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Internacional

Ángel Casaña, reportero e innovador redactor jefe de fotografía que supo mirar a la muerte con templanza

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El lunes, cuando ya sabía que su final estaba a la vuelta de la esquina, Ángel Casaña grabó un mensaje de 46 segundos: “Hola Toñi. Estoy ingresado con obstrucción intestinal. Ya ha subido el médico de paliativos. Estamos hablando de la posibilidad de aguantar dos o tres días más, no más. Me van a mantener con morfina y cuando llegué el momento, que no pueda aguantar más, me van a sedar. Esto se acaba . Te deseo muchísima suerte en tu proceso y en la vida. Yo ya me marcho. Lo hemos pasado muy bien en algunos momentos y hemos pasado algunos momentos malos también. Así que nada, un besito muy grande. ¡Chao!”

Toñi Campaña, la primera sonrisa que te encontrabas cuando llegabas a la redacción de EL MUNDO, me reenvió ayer el mensaje de Ángel, como demostración de “la entereza” con la que Casaña afrontó su muerte, finalmente acaecida a las 21:15 del viernes 23 de enero. Tenía 61 años y “el proceso” para el que desea suerte a Toñi es el cáncer. Ambos consiguieron derrotar a la enfermedad en primera instancia, hace una decena de años, y ambos volvieron a recaer al mismo tiempo, hace un año…

Es decir que, en agosto, cuando recibí una foto por whats’up de Ángel, ya estaba en la pelea final. Es una escena de redacción, él sentado en su mesa de la redacción de la calle Pradillo, yo de pie. Y al fondo, el director, Pedro J, con sus inconfundibles tirantes. “Estoy haciendo limpia en casa y aparece esta foto,qué jóvenes y guapos éramos”, decía el mensaje adjunto. Intercambiamos varios mensajes. Breves, insustanciales. De haber sabido yo que era el último que me iba a enviar Casaña, hubiera sido más empático. Debí llamarle. Ahora lo veo claro.

Y esta es la gran lección que la despedida de Ángel me ha dado. Esa “templanza” de la que me ha hablado Toñi. Templanza es sinónimo de sobriedad, de mesura y ,según la RAE “en el cristianismo, la virtud que consiste en moderar el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón”.

Sí, Ángel era un tipo razonable. Dentro del arbitrario mundillo de la fotografía, por lo menos para los profanos. Pero tanto John Muller, como Jorge Fernández, como yo mismo que fuimos sus jefes en EL MUNDO le recordamos como un “buen jefe”. Un tipo “eficiente”, en expresión de Muller.

Fernández recordaba ayer que fue el primero en introducir las cámaras digitales en la redacción de El MUNDO. “Aquello fue una revolución, permitía a los fotógrafos enviar desde el terreno, saltándose todos los inconvenientes del proceso de revelado y de transmisión”.

Esto que para usted es lo normal hoy en día: Tomar una foto con el teléfono y reenviarla a quien quieras acto seguido, a primeros de los años 90, era un lío terrible. Suponía tener un mensajero que recogiera los carretes (en el descanso de una final de fútbol, por ejemplo) llevarlos a la redacción para que se revelaran en el laboratorio y, a ojo del experimentado redactor jefe, seleccionar la foto que una vez copiada a papel, se envíaba a taller para su composición…. Por eso, a Jorge Fernández, el primer recuerdo que le trae el nombre de Casaña fue el de su decisivo impulso al uso de las cámaras digitales en el periodismo.

Para mí, Casaña fue el redactor jefe de Fotografía que logró el control y la edición de todas las fotos que se publicaban en la edición impresa de EL MUNDO. Esa batalla llevó años de esfuerzo silencioso. Se acabó el autoservicio de cada sección a la hora de decidir qué foto manda en su portadilla. En Internacional, Deportes o en España. Es una consecuencia positiva de digitalización Alguien tiene que poner criterio en las más de 5.000 fotos que se reciben cada día de las agencias en una redacción. Un buen redactor jefe de Fotografía es, entre otras cosas, el dueño de la mirada propia del periódico. Ángel fue el primero en lograrlo.

Casaña y yo nos conocimos en 1986 gracias al servicio militar. Yo estaba enchufado en la Quinta sección de la Capitanía General de Barcelona encargada de Prensa y Relaciones Informativas. Allí llegó, nadie sabe cómo, Ángel Casaña. Con el cometido de hacer las fotos de carnet de la guarnición y de ser el reportero de los actos a celebrar en Capitanía.

Nadie supo con certeza de dónde procedía el fotógrafo. Pero yo doy testimonio de su osadía. Hay que echarle muchos redaños para salir de uniforme por la puerta principal de capitanía, cambiarte de ropa en cualquier sitio. Y hacer un reportaje de una infanta en la regatas de Vela y luego volver al cuartel. Como quien viene de comprar unos carrretes .

