambio trascendental en el �ltimo mes. Es cierto que los cambios se propiciaron con la eliminaci�n, en 2024, de la pol�tica de Control de la Curva de Tipos del Banco Central. Sin embargo, el ascenso de la rentabilidad de los bonos a 10 y 30 a�os de la �ltima semana por encima del 2,3% y el 3,9% respectivamente, a pesar de que el tipo de referencia se mantiene en un reducido 0,75% y la inflaci�n cay� en diciembre al 2,1%, han dejado a los analistas en shock.

Estos tipos de inter�s no se registraban en Jap�n desde el siglo pasado y, en t�rminos reales, son ya claramente positivos, algo que no suced�a en m�s de una d�cada. Jap�n ya no puede permitirse financiar su deuda —que supera el 260% de su PIB— de forma gratuita gracias al interminable ahorro interno. El mercado ha comenzado a exigir una prima de riesgo, lo que sugiere que la confianza ciega en la moneda soberana tiene l�mites, incluso para la tercera econom�a del mundo.

El motor del cambio: La demograf�a y el ahorro

Para explicar lo que est� sucediendo los analistas analizan el impacto de las elecciones anticipadas, rebuscan en las minutas del Banco de Jap�n y examinan las �ltimas declaraciones de Satsuki Katayama, el nuevo ministro de Finanzas. Sin embrago, el cambio m�s fundamental y profundo viene de mucho m�s lejos. Se trata de una metamorfosis en el balance de situaci�n de la naci�n, impulsada por un declive imparable en la tasa de ahorro nacional y que se origina, en �ltima instancia, en el dr�stico cambio demogr�fico que ha sufrido el pa�s a lo largo de las �ltimas d�cadas.

Hist�ricamente, el Estado japon�s pod�a endeudarse masivamente porque sus ciudadanos ahorraban con la misma intensidad. El gobierno simplemente tomaba prestado el dinero que sus propios trabajadores depositaban en los bancos locales. Pero esa reserva de capital se est� secando debido a la carga demogr�fica, el reverso tenebroso del llamado dividendo demogr�fico.

En la d�cada de 1970, la tasa de ahorro nacional de Jap�n superaba ampliamente el 35% del PIB, algo que ayud� a convertirlo en el mayor acreedor del mundo. A finales de los 90, la tasa baj� al 25%. En la �ltima d�cada, se ha movido en un rango mucho m�s estrecho y vol�til, situ�ndose actualmente (datos de 2025-2026) en torno al 21-23%, nivel habitual en muchos pa�ses de la OCDE. M�s llamativo aun, el ahorro neto de los hogares ha ca�do del 15% en 1990 a niveles cercanos al 3% en la actualidad.

Para entender por qu� el ahorro se desploma, debemos mirar la tasa de dependencia. Este indicador mide la relaci�n entre la poblaci�n que no est� en edad de trabajar (t�picamente menores de 15 y mayores de 65 a�os) y la poblaci�n en edad laboral (15-64 a�os).

Jap�n ha visto durante este periodo como, debido al desplome de la natalidad (actualmente 1,2 hijos por mujer), su tasa de dependencia crec�a hasta el 70%, una de las m�s altas del mundo. Cuando una poblaci�n envejece, ocurre un fen�meno econ�mico inevitable. Los jubilados dejan de ahorrar para empezar a gastar los ahorros acumulados durante su vida laboral. Es algo que puede no afectar demasiado a la tasa de ahorro si est�n bien capitalizados (cosa que en Jap�n solo se produce parcialmente). Al mismo tiempo, la poblaci�n que trabaja, genera ingresos y ahorra, disminuye (algo que de nuevo Jap�n ha combatido en lo posible alargando la vida laboral). Como resultado, al haber menos trabajadores activos y m�s pensionistas consumiendo su capital, el ahorro nacional neto cae.

Una advertencia global

La consecuencia de esta ca�da del ahorro es que el Estado japon�s pronto no podr� financiarse exclusivamente con capital dom�stico. Esto obligar� a Jap�n a competir por el capital global, lo que implica aceptar tipos de inter�s dictados por el mercado internacional.

Esta es la temible advertencia para el resto del mundo, especialmente para las econom�as occidentales que afrontar�n un panorama demogr�fico tanto o incluso m�s negro que el de Jap�n, con sistemas de pensiones menos capitalizados y mucha menor capacidad para alargar la vida laboral que en la estajanovista Jap�n.

La inmunidad ante el d�ficit y la deuda que Jap�n pareci� disfrutar durante casi 30 a�os no era una ley econ�mica especial para pa�ses con moneda de reserva, sino un subproducto temporal de una demograf�a favorable y un exceso de ahorro que ya no existe. Pa�ses como EE. UU., Francia o la mayor parte de la OCDE, que han visto dispararse sus ratios de deuda en las �ltimas d�cadas, no cuentan, adem�s, con el colch�n de ahorro dom�stico que ten�a Jap�n.

Imaginen por un momento que la tasa de ahorro nacional de alg�n pa�s de la UE, del actual 21% se desplomase tanto como la japonesa lo ha hecho en las �ltimas dos d�cadas.

Estar�amos hablando de una tasa ahorro que con suerte llegar�a al 10% del PIB, algo que supone colocarse en la lista de pa�ses de extrema vulnerabilidad econ�mica, crisis de deuda recurrentes y riesgo de default. Seg�n las estimaciones actuales, la mayor parte de los pa�ses de la UE alcanzar�n la ratio de dependencia que actualmente tiene Jap�n en torno a 2048, pero podr�a ser mucho antes.

Adem�s, a nivel internacional estos efectos se retroalimentar�n. Por ejemplo, es previsible que, ya a corto plazo, a medida que el capital en Jap�n se vuelve m�s escaso y caro, el flujo de yenes que antes regaba los mercados mundiales (el famoso carry trade) regrese a casa, encareciendo el cr�dito en todo el planeta. Imaginen cuando esto suceda en el gran acreedor mundial que es China, cuya tasa de natalidad alcanz� este a�o un nuevo r�cord negativo (1,1 hijos por mujer).

Conclusi�n

El fin del excepcionalismo japon�s es el canario en la mina de la econom�a global. Nos ense�a que ning�n pa�s, por fuerte que sea su moneda, puede escapar indefinidamente de los fundamentos de la demograf�a, el ahorro y las limitaciones de la pol�tica monetaria y fiscal. El mundo debe prepararse: todo indica que contamos con poco m�s de una d�cada para el fin del cr�dito f�cil y los tipos bajos que extra�amente han acompa�ado a los desequilibrios fiscales de los pa�ses desarrollados en las �ltimas d�cadas. Es muy posible que las grietas en el sistema financiero vayan asomando mucho antes.

Rafael Loring Rubio, Economista Senior de Cesce Riesgo pa�s


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