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Internacional

Misa multitudinaria en la Catedral de Málaga por las víctimas del accidente ferroviario: el obispo hace un llamamiento a la unidad y a "no dejarse contagiar por el sectarismo"

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Un silencio solemne y respetuoso, ajeno al bullicio habitual de las calles del centro de Mlaga, ha invadido el interior de la Catedral Baslica de la Encarnacin a la hora de la misa por las vctimas del accidente de Adamuz (Crdoba), a pesar de que estaba abarrotada de gente y de que en ella no caba un alfiler.

Cientos de malagueos han acudido a la llamada del obispo de Mlaga, Jos Antonio Satu, y se han acercado hasta al templo catedralicio para acompaar en oracin a las familias de las vctimas del accidente ferroviario que el pasado 18 de enero segaba abruptamente las vidas de 45 personas. Entre ellas, las de dos vecinos de Mlaga, un joven y brillante cardilogo de apenas 30 aos, Jess Saldaa, y la de un abnegado agente de Polica Nacional de 36 que haba sido padre haca tan slo unos meses, Samuel Ramos.

En los primeros bancos frente al altar, los familiares de Jess y los de Samuel con gesto triste y apesadumbrado. Tras ellos, amigos, vecinos y compaeros de ambos, pero tambin algunos pasajeros del Iryo accidentado cuyos nombres no han trascendido y allegados, que si bien hoy pueden contarlo, tambin son vctimas de uno de los accidentes ferroviarios ms graves que ha sufrido nuestro pas.

El obispo de Mlaga ha dedicado unas emotivas palabras a todos ellos durante la multitudinaria misa que ha presidido en la catedral y a la que han asistido, entre otros, los consejeros de Turismo y Economa de la Junta de Andaluca, Arturo Bernal y Carolina Espaa; el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre, y el presidente de la Diputacin, Francisco Salado.

Durante la homila, el obispo ha comentado que “hoy nos reunimos con el corazn herido” y ha reconocido que “venimos cargados de preguntas, tristeza, de nombres y rostros amados que ya no estn entre nosotros o que luchan por recobrar la salud”.

Monseor Satu ha destacado la “generosidad y creatividad de los vecinos de Adamuz, que han dado un ejemplo extraordinario de solidaridad”, y el esfuerzo de los propios pasajeros por ayudar a otros, as como “el trabajo incansable” del personal sanitario, la Guardia Civil, los voluntarios de Proteccin Civil y el cuerpo de Bomberos.

Ha hecho una llamada a la unidad, a “no caer en la tentacin de aislarnos” y ha insistido en la importancia de dejarse ayudar porque “todos necesitamos ser ayudados”, ha dicho.

Unidad que no debe impedir que se depuren responsabilidades, pero “no en funcin de intereses particulares o espurios, sino basndose en la verdad”, ha recalcado, y ha insistido en que no hay que dejarse “contagiar por la epidemia de la crispacin y sectarismo que asola nuestra sociedad, donde algunos solo exigen responsabilidades cuando el gobernante competente no pertenece a su partido, o justifican cualquier tropela cuando el cargo pblico comparte su ideologa”.

Tambin ha tratando de conformar a los asistentes recordndoles que “Dios est cerca de todos”. Unas palabras, ha dicho, que pronunciaba con “temor”, sabedor de que muchos de los presentes estn sufriendo mucho y de que sus vidas se encuentran envueltas en tanto dolor que tienen “dificultades para sentir esa cercana”. En este punto, monseor Satu ha recordado las palabras de Jess en la cruz cuando, por un momento, se sinti abandonado. “Dios est cerca, aunque no acta a modo de pararrayos que evita el sufrimiento”.

El nmero de personas congregadas en la misa ha sido tal que para administrar el sacramento de la comunin, monseor Satu ha contado con la colaboracin de varios sacerdotes ms, que se han colocado en distintos puntos para atender a todos los fieles.

Ni siquiera al terminar la eucarista se ha roto el silencio, en el que de fondo se oan los sollozos de los familiares de los jvenes fallecidos y los pasos cautelosos de quienes se acercaban respetuosamente a ellos.

Jess Saldaa trabajaba en el rea de Cardiologa del hospital La Paz, en Madrid, y el domingo pasado regresaba a casa despus de pasar el fin de semana con su familia en Mlaga. Tena novia, con la que haba hecho planes de boda, y un futuro brillante por delante, dicen quienes le conocan. Samuel Ramos tena 36 aos, era de Crdoba pero viva con su mujer y su hijo en Mlaga. Estaba destinado en la Brigada Provincial de Extranjera y Fronteras (BPEP) de la capital. El domingo cogi el tren, igual que Jess, para volver a Madrid. Los dos tenan que trabajar el lunes pero no lo hicieron. Hoy sus compaeros, igual que sus familias, lloran su prdida.


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