Tras la ‘mili’ empezó a colaborar en Diario 16 y, en cuanto se enteró de la salida de EL MUNDO, quiso apuntarse a la aventura de. Fundar un periódico desde cero. Estamos en 1989 y Fernando Múgica se encarga de seleccionar a los fotógrafos… Entrevistó a Casaña para Barcelona pero vio en él algo que le contrató para la redacción central de EL MUNDO en Madrid.

Quizá su mejor momento como fotógrafo fue 1999. Así, lo recordaba ayer, Ana Romero encargada de publicar una entrevista exclusiva e internacional a doble página cada domingo: “Hicimos 23 entrevistas juntos por todo el mundo y por España. Estuvimos en Downing Street con Tony Blair; en Nueva York, con Valentín Fuster; en Amán, en el entierro del rey Hussein de Jordania, con Miguel Ángel Moratinos; en el Palazzo Chigi, en Roma, con Massimo dAlema, en Dublín, en Edimburgo, en Belgrado.”

Romero recuerda con claridad que “de lo que más orgulloso estaba Ángel era de nuestro trabajo en Pristina, donde entrevistamos al presidente albanokosovar, Ibrahim Rugova, hace ahora justo 27 años, el domingo 24 de enero de 1999. Y sobre todo del reportaje que salió en la portada de EL MUNDO el día anterior, sobre una familia de refugiados albanokosovares en una gélida montaña cubierta de nieve. Tuvimos que caminar horas para llegar hasta ellos. Angel estaba conmovido con los niños, tan pequeños y con tanto frío. A la vuelta, en el hotel Hilton de Pristina, buscamos el calor de la discoteca una vez terminado el trabajo. Cuando fuimos a entrar, Ángel quiso hacer una foto del cartel en la puerta: “NO DOGS, NO ALBANIANS”. Aquello no acabó bien. Los porteros eran más grandes que él”.

“Tantos viajes dieron para muchas conversaciones -rememora Romero- Nos hicimos amigos, y ahí empezó la segunda parte de nuestra aventura. Las caminatas por Madrid con Garbiñe, su mujer. Ella embarazada de Oriol y yo de Victoria, que nacieron casi al mismo tiempo. Después vino, de la India, la pequeña Alisha. Con ellos y con Namita, la hija también adoptada de los Baeta, nos vimos varios veranos en Chiclana, en casa de mi madre. Angel era, además de un gran fotógrafo, un padrazo. Así me gusta recordarlo, en la piscina, riendo y jugando con sus hijos”.

Precisamente, Fernando Baeta recordaba ayer la llegada de Alisha, que significa protegida por Dios. Ángel había empezado los trámites de adopción cuando su esposa, Garbiñe se quedó embarazada. “Por eso, en el libro de familia está antes Oriol que es más pequeño que Alisha”. De eso hace ahora 22 años.

En fin, si buscan Angel Casaña en Google les saldrá, antes que nada varias declaraciones y fotos de Carmen Lomana, la empresaria y estrella del papel couché, con la que Ángel vivió un romance otoñal entre 2012 y 2014.

Toda esa vida de reportero y de redactor jefe de fotografía, lo condensaba Ángel en una línea de su bio en LinkedIn: “Fui asesor financiero para clientes de ING, ayudando a las personas a gestionar mejor su capital. Titulado como EAF (Experto asesor financiero) por SANFI (Santander Financial Institute). Anteriormente, periodista multimedia con sólidos conocimientos en redacción y difusión de contenidos mediante webs y redes sociales. Dirigí BolsaNow, web de contenidos de seguimiento de las bolsas, tanto española como de Estados Unidos. Antes dediqué profesionalmente 26 años al diario El Mundo, del que soy cofundador. En los últimos años en el periódico trabajé en la transformación de la redacción, para dotar a mis compañeros de las aptitudes necesarias para transformar sus textos en material audiovisual. Miembro de la Asociación de la Prensa de Madrid, perteneciente a la Federación de Asociaciones de Periodistas de España.”

Yo recordaba ayer que antes incluso de dejar el periodismo, tuvo un pequeño negocio de venta de cigarros habanos por internet. A quienes preguntan irónicamente, si hay vida después del periodismo, quizá, les valga como respuesta la(s) vida(s) de Ángel Casaña. Hay vida pero ninguna es comparable a la del periodismo.

Ayer, Toñi Campaña me puso al corriente de los últimos días de Ángel en la Fundación Jimenez Díaz donde ha terminado sus despedidas. De sus amigos Juan Carlos Escudier y de Pedro de Alzaga. Y por supuesto. “De sus dos hijos Oriol y Alisha , orgullosos de su padre, que peleó y fue su brújula; de sus hermanos José María y Juan y, de sus padres que a sus edad, se han despedido de su hijo mayor siguiendo las pautas que él les había dado”.

Descanse en paz, Ángel Casaña, reportero, redactor jefe de Fotografía, compañero, amigo y padre. Pese a algunos malos momentos, lo pasamos, ciertamente, muy bien.


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