Internacional
Rodalies, un caos de gestión socialista que espolea el retorno independentista
La tragedia de Adamuz est mitigando, lgicamente, la repercusin del caos en el que est sumido el servicio ferroviario de Rodalies, paralizado desde hace cinco das tras el accidente de un tren de cercanas en Gelida, en el que perdi la vida un joven maquinista en prcticas. Hasta el momento, ni la Generalitat, ni el Ministerio de Transportes, ni Renfe o Adif han ofrecido una explicacin clara y comprensible de las razones del parn, como tampoco han aportado soluciones para la movilidad del casi medio milln de personas que utilizan a diario Rodalies.
En otro momento, el hecho de que una comunidad autnoma como Catalua -que representa el 19 % del PIB espaol- se muestre incapaz de garantizar la normal circulacin de sus trenes cuando nada realmente extraordinario ha pasado (ms all del fatdico choque de un convoy contra un muro de hormign y dos desprendimientos de tierra debido a la lluvia), provocara una crisis poltica y social de tales dimensiones que obligara al Gobierno y a la Generalitat a depurar responsabilidades de inmediato. Aunque solo fuera para disimular y salvar la vergenza.
En cambio, tanto el PSC como el PSOE estn aprovechando la conmocin social por el accidente de Adamuz para poner en sordina, con la complicidad de los medios pblicos y subvencionados, su incapacidad para solucionar los problemas de Rodalies y as sobrevivir a estas jornadas de caos sin un rasguo poltico.
A pesar de que se han producido algunas escaramuzas pblicas con “fuego amigo” socialista -con la Generalitat reprochando a Renfe el parn-, la estrategia conjunta del PSC y el PSOE ha quedado bien definida. En primer trmino, responsabilizan al temporal de lluvia y viento que azota Catalua y al exceso de celo de los maquinistas, quienes se resisten a circular por lneas donde Renfe y Adif no garanticen por escrito la seguridad . Mientras que, como causa general de fondo, el Govern y Puente culpan a la “infra financiacin” de los gobiernos del PP -el “comodn facha” al que recurre siempre el PSC-, pese a que en las ltimas dcadas el ao de mayor inversin fue 2012, con un 108 % de lo planificado y Rajoy de presidente.
Este intento socialista de controlar el relato y los efectos de la crisis no est impidiendo que la sensacin de caos y desgobierno en Catalua crezca. En buena parte, por la acumulacin de mensajes contradictorios y excusas de las diferentes administraciones, incapaces de decir a los ciudadanos si al da siguiente habr o no trenes operando. Un vaco institucional que cuestiona seriamente la divisa de “buena gestin y seriedad” que exhiba el Gobierno de Illa para distinguirse del procs.
Vemos lo contrario. Este Govern desbordado por Rodalies est dando aire al independentismo para agitar el discurso victimista del agravio estatal -como si la red viaria no fuera precaria en Extremadura, Aragn o Andaluca-. El mensaje es simple pero efectivo: la incompetencia “de los espaoles” perjudica la vida cotidiana de los catalanes, independientemente de lo que voten, justificando as la necesidad de un Estado propio.
Asimismo, la falta de ejecucin presupuestaria es presentada como otra forma de castigo de las “elites espaolas” hacia Catalua.
Ciertamente, la incompetencia de la Generalitat y el Gobierno en esta crisis perjudica doblemente a los catalanes: por la falta de servicio y porque est rehabilitando al principal causante de la decadencia catalana: el nacionalismo. El independentismo de razones econmicas fue el motor del procs a partir de 2010, cuando Mas aprovech los daos de la crisis financiera para movilizar a las clases medias. Ahora es Puigdemont quien ve en la crisis de los trenes un escenario parecido -con el poder cataln exigiendo al Gobierno un nuevo sistema de financiacin- y una oportunidad para recuperar la iniciativa, debilitar al Gobierno de Illa y poner las bases sentimentales de un nuevo procs. La manifestacin que la ANC ha convocado para el 7-F es una seal de esta estrategia indepe.




